A qué riesgos más allá de las elecciones de EE.UU se enfrentan ahora los inversores


Las últimas semanas ha habido un acontecimiento que ha marcado la agenda de los inversores, las elecciones presidenciales de EE.UU. Se esperaba una ola azul pero finalmente, a fecha de hoy, esa ola azul ha dejado paso a uno de los peores escenarios: un Congreso nuevamente dividido con un presidente como Joe Biden demócrata y un Senado de mayoría republicana. A la espera de ver si se confirma esta fotografía o no- hay que recordar que los votos se pueden seguir contando hasta el 8 de diciembre - toca empezar analizar que es lo que puede mover el mercado, y a sus inversores, y causarle a partir de ahora. Y se pueden identificar tres grandes frentes.

1. Los bancos centrales renuevan su protagonismo

En el aluvión de comentarios que han mandado las gestoras de activos en los últimos días ha habido una idea que ha dominado, la posibilidad de que el plan de estímulos económicos que tanto demanda Wall Street se retrase o, como poco, merme debido a la falta de un Congreso unicolor. “Un Congreso dividido, y mucho menos un resultado discutido, son malos presagios para las perspectivas de un nuevo paquete de estímulo”, afirma James Athey, director de inversiones de Aberdeen Standard Investments.

Hay que tener en cuenta que algunos apuntaban a que una ola azul podría aumentar hasta 3 billones de dólares el nuevo paquete de estímulos y ahora se habla de que en caso de que se apruebe finalmente este paquete se quede por debajo del billón. "Va a ser algo en el rango de 500.000 millones de dólares a 1 billón, a diferencia de un estímulo de 2.5 o 3 billones de dólares bajo un escenario de ola azul, por lo que no es tan positivo como el estímulo de crecimiento a corto plazo que había empezado a ver en algunas acciones", afirma Scott Glasser, Co-CIO de ClearBridge Investments.

Esta incertidumbre en lo que respecta a la política fiscal vuelve a poner en valor a la otra gran pata en la que se ha apoyado el mercado en los últimos meses: la monetaria. “La falta de estímulo fiscal requerirá tarde o temprano que la Fed reaccione, y eso es preocupante. Las herramientas que utiliza la Reserva Federal han producido durante mucho tiempo distorsiones insalubres en los precios de los activos y los mercados están cada vez más programados para saber que el banco central intervendrá a la vista de los problemas. Ese tipo de dependencia no es saludable", afirma Athey.

Y esa dependencia no solo se ve en EE.UU. También en Europa, donde las maniobras de política fiscal empiezan a agotarse al tiempo que la incertidumbre económica crece tras la confirmación de una nueva oleada de COVID. “Es posible que el BCE necesite en diciembre hacer más cosas que simplemente aumentar el tamaño y la duración del PEPP. Las posibles acciones, en orden de probabilidad, podrían incluir extender los préstamos condicionados a más largo plazo (TLTRO, por sus siglas en inglés) y recortar el tipo de financiación aún más; expandir las compras de activos a otros activos (por ejemplo bonos bancarios); y una orientación futura más sólida sobre los tipos de interés y la compra de activos”, afirma Anna Sputnyska, economista jefe de Fidelity.

2. El impacto de la segunda ola del COVID-19

Precisamente detrás de que se hable ya de nuevas medidas por parte del BCE se encuentra el miedo a que la segunda ola de coronavirus que se está viendo en Europa y que ha llevado a muchos países a anunciar nuevas medidas de confinamiento acabe por impactar en la recuperación económica. “Una caída en la actividad en el cuarto trimestre (alrededor del 4 o 5% trimestral) parece inevitable debido a las renovadas restricciones”, indica Axel Botte, economista de Ostrum AM, filial de Natixis IM.

Gilles Moec, economista de Axa IM, índice además en que este deterioro ya se veía viendo incluso antes del confinamiento, “Los indicadores de movilidad y de actividad como el PMI indican que ya habían empezado a debilitarse antes de que resurgieran los casos de COVID19, en conclusión rebajamos nuestra previsión de crecimiento para la eurozona al 4% para 2021”, afirma.

Y como es lógico esa incertidumbre se traslada a la microeconomía también. “Con un largo invierno por delante, el crecimiento y las expectativas de beneficios corporativos probablemente tendrán que ser ajustadas a la baja, incluso para 2021. Un número de países europeos ya han aumentado o ampliado las medidas de apoyo, pero es poco probable que sean lo suficientemente grandes para el largo período de subactividad”, opina Esty Dweek, estratega de Natixis IM.

No es de extrañar por tanto que la última encuesta a analistas de Fidelity muestre a los que siguen a compañías europeos como los que menos confían en una recuperación a corto plazo, un 25% frente al 56% de los analistas que cubren a compañías norteamericanas

3. ¿Cuándo habrá vacuna?

Si hay un catalizador que espera tanto Main Street como Wall Street es que haya una vacuna efectiva contra el coronavirus. De hecho, cada nuevo avance cotiza al alza en las farmacéuticas que están en pleno proceso de desarrollo.

En la actualidad hay más de 240 vacunas contra el coronavirus  en desarrollo, de las cuales diez están en las últimas etapas de prueba de la denominada “fase 3”, según la OMS. “Las expectativas de encontrar una cura son clave para la progresiva reactivación de la economía mundial. Sólo una vacuna disponible en todo el mundo podría allanar el camino para una recuperación más completa”, afirma Stéphane Monier, director de inversiones de Lombard Odier. “Es crítico que hagamos avances en términos de vacunas Covid. En los próximos 6-12 meses, esa es la variable crítica para restaurar la economía y avanzar”, coincide Scott Glasser. De hecho, la noticia del lunes de que la efectividad de la vacuna de Pfizer era del 90% bastó casi por si sola para impulsar a los indices más de un 5% en una única sesion.

Con todos estos frentes abiertos, no es de extrañar que los inversores sean un tanto cautos a la hora de elaborar pronósticos de cara al corto plazo. Por ejemplo, en España, solo un tercio de los inversores cree que la bolsa subirá los próximos seis meses, según la ultima encuesta a inversores de J.P.Morgan AM.

Y es este contexto por el que las gestoras llaman a la prudencia a la hora de modificar las carteras al tiempo que piden prestart una especial atención a la liquidez. “La situación actual se caracteriza por un desacoplamiento entre los mercados financieros y la economía real. Esta será una vulnerabilidad clave y un riesgo para la recuperación si el apetito por el riesgo de los inversores se desvanece. Una segunda ola del virus, las tensiones geopolíticas, que probablemente involucren las relaciones entre Estados Unidos y China, o historias idiosincrásicas de los mercados emergentes podrían desencadenar volatilidad y restricciones de liquidez”, advierten desde Amundi.

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