Volatilidad: menos de lo esperado en 2014, más incertidumbre para 2015


Pese a los altibajos que han sufrido los principales parqués en los últimos meses, no está de más recordar que la tónica durante la mayor parte de 2014 fue la contraria, es decir, que el VIX pareció la mayor parte del año pasado una balsa de aceite. De hecho, tal y como señalan los expertos de Legg Mason Global AM, salvo unas pocas excepciones este índice que funciona como un termómetro de la volatilidad en EE.UU. se mantuvo bastante por debajo de su media histórica de 20 años: el indicador registró una media de 14,1 puntos en 2014, frente a los 20,9 puntos de la media a dos décadas (ver gráfico).

Adicionalmente, desde la firma americana se constata que todas las veces que el indicador ha superado esos 14 puntos se han producido en momentos muy concretos y han tenido una duración corta, por lo que lo interpretan como una reacción a eventos particulares como la crisis del ébola en octubre o el colapso del precio del petróleo en diciembre. A ojos de los expertos, este comportamiento “invita a preguntarse sobre si los inversores se han vuelto demasiado complacientes frente a una plétora de riesgos macro”. Sin embargo, por otra parte advierten de que, en un entorno en el que el S&P 500 ha registrado máximos históricos mientras que el bono a diez años ha retrocedido 80 puntos básicos con respecto al principio de 2014, “es probable que los inversores sean sensibles a cualquier cambio en el reciente statu quo de baja volatilidad”.

Estas observaciones llevan a enunciar desde Legg Mason esta conclusión: “Una volatilidad más elevada es ciertamente una posibilidad”. Piden al inversor que considere varios desencadenantes posibles: la subida de tipos en EE.UU, la posibilidad de una política monetaria más acomodaticia en Europa o la repercusión de la caída de los precios del petróleo sobre el plano político y económico y sobre los tipos de cambios son los más concretos, aunque también tienen presente que en 2015 pueden aparecer otros riesgos más impredecibles que pueden contribuir a elevar la incertidumbre.

Los autores del análisis piden precaución, pues aunque el inversor haría bien en esperar mayor volatilidad, tampoco creen que deba echarse las manos a la cabeza: “Un repunte de la volatilidad con respecto a los niveles del año pasado no tiene por qué suponer un repunte hasta niveles pre crisis, y mientras que cualquier repunte de la volatilidad podrá significar una competición más movida en los mercados, no necesariamente descarta las ganancias para los inversores”. Aquí dejan entrever una estrategia que podría aportar buenos resultados en los 12 meses que están por delante: aprovecharse de las divergencias entre mercados, sectores, acciones y divisas. “Puede que los gestores activos centrados en valoraciones a nivel de acciones individuales sean los mejor posicionados para convertir esos cambios en oportunidades”, concluyen.

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