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Un inicio de año para olvidar


Luego de un 2013 atípico, en que la divergencia en rentabilidades entre los mercados accionarios de países desarrollados y los de emergentes fue una de las más altas de la historia reciente, con un alza en el índice MSCI Developed de 24% y una caída en el MSCI Emerging de 5% (ambos en dólares), 2014 tuvo un muy mal comienzo para los mercados, el peor desde 2009. Incluso para los desarrollados, que hasta el jueves de la semana pasada mostraban caídas sobre 8% en Europa, cerca de 5% en Japón y en torno a 3% en Estados Unidos.

La palabra "pánico" reflotó después de mucho tiempo y se comenzaron a buscar motivos para las fuertes correcciones, y el gatillo fue atribuido a la fragilidad de los emergentes. Parece excesivo este pesimismo tan extremo, pues el riesgo de una recaída de la economía mundial debido al famoso tapering (retiro del estímulo monetario por parte del banco central (FED) de Estados Unidos), el infaltable tema del riesgo de China, la insostenibilidad de la recuperación europea y la desilusión de los emergentes, factores tratados y analizados hace mucho tiempo, estarían -más que de sobra- incorporados en los precios.

El riesgo de un retiro más acelerado del estímulo monetario por parte del FED se contrapone al efecto que tendría una mayor liquidez proveniente de los Banco Centrales de Europa y Japón, los que libran una dura batalla para combatir la amenaza de la deflación. No obstante, como señaló el presidente del Banco Central de India, Raghuram Rajan (ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional, FMI), ha habido falta de coordinación, que en el mundo de hoy es imprescindible para mantener la estabilidad económica y la confianza de los agentes económicos. Ello porque el mundo se recupera de la peor crisis económica después de los 30s y prevalece un nivel de fragilidad.

China atraviesa por una desaceleración secular y cíclica, producto de las tensiones en su sistema financiero. Sin embargo, las autoridades tienen la capacidad y herramientas para evitar un aterrizaje forzoso. Más allá de las malas noticias, muchas economías emergentes mantienen sólidos fundamentos y holgura para aplicar políticas contracíclicas. Las otras, las verdaderamente “frágiles”, atraviesan por dolorosos ajustes, pero necesarios.

Luego de varias semanas adrenalínicas, los mercados parecieran normalizarse. La corrección en mercados desarrollados fue sana y alivió la percepción de que las acciones quedaron caras luego del gran desempeño de 2013. Los reportes corporativos en estos mercados han superado las expectativas (particularmente en Europa). También ha contribuido la evidencia respecto de lo duro que ha sido el invierno en el hemisferio norte, que explicaría, en parte, la debilidad que han mostrado ciertos datos de actividad y empleo en Estados Unidos.

En el caso de las acciones emergentes, las alentadoras cifras de comercio internacional de China han permitido levantar cabeza y notar que el descuento en las valorizaciones respecto a los desarrollados es el mayor desde 2006. Si bien parece prematuro adoptar una estrategia contraria, en forma selectiva se observan oportunidades. También llama la atención la divergencia entre el pánico de los inversionistas de cartera y el apetito por riesgo de los inversionistas de largo plazo, asociado a las operaciones de compra de empresas que se han registrado los últimos meses en Latinoamérica.

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