Tras el rally de la deuda emergente en el primer semestre… ¿qué va a pasar en la segunda mitad del año?


Tras la sólida rentabilidad registrada por la deuda emergente en el primer semestre… ¿qué va a pasar en la segunda mitad del año? Se lo hemos preguntado a dos especialistas en la materia: BlackRock, que comercializa el BSF Emerging Markets Flexi Dynamic, el BlackRock Emerging Markets Bond Fund (ambos fondos con la calificación Consistentes Funds People) y el BlackRock Emerging Markets Local Currency Bond (producto Blockbuster) y a Pictet AM, que oferta el Pictet Global Emerging Debt (Blockbuster y Consistentes Funds People), el Pictet Emerging Local Currency Debt y el Pictet Short Term Emerging Corporate Bonds (ambos con la calificación Blockbuster).

Pablo Goldberg, gestor y responsable de Análisis de renta fija emergente en BlackRock y Sergio Trigo Paz, responsable del equipo de renta fija de mercados emergentes en la misma entidad, prevén que la segunda mitad del año será más modesta en términos de rentabilidad, sobre todo teniendo en cuenta la divergencia en materia de política monetaria. “La Fed está endureciendo su política, mientras que otros importantes bancos centrales mantienen su postura acomodaticia. Esto repercutirá enormemente en la duración y en las divisas emergentes. Dado que los precios del mercado cuestionan la postura de la autoridad monetaria americana, esta desconexión podría generar más volatilidad en este segundo semestre”, auguran.

Según explican, los sólidos flujos de entrada en los productos de deuda emergente hicieron que las ventas masivas se convirtieran en buenas oportunidades de compra —aprovechando las caídas de los precios— durante el primer semestre de 2017. “Esperamos que estos flujos se reduzcan levemente, por lo que creemos que, más adelante, el valor relativo será un catalizador más importante de la rentabilidad”, afirman. En su opinión, la rentabilidad de la deuda emergente se situará más o menos en el nivel de los cupones a medida que la confianza del mercado fluctúe movida por las expectativas de reactivación económica y el temor a la ralentización. “Priorizamos la deuda pública denominada en divisa fuerte o la deuda corporativa con una duración inferior, dado que el dólar podría volver a apreciarse en cualquiera de estos dos contextos”.

Goldberg y Trigo Paz recomiendan a los inversores plantearse cambiar de postura desde las estrategias pasivas a aquellas de gestión activa para poder realizar una asignación más flexible a los segmentos de calidad de la deuda emergente denominada en divisa fuerte y en divisa local, con una gestión dinámica de la duración para adaptarse a las variaciones en la curva estadounidense y a la apreciación del dólar.

La visión de Pictet AM sobre este segmento de mercado es algo más positiva. Luca Paolini, estratega jefe de la entidad suiza, considera que, actualmente, teniendo en cuenta una perspectiva económica relativamente estable, tenue inflación y atractivas rentabilidades, la deuda de mercados emergentes ofrece una prima de riesgo atractiva. De hecho, el experto le pone cifras exactas a sus proyecciones. “Los próximos cinco años la deuda en moneda local puede proporcionar una rentabilidad del 8,1% anual, 3,3% en moneda fuerte (dólar), mientras el índice de JPM GBI de deuda de gobiernos desarrollados en dólares alrededor de 1,7%. La cartera 80% bonos de países desarrollados y 20% por igual de mercados emergentes divisa local y en moneda fuerte (sin cubrir) puede generar un retorno del 2,5% en ese periodo, frente al 1,7% de la cartera de deuda de países desarrollados”, pronostica.

Paolini subraya que hay que tener en cuenta que partimos de muy bajas rentabilidades en deuda de mercados desarrollados. “Han aumentado desde el verano pasado, sobre todo desde las elecciones presidenciales de EE.UU y la anticipación de mayor estímulo al crecimiento económico, pero todavía alrededor de la quinta parte del índice JPM GBI, casi diez billones de dólares, muestra rentabilidades a vencimiento negativas. Estas valoraciones tan altas se enfrentan a dificultades con la recuperación cíclica. De hecho, las crecientes presiones inflacionistas en el mundo desarrollado serán un lastre”.

“La inflación –a pesar del máximo del petróleo– debe aumentar a medida que el crecimiento global se sincroniza y el comercio internacional se recupera. Con el mercado de trabajo ajustado en EE.UU es previsible más endurecimiento de política monetaria de la Reserva Federal y la euro zona parece estar saliendo de las secuelas de la crisis de 2011. Además, Japón crece de manera estable. De manera que, tras años de flexibilización cuantitativa y pesar de la voluntad de los bancos centrales para soportar tasas de inflación mayores que en el pasado, es previsible que aumenten las presiones inflacionistas”, explica. En este estado de cosas, Paolini cree que las economías emergentes muestran señales de estabilización.

“En cinco años esperamos que los precios al consumo en economías desarrolladas aumenten hasta el 2,1% desde el 0,7% de 2016, pero en emergentes puede moderarse del 3,7 al 3,5%. Además, el PIB real de economías emergentes puede aumentar un 4,5 % anualmente los próximos cinco años frente al 1,6% de países desarrollados. A ello se añaden las reformas, incluyendo el cambio hacia políticas orientadas al mercado. Un buen ejemplo es India, donde su primer ministro implanta medidas de tolerancia cero frente a la corrupción, así como  de simplificación tributaria, lo que puede allanar el camino para que esta economía alcance su potencial. Por supuesto, hay excepciones como Brasil, sacudido de nuevo por escándalos de corrupción política, o Turquía, donde el cambio autocrático puede proporcionar apoyo a su economía a corto plazo pero a costa de la estabilidad a largo plazo”, concluye.

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