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Venezuela: balance de una devaluación


La nueva medida fue tomada para aliviar el déficit fiscal, un 16% del PIB, permitiendo al gobierno evitar una drástica reducción del gasto público, incrementado en 2012, que fue un año electoral. Por otra parte, no sorprendió a expertos y analistas -quienes lo venían prediciendo desde hacía varios meses- considerando el bajo nivel de las reservas internacionales líquidas en el Banco Central de Venezuela (BCV), entre otros indicadores.

Este año, el décimo aniversario del sistema de cambio, llega con un índice de precios al consumo de más del 28% y miles de millones de dólares que abandonan el país por la puerta trasera del mercado negro. Lo que para el gobierno es "absolutamente necesario" para controlar la inflación y la fuga de capitales, no ha funcionado nunca. De hecho, el sistema le ha costado a las arcas venezolanas un promedio de 6,8% del PIB alcanzando hasta el 10% el año pasado, según calcula Barclays en uno de sus informes. Es decir, que desde el 2004, unos 20.000 millones de dólares han dejado el país; tres veces más que los 6.800 millones de dólares que salieron antes de la implementación del control cambiario.

Esta no es la primera devaluación del fallecido Hugo Chávez; entre febrero de 1999 y febrero de 2013 el bolívar ha sido devaluado 4 veces -disminuyendo su valor frente al dólar en casi 1000%, cifra sorprendente si se toman en cuenta los elevados ingresos que recibe Venezuela por exportaciones petroleras. Esta última devaluación, anunciada en un momento en el cual el precio del crudo venezolano está por encima de los 100 dólares por barril, es en varios otros aspectos muy parecida a las devaluaciones que se vienen aplicando desde el 18 de febrero de 1983, cuando se acabó la estabilidad monetaria de Venezuela.

Conjuntamente con la devaluación, el presidente del BCV, Nelson Merentes, anunció la eliminación del Sistema de Transacciones con Títulos en Moneda Extranjera (Sitme), el organismo que permitía a importadores y personas naturales obtener dólares con la compraventa de papeles públicos, que servía de mercado alternativo al sistema Cadivi. Dado que la administración no ha actualizado aún la regulación para permitir la adquisición de los dólares que suplía el Sitme, actualmente no es posible para empresas ni personas naturales obtener divisas. Esto significa serias interrupciones en muchos sectores de la economía venezolana.

El impacto para las empresas con exposición a Venezuela es considerable. Coca-Cola FEMSA, por ejemplo, podría perder hasta un 10% de sus beneficios generados en 2012 por la devaluación, según análisis de Banamex, Accival Casa de Bolsa. Además del creciente riesgo que representa, para los ingresos de la compañía en los próximos trimestres, la continua debilitación por la tendencia de los volúmenes en ventas a disminuir como consecuencia de, por un lado, las limitaciones para obtener divisas destinadas a adquirir materia prima y por otro, a los inevitables aumentos de precios engendrados por la devaluación.

Así también, la nueva devaluación agravará los problemas de repatriación para las transnacionales, cuyos dividendos no han podido ser repatriados desde 2009. Según Ecoanalítica, las transnacionales cerraron el 2012 con al menos 9.000 millones de dólares represados en el país. En el caso de Telefónica, responsable de la marca Movistar, además del impacto en ingresos (2.305 millones de euros en los primeros nueve meses, casi el 5% de ingresos totales), la operadora también mantiene 2.000 millones de euros en dividendos y caja pendientes de repatriar. Por su parte, Colgate-Palmolive reconoció que tendrá pérdidas extraordinarias de 120 millones de dólares en 2013 debido a la devaluación, y considera el mercado venezolano como “hiperinflacionario” desde 2010.

En conjunto, las medidas anunciadas en febrero, han llevado al país a una parálisis que podría provocar una severa crisis de la balanza de pagos del sector privado y un mayor desabastecimiento de materias primas, maquinarias y repuestos para la producción nacional, así como el quiebre masivo de empresas. Por otra parte, los niveles de escasez en el mercado venezolano continuarán aumentando, dado que el Ejecutivo no ha permitido el alza de los precios controlados debido a una campaña electoral que se ha venido gestando desde principios de año. El resultado ha sido una fuerte contracción del producto interno bruto y una escasez en productos de la cesta básica que alcanza alrededor de 20%.

Por otra parte, una devaluación siempre representa un golpe al bolsillo de los ciudadanos en un país como Venezuela, altamente dependiente de las importaciones, en el que el sector privado no genera sus propias divisas.

Y es así como los consumidores venezolanos tienen que lidiar no solo con los incrementos de precios causados por la devaluación, sino también con el desabastecimiento generado por los controles de precio y la inexistente oferta de divisas. Además, tienen que añadir a esto, la tasa de inflación del 28% con que cerró 2012. Otro sector afectado, es el de los trabajadores extranjeros, dado que las nuevas medidas modifican el procedimiento para el envío de remesas, afectando a varios países, pero principalmente a Colombia. Todo esto evidencia que la devaluación del bolívar, tal como se ha aplicado en Venezuela, es un mecanismo que extrae dinero del bolsillo del empresario, el trabajador y demás ciudadanos, mientras que le permite al estado llenar sus arcas. Así, con la devaluación se enriquece el Gobierno y se empobrecen los empresarios y los venezolanos en general.

Algunos economistas opinan que la situación actual, de altos precios petroleros, con mercado cambiario cerrado y descenso de las reservas internacionales del país, indica que Petróleos de Venezuela (Pdvsa) está reciclando sus ingresos fuera del país, por lo que no está informando al BCV de la totalidad de sus ventas. Es decir, Pdvsa en vez de repatriar, está atendiendo el endeudamiento de la República con el Fondo Chino, sus bonos, adquiriendo petróleo y otros productos para sus clientes en el exterior así como también importando gasolina para atender el mercado nacional debido a las condiciones de las refinerías venezolanas. Evidentemente, la petrolera tiene problemas en su flujo de caja.

Cuando la devaluación fue anunciada, el entonces vicepresidente, Nicolás Maduro, afirmó que la medida era necesaria para fortalecer el bolívar y luchar contra la inflación. Los ejemplos antes enumerados indican que, contrario, la devaluación debilita el bolívar y aumenta la inflación. Por su parte, Elías Jaua, otro miembro del gabinete de la administración del difunto Hugo Chávez , declaró que con la devaluación aumentarían las exportaciones no petroleras. Sin embargo, su argumento no concuerda con las cifras ni con los hechos: la base productiva de la economía venezolana está destruida y el estado es responsable de casi el 98% de las exportaciones del país a través de Pdvsa. En efecto, cuando Chávez fue electo presidente, en 1998, Venezuela exportó productos no petroleros por más de 6.000 millones de dólares; en 2012 apenas exportó 3.700 millones de dólares.

Según un reporte de Bank of America-Merrill Lynch, autoridades venezolanas reconocen ahora la necesidad de crear un sustituto al Sitme. Sin embargo, fuentes oficiales han confirmado que es improbable que el Gobierno utilice en este nuevo sistema, la emisión de títulos de valores. Se sugiere en cambio, que es probable que el nuevo sistema esté basado en efectivo a una tasa de cambio descontada (mucho más depreciada). Este sistema aliviaría la contracción fiscal al permitir que Pdvsa repatríe algunas de sus ganancias por exportación a través de él.

 

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