Tras la tempestad, ¿viene la calma? Continúan las turbulencias en la bolsa china


Se cumple un mes desde que la renta variable china entrase en barrena. Recapitulemos: el pasado 12 de junio, el Shanghai Composite Index, principal índice bursátil del país, marcó un nuevo máximo tras el que sufrió una brusca caída que le llevó a perder el 30% de su valor –unos tres billones de euros– a lo largo de las siguientes dos semanas.

La corrección, que se inició cuando los intermediarios bursátiles empezaron a deshacer posiciones apalancadas por miedo a restricciones de liquidez, desató un auténtico pánico bursátil en un mercado en el que más del 80% de los inversores son minoristas y en el que muchos se habían dejado llevar por la euforia alcista que han vivido las bolsas chinas en el último año, endeudándose para comprar acciones.

Las caídas se extendieron también a los índices de Shenzén y Hong Kong. Con el fin de frenar la estampida, las autoridades chinas han puesto en marcha toda una batería de medidas, desde prohibir las posiciones cortas y perseguir a los especuladores, hasta comprar acciones directamente en el mercado, pasando por una nueva rebaja de los tipos de interés o la prohibición impuesta a los directivos e inversores con una participación de más del 5%, que en los próximos seis meses no podrán vender acciones de la empresa en el mercado secundario.

Y las medidas funcionaron, al menos al principio: el pasado jueves, el Shanghai Composite recuperó un 5,8%, la mayor subida diaria desde marzo de 2009, a la que siguió una subida adicional del 4,5% el viernes. Sin embargo, el índice volvió a empezar esta semana con pérdidas, se dejó un 3% el miércoles pese al buen dato del crecimiento del PIB chino del segundo trimestre, pero consiguió recuperarse y cerrar ayer jueves con un leve avance, del 0,46%.

Un mercado volátil

Aunque este episodio de volatilidad de las bolsas chinas ha despertado temores sobre las consecuencias para la economía china y el crecimiento mundial, lo cierto es que no se trata de un fenómeno nuevo. “Históricamente, las acciones chinas han sufrido fuertes oscilaciones”, explica Chia-Liang Lian, responsable de deuda de mercados emergentes en Western Asset (filial de Legg Mason Global AM). “Tras el imparable rally de 2006-2007, el Shanghai Composite perdió dos tercios de su valor en 2008. En los cinco años siguientes, las acciones chinas vivieron un largo periodo de estancamiento”. Para el experto, los avances del año pasado podrían haber respondido a un intento por alcanzar los niveles de Estados Unidos y de Japón (ver gráfico).

Fuente: Bloomberg, a 9 de julio de 2015. SHCOMP = Shanghai Composite. DJIA = Dow Jones Industrial Average.

En cualquier caso, Lian recuerda que, a diferencia de lo que ocurre en otros mercados más desarrollados, el índice chino no es un indicador fiable de la situación macro. Pese a la fuerte presencia de inversores retail, que explica la vulnerabilidad de los parqués chinos a los pánicos bursátiles, “el efecto riqueza de la bolsa china no resulta estadísticamente significativo. Las acciones representan cerca del 10% de la riqueza financiera de los hogares, frente a más de la mitad en los países desarrollados”. Para lo que sí resulta útil es para medir el sentimiento socioeconómico. “Ante la rápida evolución demográfica de la segunda economía más grande del mundo, el dilema entre paternalismo y capitalismo al que se enfrentan las autoridades chinas es difícil de entender”, sostiene Lian, quien ve probable que se aprueben nuevas medidas orientadas a evitar una crisis de confianza en el gobierno.

Potenciales riesgos

Con respecto al posible impacto de las caídas bursátiles en una economía china que pierde fuelle y el potencial contagio al resto del mundo, los expertos del equipo de análisis Cross Asset Research de Lyxor Asset Management opinan que estos riesgos podrían ser exagerados, ya que “el cierre de posiciones por valor de 120.000 millones de dólares en préstamos apalancados parece manejable (en el marco general de los mercados financieros chinos), el impacto negativo sobre el efecto riqueza es limitado (dado el escaso peso de las acciones en la riqueza de los hogares chinos y teniendo en cuenta que las valoraciones siguen siendo muy superiores a las de hace un año), los bancos están poco expuestos a la bolsa y, lo más importante, es probable que las autoridades se mantengan muy activas”.

No obstante, creen que podrían estar subestimándose otros riesgos. “A corto plazo, la incertidumbre sobre el nivel real de apalancamiento, dado que se desconoce el volumen de las operaciones OTC y de la banca en la sombra, podría traducirse en pérdidas mayores de lo esperado. A largo plazo, habrá que monitorizar el impacto negativo en la financiación de las empresas, sobre todo entre las pequeñas empresas tecnológicas. Y, de forma más general, la inconsistencia de la política monetaria y de la renta variable podría poner en peligro la transición de la economía china si los hogares acaban perdiendo la confianza en el mercado bursátil”.

En Pictet Asset Management no creen que la volatilidad reciente dificulte la capacidad de las empresas chinas para financiarse. Como explican, “las acciones suponen un 5% de la financiación, mientras que los préstamos bancarios representan un 76% y la deuda empresarial, un 10%. Las empresas más vulnerables son los intermediarios que han prestado al margen y que quizás no recuperen todo su dinero. Una pérdida del 10% equivaldría a sus beneficios de 2014. Pero los riesgos para el sector bancario son menores, pues su exposición a esa financiación asciende a alrededor de dos billones, menos del 1% del total. Así que una crisis bancaria sigue siendo altamente improbable”.

Lo que sí se ha dañado, en su opinión, es la confianza de los inversores en la capacidad de las autoridades para supervisar la reforma de la economía y el sistema financiero. “La esperada liberalización de la cuenta de capital, un importante paso para que el renminbi se convierta en moneda de reserva mundial, parece ahora menos probable. Además, los planes para privatizar empresas estatales están en la incertidumbre, al haberse detenido las OPV. A ello se añade que la inclusión del país en el índice mundial MSCI se ha alejado y el deseo de que el renminbi forme parte de la cesta de monedas con derechos especiales de giro del Fondo Monetario Internacional puede ahora encontrar cierta resistencia”, concluyen.

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