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Salta la liebre


Hay fuentes de riesgo que todos ponemos en nuestra ecuación cuando evaluamos la posibilidad de adquirir un bono o una acción. Un clásico ejemplo de ello es la gran vinculación que existe entre el desempeño de mediano plazo de la deuda venezolana denominada en dólares y el precio del petróleo.

Pero hay otras, que por el contrario, están tan fuera de nuestro radar, que cuando comienzan a actuar en nuestra contra, no sólo afectan nuestro desempeño, sino que además nos dan la sorpresa de nuestra vida, porque nunca habíamos hecho la conexión entre tal factor y el rendimiento de nuestro activo financiero.

El verano de 2014 del hemisferio norte nos ha dado tres interesantes ejemplos de tales sorpresas, a saber:

- La caída del grupo Espirito Santo: en menos de dos meses, el pobre desempeño de negocios financieros y no financieros de la familia de banqueros portugueses acabó con una historia empresarial de 149 años. La sorpresa aquí viene dada por el desconocimiento de los reguladores de lo que verdaderamente se estaba cocinando. Recordemos que en junio se levantaron mil millones de euros de capital, para montar un anillo de seguridad que aislara al banco de los problemas de insolvencia de su principal accionista.

El discurso del Banco Central de Portugal, evolucionó de “el BES tiene capital para aguantar este golpe sin problemas” pasando a “muchos competidores estarán dispuestos a aportar los recursos requeridos para capitalizar la institución y quedarse con ella”.

 

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