Reflexiones sobre el mito del endeudamiento en el mundo desarrollado y un gráfico ilustrativo


¿Qué influencia ha tenido el endeudamiento de las naciones sobre las políticas heterodoxas que han aplicado los bancos centrales desde 2007? “Es probable que los bancos centrales estén muy preocupados por la carga de deuda sobre la sociedad y estén haciendo todo lo posible para hacerla sostenible” afirma Abdallah Nauphall, consejero delegado de Insight (parte de BNY Mellon IM). Sin embargo, basándose en un informe reciente del McKinsey Global Institute llamado Debt and (Not Much) Deleveraging, Nauphall indica que la principal fuente de endeudamiento en 2008 fue el sistema bancario, particularmente en EE.UU., pero que sin embargo – en términos generales- los niveles de apalancamiento no eran exagerados ni en las empresas, ni en las familias ni por parte del gobierno. En los últimos siete años, en cambio, se han credo 60 billones de dólares en deuda, una cantidad que “claramente está preocupando a los banqueros centrales aunque raramente la aborden”. 

“No hay ninguna economía que se haya desapalancado en ninguna área salvo en la deuda financiera. Un país que se acerca es la fiscalmente prudente Alemania, pero incluso con su superávit presupuestario la ratio de deuda sobre PIB se ha incrementado un 8%. China ha doblado su ratio de deuda sobre PIB en los últimos cinco años y, si se quita el crecimiento, se ha cuadruplicado”, comenta el experto, que alerta sobre que “la velocidad a la que se ha construido no tiene precedentes” (ver gráfico).

“Ninguna economía de importancia se las ha apañado para desapalancarse a pesar de toda la retórica en torno a la austeridad y la prudencia”, continúa el consejero delegado de Insight. Bajo su punto de vista, el del endeudamiento “es un problema profundamente arraigado a la sociedad para el que no hay soluciones fáciles”. Según Nauphall, hay dos grandes problemas de carácter estructural que impiden un proceso de auténtico desendeudamiento. El primero de ellos es el impacto duradero de las reformas sociales que se emprendieron en las décadas de 1950 y 1960; “en aquellos años el crecimiento estaba entre el 4% y el 5% en las grandes economías desarrolladas. A aquellos niveles de crecimiento estas iniciativas de bienestar podían recibir apoyo”, apunta. En las décadas posteriores – en los que se han mantenido muchos de los programas aplicados entonces- se han ido reduciendo el crecimiento y la productividad; sin embargo, como constata el experto, “ningún político se atreve a tocar” esas iniciativas sociales. 

El segundo problema estructural que juega en contra del desapalancamiento es la demografía. “El viejo y el joven confían desproporcionadamente en el estado y la ratio de dependencia se está incrementando en todas partes al vivir más tiempo la gente y elegir que quieren tener menos hijos”, resume Nauphall. En su opinión, “la enorme carga de deuda de Japón tiene mucho que ver con la demografía y la mala gestión económica”. 

La principal conclusión a la que llega el experto después de este análisis es que “la tendencia de crecimiento en el mundo desarrollado ya no se sitúa entre el 4% y el 5%. La nueva realidad está quizá entre el 1,5% y el 2%. Eso hace que toda la dinámica de la gestión de la deuda sea extremadamente difícil. Estamos en un punto de saturación”. Para Nauphall, “está claro que los gobiernos no pueden seguir emitiendo cantidades récord de deuda y que los bancos centrales continúen financiándola al inflar sus balances”. 

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