¿Volverá el BCE a batir las expectativas del mercado? Claves sobre la reunión de mañana


El BCE celebrará mañana su última reunión mensual de 2015. Después de que Mario Draghi insinuase en octubre que podría modificar el formato actual de su programa QE – compras mensuales de activos por 60.000 millones de euros hasta septiembre de 2016- después de someter su efectividad a un examen, los mercados han dado por hecho que se inyectará más liquidez al sistema.

Tal y como indica Jim Leaviss, gestor de M&G Investments, entre las posibles alteraciones del QE europeo figuran la extensión de su duración, que se incremente el universo de activos en los que puede invertir y recortar los tipos de interés hasta números rojos. “No hay razón por la que los tipos de interés no pudieran adentrarse en terreno negativo”, indica Leaviss. 

“Al ser probable que el BCE rebaje su previsión de crecimiento económico para 2016 – 2017 y dado que la extensión del estímulo monetario ya ha entrado en escena, está claro que la economía de la eurozona no goza de buena salud a pesar de los signos de mejora de la confianza del consumidor”, continúa el experto de M&G. A esto añade el temor a que Grecia se vaya del euro, el riesgo político en Portugal y España y la falta de progresos hacia una unión fiscal, todos riesgos que cree que “seguirán teniendo mucho peso sobre las mentes de los inversores en 2016 y más allá”. 

Sobre los efectos de las decisiones de los bancos centrales, Leaviss advierte de que es probable que el euro sufra presión por la divergencia entre el BCE y la Fed. “Puede resultar que el euro sufra una caída gradual a lo largo de 2016, siendo la paridad con el dólar una realidad potencial”, indica el gestor. También considera que la acción del BCE “probablemente apoye la rentabilidad de los bonos con mayor vencimiento”, aunque aclara que actualmente ve “poco valor en poseer deuda soberana europea a tipos tan bajos, dado el riesgo de una sorpresa alcista de la inflación y el potencial alcista limitado de los retornos sobre el capital”. 

La tercera derivada que ha identificado Leaviss tiene que ver con las clases de activos elegibles para el QE. En su opinión, “los activos corporativos europeos como ABS y deuda corporativa pueden entrar en el alcance de las compras de activos del BCE al intentar este estimular a los bancos para que presten a la economía real”. En este entorno, el experto considera que “la deuda corporativa de alta calidad puede ser el mayor beneficiario de un gran comprador como el BCE entrando en el mercado”. 

Finalmente, Leaviss opina que otro recorte de la tasa de depósito “podría tener un impacto negativo sobre la rentabilidad bancaria al estar ya exprimidos los márgenes por los bajos tipos de interés”. El gestor añade que “también hay miedo de que los bancos domésticos en España pudieran ser obligados a pagar millones de euros en compensación a los clientes que tuvieran hipotecas con cláusula suelo ilegales”. Finalmente, indica que “las compañías aseguradoras afrontan más presión en un entorno en el que es difícil generar rentabilidades reales positivas en activos libres de riesgo”. 

“El BCE probablemente ampliará su programa flexibilización cuantitativa o recortará el tipo de interés que cobra por los depósitos” afirma rotundamente Neil Murray, responsable de renta fija paneuropea de Aberdeen. No obstante, éste realiza la siguiente reflexión: “El objetivo es contribuir a la recuperación de la zona euro y conseguir que la inflación regrese al objetivo del banco central. Pero, ¿qué más podría hacer en los próximos días, semanas y meses?” En el nivel más básico, Murray cree que Draghi centraría sus esfuerzos en continuar con más QE o un recorte en los tipos de interés, apoyará los activos de riesgo y mantendrá la brecha entre EEUU y Europa. 

¿Qué consecuencias traerá para las distintas clases de activo? “Ya hemos visto en el mercado de deuda de alto rendimiento europeo una mejor rentabilidad que en el de EEUU y esto probablemente continuará”, indica el responsable. Éste también advierte sobre el incremento de los “reverse yankee”, es decir, de la proliferación de compañías americanas que emiten deuda en Europa para beneficiarse de la divergencia monetaria: “Las empresas estadounidenses pueden sacar ventaja al pagar un tipo de interés más bajo en Europa, acceder a un grupo más amplio de inversores si cruzan el Atlántico y mejorar sus resultados financieros por tener deuda denominada en euros”, indica.

La conclusión de Murray es similar a la de Leaviss: “Todo esto va a conducir el euro a la baja frente al dólar y debería, con el tiempo, ayudar a un movimiento inflacionista en la zona euro”. En este escenario, el experto considera que el peligro reside en que “un acontecimiento imprevisto tire la visión del consenso por la ventana”.

“El problema económico de la zona euro es que hay demasiado poca inflación”, corrobora Andrew Bosomworth, gestor de PIMCO. Éste considera que la previsión actual del BCE de que la inflación alcance el 1,7% para 2017 “parece poco realista”, dado que cree que “sin medidas adicionales del banco central, la inflación en 2017 podría estar tan baja como en el 1,3”. “Cinco años de inflación por debajo del objetivo (2013 – 2017) provoca el riesgo que las expectativas de inflación estén permanentemente desancladas del objetivo, como se presenció en Japón”, añade el gestor, razón por la que considera que “están garantizados estímulos adicionales”. 

Bosomworth también alerta de otro riesgo, que el BCE decepcione: “El riesgo, desde un punto de vista de política monetaria, de que el BCE dé una respuesta tibia es que se convierta en lo normal, que los participantes del mercado aprendan a creer que la nueva política es permanente, sin cambiar las expectativas”. Es decir, considera que “es discutiblemente más efectivo por tanto actuar rápidamente con fuerza antes que lastrar la respuesta monetaria”.   

La previsión del experto de PIMCO es que el BCE incremente en 10.000 millones de euros las compras mensuales de euros a partir de enero de 2016 y al menos hasta marzo de 2017, lo que probablemente supondría el nacimiento de facto del QE2 y añadiría unos 500.000 millones de euros a los 1,14 billones que ya tenía previsto comprar el BCE. La suma de las dos cifras equivale al 15% del PIB de la eurozona. “Incluir bonos de gobiernos locales y sus agencias facilitará la consecución del QE2”, indica Bosomworth. Éste cree que el BCE también podría reducir el tipo refi en 5 puntos básicos hasta el 0% y en 10 puntos básicos la facilidad de depósito, hasta el -0,3%. 

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