El origen de Blockchain: las criptodivisas

El origen de Blockchain: las criptodivisas

Funds People

Artículo de Federica Troiano, consultora del área de Banca de Afi, y Nereida González, consultora del área de Mercados de Afi.

Dar marcha atrás hasta el origen de las monedas es un viaje largo, pues las primeras se remontan al siglo VII antes de Cristo. Su aparición surge para agilizar las transacciones de productos, que hasta entonces es hacían vía trueque. Los reyes empezaron entonces a acuñar monedas de forma que se pudiera conocer su origen y los mercados en que eran válidas, además de generar confianza en los comerciantes. Cuando, en el siglo XVII, empieza a tambalear la confianza en la acuñación de monedas por parte de los reyes, surgen los primeros bancos centrales, quienes concentran el poder de creación de dinero. Este sistema, con leves variantes, es el que ha estado vigente hasta el presente, cuando están empezando a surgir otras formas de medios de pago.

Es esa necesidad comercial que hizo aparecer las monedas hace más de dos mil años, lo que ha llevado al surgimiento de las criptodivisas. El boom de internet en la década de los dos mil y el incremento del comercio electrónico es una de las motivaciones que llevaron a la aparición de bitcoin en 2009, la más conocida de las criptodivisas.

Las criptodivisas son un activo digital que nace con el objetivo de servir como medio de intercambio. Suelen aparecer, además, para utilizarse en una blockchain (que, recordemos, es una base de datos). En el caso de bitcoin, su blockchain almacena todas las transacciones que se han hecho con esa criptodivisa a lo largo de su existencia. De este modo, cuando una persona quiere transferir un bitcoin a otra, la propia red conoce (porque está escrito en su registro) que dicha persona había recibido de una operación anterior ese bitcoin y que ahora pasa a ser propiedad de otro individuo.

Su naturaleza totalmente digital le podría hacer propicio para convertirse en la solución a los pagos vía internet sin necesidad de intermediarios (tarjetas de crédito, bancos, …), aunque no es tan sencillo. Un medio de pago debe presentar un valor estable para que pueda ofrecer certeza sobre los medios de intercambio de los bienes, algo que no ha predominado en el caso de bitcoin en los últimos años: a principios de 2017, un bitcoin equivalía a unos 200 dólares estadounidenses (USD), apenas 12 meses más tarde alcanzó los 20.000 USD y ahora mismo (18 meses después) se sitúa en torno a 8.000 USD.

A pesar de ello, el precedente que ha creado bitcoin ha supuesto la aparición de una nueva clase de activos y sitúa, a la banca tradicional, de nuevo entre la espada y la pared. La banca tradicional como la conocemos hasta ahora, se enfrenta a un entorno marcado especialmente por dos factores: una creciente regulación, tanto en el ámbito prudencial como en lo que respecta a normativas de protección del consumidor, y una disruptiva revolución digital. Es en esta revolución digital en la que entra la reciente atención que han recibido tanto el blockchain como las criptodivisas.

Ante esta nueva revolución tecnológica, numerosas instituciones supranacionales e, incluso, bancos centrales, han empezado a estudiar su aplicación más allá de iniciativas de empresas privadas. Si bien está aún en un estado de estudio de impactos, la aplicación de blockchain y la adopción de criptodivisas respaldadas por bancos centrales podría optimizar algunos procesos del sistema bancario actual.

Por ejemplo, el Banco de Suecia ha empezado a estudiar la viabilidad de la emisión de una criptodivisa respaldada por el banco central: la e-krona, que podría ofrecer una alternativa a una economía en la que cada vez se utiliza menos efectivo, utilizando este medio digital respaldado por el banco central.

Ante la disrupción del blockchain, el sistema bancario no se ha quedado de brazos cruzados. En la actualidad, las grandes entidades financieras están realizando importantes inversiones en explorar el potencial de esta tecnología para no quedarse atrás en la nueva revolución tecnológica.