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Un ataque frontal a la Teoría Moderna de Carteras


No existen tantos precedentes en el pasado reciente de gestores de fondos que hayan escrito un libro en el que vuelcan su experiencia de los últimos años. Uno de los que forman parte de este club es Pascal Blanqué (en la imagen), director de inversiones de Amundi, que acaba de publicar Essays in Positive Investment Management (Editorial Económica).

Quien escribe la reseña de este libro es Amin Rajan, consultor, ex asesor financiero y experto en liderazgo, así como consejero delegado de CREATE-Research, una firma independiente de investigación especializada en tendencias futuras de la industria global de gestión de activos. 
Para Rajan, el experto de Amundi “ha escrito un libro poco usual para un profesional de las inversiones. Destruye la estructura de la Teoría Moderna de Carteras (MPT por sus siglas en inglés) que ha dominado la manera de concebir las inversiones durante la mayor parte de los últimos cincuenta años”.

“El mundo de las inversiones, como resultado, posee ciertos elementos fantásticos que bien podrían encontrarse habitualmente en libros infantiles. Esto se debe a que los mercados financieros funcionan de maneras contrarias a los principios clave de la MPT, que con una atracción casi hipnótica, sigue llenando las inversiones en la actualidad”, continúa en su explicación. En consecuencia, “los gestores de activos no pueden continuar restaurando “trastos viejos” y venderlos como el “Santo Grial” de la obtención de primas de riesgo sobre ocultos riesgos de cola, al abrigo de la confortable pero también peligrosa teoría MPT”. 

Rajan indica que el libro incluye en análisis pormenorizado de principios clave, tales como  la existencia de activos libres de riesgo y de deuda pública sin riesgo, que la  diversificación añade rentabilidad, que la concentración supone mayor riesgo o que las primas de riesgo estén jerarquizadas. “El meticuloso análisis de Pascal Blanqué deja estos principios flotando en un mar de irrelevancia. Concretamente, muestra que la renta fija ha batido a la renta variable durante un largo periodo de tiempo; que las rentabilidades reales de la mayoría de clases de activos han sido marcadamente distintas a las esperadas; y que la correlación entre clases de activos ha sido asimétrica, baja en mercados alcistas, y muy alta en mercados bajistas. Así, la diversificación tradicional - basada clases de activos – que se ha implementado durante los últimos 30 años rara vez ha sido consistente con el objetivo de añadir valor.  Según el libro, una buena rentabilidad ha sido a menudo más cuestión de suerte que de buen juicio”, resume el consultor. 

 “Una de las consecuencias para el inversor es que la normalización, tal y como se presenta en la actualidad, puede resultar una trampa” advierte Pascal Blanqué. Por ello, el autor de la reseña considera que “sus consejos nos invitan a mirar el riesgo bajo un nuevo enfoque. Pone el siguiente ejemplo: “El alfa es un concepto a largo plazo que mide lo que queda una vez que todos los riesgos se han materializado. Mientras tanto, las primas de riesgo  obtenidas sobre (futuros) amplios riesgos de cola ocultos, pueden exponer y expondrán al inversor inteligente a una importante menor rentabilidad  que puede durar años”.  

Rajan considera que el argumento principal del libro de Blanqué “es difícil de criticar: los inversores viven en un mundo de riesgos dinámicos, por lo que cualquier enfoque formulista acabará en lágrimas. El riesgo está en máximos cuando se está cerca de la certeza, tal y como mostró claramente la debacle sub prime en 2008”.

Rjan considera que la principal enseñanza del libro es que es hora de que los inversores sean realistas: “Esto significa un diálogo honesto y abierto entre inversores y sus gestores de activos sobre qué se puede y no se puede obtener cuando las valoraciones están distorsionadas y grandes riesgos macroeconómicos acechan en el fondo. Como parte de la gestión de expectativas, los gestores de activos deben también evitar hacer declaraciones exageradas respecto a rentabilidades futuras. Por su parte, los inversores deben evitar objetivos de rentabilidad demasiado agresivos que solo abocan a sus gestores al fracaso. Esto es sentido común. Pero el sentido común no es práctica común actualmente en un mundo de cuentos de hadas”, concluye. 

 

 


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