2014: Año de “tapering” y de bolsa


Durante 2014 vamos a ser testigos del inicio de uno de los mayores retos a los que se han
enfrentado los bancos centrales en toda su historia. Ese reto es el inicio de la normalización de
la política monetaria. Su correcta o incorrecta ejecución puede ser uno de los aspectos más
trascendentes a los que se enfrente la economía mundial y los mercados financieros durante los
próximos años.
 
La normalización de la política monetaria consta de dos fases. La primera, ajustar el tamaño del balance de los bancos centrales, los cuales se han expandido en gran medida desde el inicio de la crisis financiera. Para ello, con carácter inmediato, podemos tener el denominado “tapering”, término utilizado por la Fed que describe la desaceleración gradual del denominado “QE”, el programa de compra de activos financieros.
 
El tapering durará aproximadamente 10 meses (dependiendo de la evolución de los datos macroeconómicos), terminará con el final de las políticas monetarias heterodoxas y, al menos un año después, con el cambio de ciclo y subidas de los tipos de interés, lo cual supone la segunda fase de la mencionada normalización monetaria.
 
A pesar que no es previsible movimientos parecidos de otros bancos centrales (el BCE ha bajado tipos de interés recientemente), el mencionado proceso afectará a escala global a la valoración de activos financieros. Es muy difícil valorar el alcance exacto. En el caso de que la inflación se mantenga controlada, no es previsible que existan movimientos fuertes. No obstante, el escenario más probable es una subida gradual de las rentabilidades de los bonos a nivel global, debido a la elevada correlación de las rentabilidades de la parte larga de la curva entre los diferentes países. El desarrollo macroeconómico de Estados Unidos (incluido los cambios en la política monetaria) influyen en la inflación y perspectivas de crecimiento de otras áreas como la Eurozona y Reino Unido, a pesar de mandatos distintos de los bancos centrales domésticos.
 
La Fed intentará evitar caídas drásticas de los bonos (como sucedió el pasado verano) debido al efecto negativo sobre su mercado inmobiliario y así como en las divisas de los países emergentes.
Por ello, el escenario más probable es un periodo largo de mercado bajista en bonos y alcista
en bolsa. No debemos olvidar que este cambio en la política monetaria viene motivado por una mejora en las previsiones económicas, la cual es un escenario favorable para la renta variable. Además, ésta suele comportarse bien en el inicio del ciclo de subidas de tipos de interés, sobre todo partiendo de niveles tan reducidos como los actuales. En este entorno, es previsible cierto trasvase de fondos entre los dos activos, aunque no prevemos lo que denominan “la gran rotación”.
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