Tipo negativo: malo si es una persona, peor si es una tasa de interés


La política monetaria no convencional de compra de bonos en el mercado ha significado tipos de interés negativo en algunos bonos de gobierno con vencimiento inferior a 5 años. El tipo de interés negativo es una anomalía financiera difícilmente explicable conceptualmente. Tener un dinero, invertirlo y aceptar que a vencimiento se recibirá una cantidad inferior no es racional. Es como alquilar un piso sin cobrar, y además pagar una cantidad mensual al inquilino.

Esta anomalía se produce porqué algunos agentes están obligados a comprar determinados bonos, sea cual sea su precio, porqué no hay suficientes bonos o porqué el coste de no hacerlo es superior.

Cualquier situación anómala, anormal, atípica, revierte tarde o temprano a la normalidad. Tipos de interés negativos o muy elevados son una anormalidad debido a circunstancias extraordinarias y revertirán cuando termine esta situación especial. Se sitúan en las colas de la campana de Gauss, donde se concentran pocos sucesos, pero muy llamativos.

Hay diversas explicaciones a tan singular acontecimiento. Estímulo monetario a la reactivación económica, impulsar la inversión empresarial mediante bajos costes financieros, aumentar el crédito orientado a consumo o contribuir a aumentar el valor de algunos activos y originar un efecto riqueza que se traduzca en consumo.

También mantener el coste de la deuda de gobierno en cifras asumibles. La deuda de gobierno de EE.UU., Alemania, Francia, Reino Unido, Italia o España está disminuyendo su coste medio, de manera que el impacto en presupuestos es inferior. En resumen, y sin caer en demagogia, no hay que recortar tanto en otras partidas como educación o sanidad. Sin embargo el vencimiento medio se alarga, lo que significa que tardaremos más años en volver a niveles normales de gasto en partidas hoy reducidas.

Algunos efectos colaterales también deben ser analizados. Los ínfimos tipos de interés han arrastrado a la baja las rentabilidades de otros activos. Los dividendos, las rentas de inmuebles y muchos arrendamientos de bienes han disminuido. En efecto, el capital se mueve rápido buscando rentabilidad y si el BCE inyecta dinero para comprar bonos, éste se redistribuye a otros activos y mercados.

Por otro lado, la población del mundo occidental crece muy poco y alcanza altas cotas de longevidad. El reto es mantener los niveles de las prestaciones públicas de jubilación. Si los contribuyentes aumentan poco y los perceptores mucho, en algún momento deberán ajustarse el nivel de percepciones. Conscientes de lo anterior, hace años se fomentó el ahorro privado orientado al retiro, con objeto de complementar las presumiblemente menguantes pensiones públicas. Los planes de pensiones colectivos o individuales, planes de ahorro asegurado y otros instrumentos de previsión social llegaron con ese objetivo. La acumulación de un capital adicional se calculó y se calcula capitalizando el ahorro actual más las aportaciones futuras. Pero con las circunstancias anómalas actuales de menor rentabilidad general, esa capitalización tiende a cero, lo que obliga a mayores aportaciones futuras.

Las conclusiones lógicas son que mejor que la situación anómala de tipos negativos se corrija rápido, que las políticas económicas se centren en el crecimiento, que la distribución de riqueza sea más eficiente para ayudar al crecimiento via consumo, inversión y mantenimiento de las percepciones de jubilación y que entre tanto un asesor financiero de EFPA les recalcule la planificación para el retiro.

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