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¿Se podría vivir sin las agencias calificadoras de riesgo?


El junk rating de Irlanda significó en el caso chileno la desaprobación por parte del regulador de una cantidad no despreciable de fondos domiciliados en dicho país, muchos de los cuales tenían largo historial en este mercado y sin importar verdaderamente si eran UCIT con pasaporte europeo ni si los activos subyacentes en los que estos invertían estaban relacionados con dicho país. Por lo tanto, la crisis de deuda europea entre sus múltiples consecuencias sobre los mercados durante el 2011, terminó impactando el mercado institucional de fondos internacionales en el fin del mundo.

A estas alturas no hay mucho que hacer al respecto, el mercado parece resignado al tema sin importarle demasiado, con excepción de los que se vieron directamente afectados.

Una conclusión que el mercado tiene más que asumida, luego de la crisis de Lehman 2008 y la Europea 2011, es que las clasificadoras de riesgo llegaron tarde y que no hicieron bien su trabajo. Sin embargo, el mercado, y en especial los reguladores parecen no poder vivir sin ellas. Necesitan aferrarse a algo más que a los precios y volatilidad de los activos para controlar el riesgo de sus regulados. Y la tendencia a esto no parece disminuir, no existe política de inversiones de fondos que inviertan en deuda que no contemple dichas clasificaciones a pesar de lo desprestigiadas que están. Por ejemplo, los fondos de pensiones chilenos tienen límites determinados para la deuda no grado de inversión que pueden tener en sus multifondos, contabilizando cada bono que se encuentra en cada uno de los fondos extranjeros que forman parte de sus carteras.

En Febrero de 2011, si mirábamos la composición del WGBI (World Government Bond Index de Citigroup) por clasificación de riesgo, más de la mitad del índice se encontraba en ratings AAA. No vale la pena mencionar como dicha apertura ha cambiado luego de 1 año. La misma apertura efectuada por la agencia de ratings China, Dagong, tenía hace un año una mirada mucho más dura sobre la capacidad de pago de occidente, con sólo un puñado de países con la máxima clasificación, sumando en ningún caso más del 10% del índice. No es que esté haciendo una defensa de la agencia China, simplemente creo que dados los acontecimientos vividos, regulaciones basadas en las clasificaciones de riesgo no parecen hacer mucho sentido. Me parece que todos lo saben, incluso los reguladores, pero no parece ser el momento adecuado para realizar las modificaciones.

El mercado se encuentra buscando alternativas a las clasificadoras tradicionales. Grandes asset managers usan sus propias clasificaciones, otros usan el nivel de CDS por ejemplo. Me ha llamado la atención un intento de crear una nueva clasificadora de riesgo en el cual sean los propios participes del mercado quienes voten asignando el rating para emisores de deuda, tanto soberanos como corporativos.

Una solución como esta requiere una masa de votantes importantes para que adquiera relevancia, y ponderar cada voto según el potencial grado de conocimiento que debiera tener el votante sobre la deuda que está evaluando. En todo caso creo que las agencias de ratings seguirán teniendo larga vida, el mercado no las aprecia, pero continúa en su búsqueda por encontrar algo similar que las sustituya.

 

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