Quien tiene la liquidez… ¿es el rey?


En opinión de algunos inversores, tener más de una quinta parte de una cartera asignada a efectivo puede considerarse extremo. Pero en un entorno en que el precio de los activos de riesgo descuenta un ‘entorno perfecto’ en términos de ganancias y crecimiento, algunos gestores creen que es una decisión acertada. Entre ellos está el equipo de BNY Mellon Investment Management que gestiona la estrategia del BNY Mellon Global Real Return Fund, que actualmente mantiene una posición en efectivo del 18,7%, dividida a partes iguales entre dinero líquido y activos equivalentes que sirven como caja (deuda pública británica a corto plazo). La estrategia no tiene restricciones de asignación de activos. Desde su lanzamiento, la posición en efectivo ha oscilado entre el 32% y el 6%.

La estrategia comenzó el año con una posición de efectivo del 8%, pero a medida que los activos de riesgo han continuado subiendo hasta máximos históricos –en muchos casos sin el respaldo de los beneficios y los fundamentales-, el equipo ha ido elevando gradualmente su posición de liquidez hasta los niveles actuales. “Actualmente no tenemos planes de incrementar los niveles de efectivo, y dado el mandato dual de la estrategia (generar rentabilidad y preservar el capital), unido a la remuneración prácticamente nula de la liquidez, tampoco pretendemos mantener estos niveles de efectivo durante largo tiempo”, asegura Aron Pataki, miembro del equipo de Real Return.

“El objetivo a largo plazo de la estrategia es lograr un equilibrio entre la participación de la cartera en subidas del mercado y la preservación del capital invertido. No obstante, tenemos una opinión que queda reflejada en el  posicionamiento cauto de los activos de nuestros clientes”, explica James Harries, miembro del equipo gestor (en la imagen). Tanto él como sus compañeros consideran que, actualmente, los activos de riesgo como la renta variable no reflejan las incertidumbres reinantes en los mercados financieros, desde los problemas en la periferia europea  hasta el desplome de las materias primas ante la ralentización de la economía china, pasando por la perspectiva de subidas de los tipos de interés de referencia en EE.UU. y el Reino Unido.

“Estos factores auguran un periodo volátil en adelante, y nuestra decisión de tener efectivo en cartera obedece al deseo de contar con liquidez suficiente para comprar activos a precios atractivos de producirse una corrección”, señala Harries. Si el motivo fuera puramente defensivo, el equipo podría optar por utilizar protección mediante derivados en torno al núcleo generador de rentabilidad del fondo. Sin embargo, la preocupación sobre el entorno de liquidez (o falta de ella) significa que sus integrantes prefieren tener dinero para invertir cuando otros están vendiendo, en lugar de ser verse obligados a vender un activo menos líquido para poder comprar otros que cotizan en mínimos.

Según Suzanne Hutchins, otra de las gestoras de la estrategia, el posicionamiento actual encaja con su postura a largo plazo. “Nuestro consejo no ha cambiado mucho desde que lanzáramos la estrategia, y puede resumirse del siguiente modo: invierta con cuidado y de forma muy selectiva; entienda lo que tiene en cartera, y sobre todo, por qué lo tiene en cartera. Este último punto pone de relieve el peligro de caer en la trampa del ‘pensamiento de manada’ e invertir en activos por el mero hecho de que todo el mundo lo hace”. En este sentido, la experta apunta que “el posicionamiento actual del fondo obedece a la cautela que nos inspira el panorama, pero históricamente, la cartera se ha posicionado (y podría volver a hacerlo) para aprovechar un entorno más orientado al crecimiento”.

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