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¿Y por qué Ucrania?


Durante semanas le esperamos, le presentíamos cada vez que oíamos la música que anuncia las cadenas de televisión y radio; finalmente llegó a nosotros tímidamente, la verdad es que no era ni la sombra de lo que habíamos imaginado, pero allí estaba entre nosotros: era el SICAD II dando sus primeros pininos.

La deuda venezolana denominada en dólares, esa incorregible optimista, fue quien más se alegró cuando supo de su venida, al punto que en semanas previas al 24/03, fecha oficial del nacimiento del nuevo sistema cambiario, experimentó un microrally. Inclusive soportó estoica una reducción de calificación crediticia porque quería creer en él y no cedió a la tentación de caer de nuevo a los niveles de desesperanza del mes de febrero.

Sin embargo, pasan los días y la evidencia anecdótica que inevitablemente se confunde con la leyenda urbana, sugiere que la ilusión comienza a marchitarse, los precios no han caído estrepitosamente, pero este mercado de deuda que ha dado síntomas de ser ilíquido y que con frecuencia añora la presencia de compradores institucionales, comienza a vivir la realidad del aumento la oferta de títulos por parte de los entes públicos, que han participado como vendedores en esta especie de nueva subasta, y su impacto negativo en los precios.

El entorno internacional no ayuda mucho a mantener los precios de la deuda venezolana, porque las expectativas sobre una potencial subida de las tasas de interés en EE.UU., cada vez son más fuertes.

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