Un fin de semana con Warren Buffett en Omaha


Recientemente, hemos asistido al encuentro organizado por el gestor más conocido del mundo, Warren Buffett, que gestiona una de las empresas más rentables de la historia. Se trata del Woodstock para capitalistas o la reunión anual de accionistas de Berkshire Hathaway, que se ha celebrado en Omaha (Nebraska). Asisten anualmente alrededor de 40.000 almas de todo el mundo, algunos españoles, aunque sorprende la asistencia de asiáticos a pesar de que algunos no saben inglés.

Sábado, 1 de mayo de 2015. Cuatro y media de la mañana. Estamos en Omaha, Nebraska. Si miramos en el mapa, vemos que Nebraska es un estado que se encuentra prácticamente en el centro de EE.UU. Con medio millón de habitantes, población media para los estándares europeos pero muy pequeña para los americanos, y basada en su mayor parte en agricultura y ganadería, Omaha es una ciudad próspera.

Curiosamente, toda la gente con la que hablamos, incluidos los taxistas (que suelen ser siempre los más pesimistas), nos comentan que se vive razonablemente bien (a pesar del clima extremo), que los ciclos económicos del resto del país no se hacen sentir ni en las alzas ni en las bajas y que, a nivel práctico, el coste de la vida es un 50% inferior al de Chicago -la metrópoli más cercana- pero sólo un 25% inferior en términos de salarios.

Son las cuatro y media de la mañana, estamos en un hotel a 20 kilómetros de Omaha y estamos desesperados por conseguir un medio de transporte para ir al centro de la ciudad, al CenturyLink Convention Center, donde se celebrará la jornada cuyas puertas no abrirán hasta las siete y media de la mañana. El transporte que reservamos ayer al llegar a esta ciudad de la América profunda, después de 15 horas de vuelo cogiendo tres aviones cada cual más pequeño que el anterior (Madrid-Nueva York-Detroit), no aparece. Después de encontrar milagrosamente un taxi en nuestro hotel, llegamos a la cola a las cinco de la mañana.

Aguantamos estoicamente a las puertas del centro de convenciones para asistir a las lecciones impartidas por dos ancianos de 84 y 91 años, respectivamente, leyendas vivas de la inversión, Warren Buffett y Charlie Munger. Este año se celebra el 50 aniversario de la creación del “partnership” financiero más exitoso de todos los tiempos y la demonstración empírica de que una gestión fundamentada en la filosofía value, basada en comprar buenas compañías, buenos negocios con equipos directivos honrados y a precios razonables, puede crear valor (y mucho) para el accionista en el medio y largo plazo.

Asistimos a una reunión de carácter filosófico, de esas a las que hay que asistir al menos una vez en la vida si uno es inversor creyente en la filosofía value, basada en la Escuela de la Universidad de Columbia y esos incunables llamados Security Analysis, de Benjamin Graham & David Dodd y publicado en 1934, y The Inteligent Investor, publicado por Benjamin Graham en 1949. Este retiro nos permitirá volver a los básicos de nuestra filosofía de inversión y olvidarnos del “ruido monetario” generado por el mercado monetariamente expansivo de Draghi y Yellen.

De repente, en cuanto empezó el evento, las 15 horas de avión, colas, cuatro horas de espera en el frio exterior y las dudas iniciales acerca de qué hacíamos allí, se disiparon, las olvidamos y entendimos por qué esa simple reunión anual de una compañía cotizada provocaba ese nivel de asistencia y de expectación a nivel mundial. Nuestras expectativas no sólo se superaron, sino que se vieron ampliamente rebasadas en las cerca de ocho horas de reunión, con tan sólo una hora de descanso para comer.

El vídeo que se proyectó merece una mención especial: es muy difícil explicar, acostumbrados como estamos a la circunspección de los inversores europeos, lo divertido que resulta ver una secuencia donde, por ejemplo, Warren pretende enfrentarse en un combate de boxeo con Mayweather protegiendo su dentadura con apenas un puñado de bombones sin masticar, tras haberse ejercitado haciendo press de banca (eso sí, ayudado por dos empleados que tiraban de la barra por sus extremos), o donde Charlie es el nuevo ligue billonario de Nicolette Sheridan (actriz de la serie Mujeres Desesperadas) para envidia de sus íntimas en el barrio, o cuando ambos consiguen hacerse con su negocio de chocolates See’s Candies comprándoselo, supuestamente, a los protagonistas de Breaking Bad. Insuperable, de verdad.

Tras esta visualización comenzaron las siete horas y 30 minutos de preguntas y respuestas de toda índole donde, con su sentido del humor habitual, Warren respondía primero, de forma extensa y detallada, y luego cedía la palabra con un simple “Charlie…” a su socio que, breve y conciso, nos regalaba perlas de sabiduría inversora irrepetibles. Y todo ello regado, como diríamos en España, con Coca-Cola y comiendo prácticamente sin parar unas almendras azucaradas, al estilo garrapiñado. Para nosotros, acudir a esta reunión de frikis o retiro filosófico del“value nos hace reenfocarnos hacia la pureza de este estilo de gestión eliminando lo accesorio y, además, nos hace reforzar más si cabe nuestra forma de gestionar los fondos de inversión de March A.M.

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