Finanzas conductuales: la importancia de dominar el miedo

Finanzas conductuales: la importancia de dominar el miedo

Laura Rey

Si bien es cierto que en momentos de inestabilidad es complicado mantener la calma, más aún si estamos viendo como nuestras inversiones se están esfumando ante caídas repentinas del mercado. Es en esos momentos cuando la parte emocional adelanta a la racional y es ahí cuando se comete el error de tomar decisiones que pueden truncar los objetivos a largo plazo marcados en el momento de la inversión inicial. El inversor español parece haber aprendido a respirar hondo en momentos convulsos y mantener la cabeza fría, según se desprende del informe de ING sobre el “Comportamiento de los inversores españoles ante los movimientos del mercado” solo un 19% de los inversores vendió sus fondos o acciones en plena crisis del COVID-19.

En tiempos de inestabilidad es cuando las finanzas conductuales cobran aún mayor importancia. Explicamos en qué consisten, cuándo esta teoría empezó a ser relevante en el mundo de la inversión y su rol en la toma de decisiones.

¿Qué son las finanzas conductuales?

A diferencia de la teoría económica tradicional que considera que el proceso de toma de decisiones de inversión está basado en el análisis y cálculo de todas las opciones disponibles, la economía conductual considera que las emociones y la intuición tienen un papel fundamental en este proceso.

La relevancia del estudio de la economía conductual en la toma de decisiones de inversión es relativamente reciente. Dos hitos ayudan a que esta teoría cobrara un mayor protagonismo en el mundo de las finanzas: el premio Nobel de Economía de Richard H. Thaler en 2017 y el del catedrático de psicología de la Universidad de Princeton, Daniel Kahneman, en 2002. Ambos autores ponen de relieve que los sujetos no son seres plenamente racionales y que esa racionalidad limitada afecta al comportamiento de los mercados.

La economía conductual o psicología económica estudia las pautas y los sesgos del comportamiento de las personas para, a partir de ellos, desarrollar modelos económicos más precisos y prácticos. Las investigaciones realizadas en este ámbito muestran que la mayoría de estas pautas o sesgos son predecibles, lo que pueden ayudar a optimizar la toma de decisiones financieras.

La CNMV en su guía ‘Psicología económica para inversores’ identifica los sesgos más comunes que llevan a las personas a adoptar decisiones que son previsiblemente equivocadas.

  1. Exceso de confianza: sobreestimas los conocimientos y juicios subjetivos y los consideras certeros.
  2. Ilusión de control: piensas que tienes el control o ejerces influencia sobre algo que objetivamente no es así.
  3. Confirmación: interpretas la información recibida de manera que corroboren tus ideas preconcebidas.
  4. Anclaje: das mayor peso a la información que tenías en un primer momento que a información contrastada que contradice la primera.
  5. Autoridad: La opinión de ciertas personas la das por certera por el mero hecho de ser quienes son, no la sometes a duda.
  6. Efecto halo: tiendes a valorar el conjunto tomando como referencia solo un único dato.
  7. Prueba social: te dejas influenciar por lo que hacen los demás.
  8. Descuento hiperbólico: eliges retornos pequeños pero inmediatos, antes que recompensas mayores a largo plazo.
  9. Aversión a las pérdidas: piensas que las pérdidas pesan más que las ganancias. A este respecto, Nick Kirrage, co-responsable del equipo Value de Schroders explica que “no hay forma segura de evitar este sesgo, pero sería necesario forzarse a incluir números alrededor de las predicciones negativas”, pone como ejemplo “calcular la probabilidad implícita que el precio actual de la cuota de mercado pone en una compañía que se va a hundir”.
  10. Statu quo: tomar como punto de referencia la situación actual y cualquier cambio es percibido como una pérdida.
  11. Predisposición al optimismo: pesa más el optimismo que el realismo.
  12. Falacia del coste hundido: seguir invertido en un activo que ha generado o está generando pérdidas por el miedo a perder lo que ya se ha invertido.

 

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¿Cómo afectan estos segos en la toma de decisiones?

La toma de decisiones de inversión se puede dividir en tres fases. La CNMV en la Guía anteriormente mencionada identifica:  búsqueda de información; selección y contratación del producto y seguimiento del mismo. Durante estos tres momentos es cuando entran en escena diferentes sesgos emocionales que influencian en la toma de decisiones del inversor. Si bien no se pueden hacer desaparecer, sí que pueden mitigarse. ¿Cómo? La CNMV apunta a la educación financiera como la piedra angular a la hora de mitigar los sesgos emocionales. Una adecuada formación financiera ayudará no solo a tomar decisiones financieras avaladas por un estudio de calado, sino que también ayudará a identificar la existencia de estos sesgos cognitivos, ver cuándo tienen mayor incidencia y obviarlos cuando enturbien la decisión de inversor.