La digitalización del dinero

La digitalización del dinero

FundsPeople

Artículo escrito por Beatriz Castro, consultora del área de Banca y del área de Corporate Finance de Afi, Nereida González, consultora del área de Análisis Económico y de Mercados de Afi y Verónica López, consultora del área de Economía Aplicada de Afi

Recientemente saltaba la noticia de la participación de las cinco grandes entidades bancarias españolas en un piloto para la virtualización del dinero en efectivo, a través de la Sociedad Española de Sistemas de Pago, Iberpay. Esta noticia refleja una vez más el dinamismo del mercado de medios de pago, caracterizado en los últimos años por un gran número de innovaciones y nuevos agentes participantes, captando la atención del público en general, incluyendo Gobiernos e inversores. A este respecto, cabe destacar el buen pulso de las inversiones en el segmento de medios de pago, cerrando el primer semestre de 2020 con un total de 182 acuerdos a nivel mundial, ascendiendo a un total de 9,7 mil millones de dólares americanos. A pesar de la caída en las inversiones en Fintech a nivel global debido a los efectos de la pandemia, el segmento de pagos continúa concentrando gran parte de los acuerdos.

La noticia de la digitalización del euro se trata de una iniciativa sectorial privada, basada en la tecnología blockchain. Según se ha hecho público, Iberpay emitiría el dinero digital tokenizado y custodiaría los depósitos de respaldo, manteniendo siempre la equivalencia 1 a 1 con respecto al euro físico. Desde Iberpay, la moneda virtualizada se distribuiría a los cinco bancos participantes (Santander, BBVA, Caixabank, Bankia y Banco Sabadell) que finalmente lo canalizarían a sus clientes. Según trascendía a los medios, Banco de España estaría informado de esta iniciativa, manteniendo por el momento un rol de observador.

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Para comprender el alcance de la iniciativa, es importante diferenciar algunos conceptos. Por un lado, los criptoactivos o activos de naturaleza digital constituyen el concepto más amplio, englobando por ejemplo los famosísimos bitcoins. Estos activos virtuales se han utilizado como medios de inversión y también como medio de intercambio. Sin embargo, la elevada volatilidad de su valor ha supuesto una importante traba para la finalidad de intercambio. Debido a este problema, surgen las stablecoins, que son criptodivisas que cuentan con algún mecanismo de estabilización del precio, como, por ejemplo, depósitos de dinero o cestas de divisas como respaldo de valor. Este mecanismo de estabilización era el propuesto por Libra, el proyecto de divisa digital presentado por Facebook en junio de 2019, que ha perdido fuelle debido a los cuestionamientos regulatorios y de gobernanza que plantea. Por último, el dinero digital de Bancos Centrales (CBDC por sus siglas en inglés) constituye una alternativa a la emisión de dinero digital por parte del sector privado, contando con el soporte y el control de la autoridad monetaria correspondiente.

Los bancos centrales del mundo se encuentran inmersos en una fase de reflexión y debate sobre la necesidad de emitir dinero efectivo digital, en qué ámbito (pagos minoristas, pagos interbancarios) y, sobre todo, identificar con claridad cuál es en definitiva el problema que no puede ser solucionado con los medios de pago actuales, de manera que justifique dar ese paso en materia de estabilidad financiera. Y como en todo debate, en esta disyuntiva hay dos posiciones: por un lado, los que consideran que las CBDC son una amenaza para el sector financiero tradicional y apuestan por los pagos inmediatos porque, entre otros atributos, se apalanca en la cuenta bancaria y se liquida con dinero del banco central. Por otro, los que consideran que las CBDC tienen un propósito de universalidad, una vez constatada la falta de coordinación adecuada de la industria para garantizar la universalidad del dinero fiduciario digital.

El detonante para los Bancos Centrales fue el anuncio del mencionado proyecto Libra en junio de 2019 y la comprensión de su whitepaper. Hasta ese momento, los bancos centrales no prestaron excesiva atención a criptomonedas como bitcoin por mostrar su fragilidad como medio de pago, almacenamiento de valor y unidad de cuenta –las tres funciones consustanciales al dinero. Pero los nuevos esquemas de stablecoins globales, asociados a canales que usamos a diario como las redes sociales, tienen la capacidad de ser adoptados y de incorporarse en los sistemas de pago muy rápidamente.

Así lo están demostrando algunas iniciativas de bancos centrales que, en fase de prueba, operan en economías como China. El pasado mes de abril se anunció que una divisa digital, bautizada como DCEP (Digital Currency Electronic Payment), podría utilizarse en varias ciudades del país. El Banco Central de China llevaba desde 2014 trabajando en el diseño de esta divisa digital que no trata de sustituir al efectivo, sino de ofrecer un medio de pago digital desde la entidad central como alternativa a los existentes Alipay o WeChat.

El Riksbank (Banco Central de Suecia) está siguiendo pasos similares y desde hace años trabaja en una divisa digital, como será la e-krona, para pagos tanto minoristas (como alternativa al efectivo y uso de tarjetas) como mayoristas (grandes transacciones). El detonante de este proyecto fue la caída del uso en efectivo y la creciente dependencia de los consumidores suecos a los medios de pagos digitales.

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Pero, aunque éstos sean los más avanzados, no son los únicos. El BCE trabaja con el Banco de Japón en una solución de pagos digitales basada en blockchain para grandes transacciones entre bancos internacionales, bajo el denominado proyecto STELLA. El Banco de Canadá también trabaja en la emisión de una divisa digital para el público general, así como el Banco Central de Bahamas, que ha anunciado el lanzamiento en breve de su propio piloto. Así podríamos continuar hasta completar la lista de los más de 36 bancos centrales que trabajan en proyectos similares.

Por tanto, en los próximos meses seguiremos observando avances de estas iniciativas que, en definitiva, acabarán modificando el panorama de los medios de pago a nivel mundial tal y como lo conocemos hoy en día.