Un nuevo enfoque para la crisis bursátil de China: hablan los gestores y analistas españoles


El 2016 ha comenzado de la misma forma que terminó el verano de 2015, con los ojos de los mercados puestos en el parqué chino y en los datos macroeconómicos del gigante asiático. Su crisis bursátil de los últimos días ha vuelto a levantar el pánico entre los inversores internacionales. Pero, ¿está justificada esta nueva corrección? La mayoría de gestores de fondos y analistas españoles están convencidos de que no, de que se trata más de ruido de mercado que de malos fundamentales.

Los últimos datos macroeconómicos en China han sido “mixtos”. Por el lado negativo, explica Banca March, han decepcionado los indicadores de confianza empresarial. Sin embargo, los datos de actividad mejoraron, con una aceleración del consumo (con un 11,2%, las ventas al por menor crecieron a su mayor ritmo en el año) y de la producción industrial (un 6,2%) en noviembre. “En conjunto, los últimos datos no justificarían un fuerte deterioro de las expectativas de crecimiento”, consideran los expertos de la entidad.

“Los datos publicados son consistentes con una economía china en la que el sector no manufacturero va poco a poco ganando terreno al manufacturero, así como con una economía china en plena transición de un modelo económico más basado en el consumo interno que en la inversión de capital”, recuerda Jaume Puig, director general de GVC Gaesco Gestión. La economía china mantiene “muy elevado” su crecimiento económico que, según el FMI, será superior al 6% todos los años hasta el año 2020.

Las bolsas domésticas chinas y su divisa, el yuan, son el otro factor de incertidumbre. De acuerdo a las estimaciones de Jacobo Arteaga, gestor y consejero delegado de BrightGate Capital, “el mercado tardará unos días en estabilizarse y, probablemente, lo hará con caídas adicionales en la renta variable dado el pánico”. No obstante, Arteaga prevé que, “presumiblemente, volverá a la normalidad cuando de nuevo vuelva a centrarse en fundamentales, y los fundamentales son: una economía con previsión de crecimiento del 6,5% y con un margen muy amplio de medidas de política monetaria y fiscal para corregir desajustes macroeconómicos, algo que ya desearíamos tener en los mercados occidentales”. La convicción de Banca March pasa por que “la economía china continuará en una tónica de desaceleración, pero no esperamos un desplome de ésta”.

Capacidad de ahorro de las familias chinas

La corrección bursátil que sufre China se centra sobre todo en el mercado A, dirigido a inversores locales. Como pone en contexto Dídac Pérez, director de Inversiones de Caja Ingenieros Gestión, el 85% del volumen diario de negociación lo mueven inversores particulares y prueba de su volatilidad es que las acciones se intercambian de media más de seis veces al año, superando en cuatro veces la media para los mercados desarrollados. La composición del índice se nutre básicamente de compañías con participación estatal, lo que supone que “es la vieja economía la que se encuentra principalmente representada”. A pesar que las compañías más expuestas a los sectores más dinámicos como el sector tecnológico o el de consumo se encuentran “poco o mal representados”, el índice de Shanghái cotiza por encima de 16 veces beneficios, lo que podría intuirse como “poco atractivo” dadas las pingües perspectivas de crecimiento de los beneficios de las compañías subyacentes. Otra muestra de ello es la prima de cotización de las compañías del mercado A frente al mercado H (Hong Kong), que se sitúa en el 38%.

Sin embargo, “a pesar de las valoraciones, el mercado A podría seguir cotizando con prima durante los próximos años debido al enorme potencial que supone la capacidad de ahorro de las familias, las cuales disponen de más de ocho billones de dólares, y a su bajo nivel de inversión en activos de renta variable, donde aproximadamente sólo un 6% de su población invierte en renta variable”. Como sucede en la actualidad en los países desarrollados, “los bajos tipos de interés mantendrán su senda a la baja durante los próximos años y a buen seguro convertirán los productos de ahorro en menos atractivos y fuercen probablemente a los ahorradores a aumentar su nivel de riesgo a través de una mayor exposición en activos de renta variable”, pronostica Pérez.

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