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¿Qué podemos aprender de la experiencia japonesa?


Para muchos inversores, el mero hecho de pensar en Japón como un modelo a seguir es ridículo. Aun así, un estudio sobre el impacto de la demografía japonesa y sus políticas en los mercados financieros proporcionaría información muy valiosa para los inversores europeos. ¿Qué podemos aprender de la experiencia japonesa?

Hace casi un año escribí una columna sobre este asunto. En ese momento, me di cuenta de que el rápido envejecimiento de la población y políticas relativamente restrictivas de los bancos centrales de Japón y Europa mantendrían la rentabilidad de los bonos en esas zonas, bastante bajas durante algún tiempo. También concluí que los valores de renta variable de empresas globales con un modelo de negocio defensivo lo harían mejor que aquellas enfocadas en el mercado doméstico. En este sentido, es gratificante ver que los sectores que han obtenido mejores resultados en los mercados de valores europeos los últimos 12 meses han sido salud, alimentación y bebidas y tabaco. La rentabilidad a un año es insignificante, pero responde a una tendencia que bien podría continuar a largo plazo, ya que el crecimiento de beneficios pronto se convertirá en un bien escaso en un mundo desarrollado con un bajo crecimiento de PIB nominal.

La historia del desarrollo de Japón sostiene este punto de vista. Desde 1993, un índice con importantes empresas japonesas no financieras, incluyendo las principales exportadoras lo ha hecho mucho mejor que el índice Nikkei o que cualquier índice doméstico de small caps. De hecho, haber invertido en cualquier empresa exportadora japonesa hubiera resultado en una rentabilidad absoluta positiva para ese periodo de 20 años, incluso cuando el Nikkei cayó un 30%.

Es bastante sencillo si se piensa en ello. Se apuesta por empresas que exportan a Estados Unidos y mercados emergentes, con una población más joven, y en determinados casos, donde los bancos centrales están deseando emitir moneda. Una población más joven necesita invertir en vivienda, coches, etc, mientras que una población más madura gastará menos y se inclinará por el ahorro, en vista de la erosión de los esquemas de pensiones.

Por supuesto, también hay grandes diferencias entre Japón y la eurozona. Una de ellas es la falta de homogeneidad en esta última. Esto se ha confirmado recientemente de nuevo, por el contraste de las fortunas de los estados miembros. Mientras Alemania continúa siendo una potencia económica, Chipre está al borde de la bancarrota. Mientras España y Grecia muestran señales esperanzadoras de recuperación, Italia da un paso atrás después del resultado de las elecciones. Hasta ahora, el BCE ha hecho una gran labor posicionándose como prestamista de último recurso, actuando como lazo de unión para mantener la eurozona unida. Pero, esta 'red de seguridad'... ¿es suficiente?

En este sentido, es interesante fijarse de nuevo en Japón, donde el banco central, ahora con un nuevo líder, intenta combatir la deflación mediante un uso muy liberal de la emisión de moneda; una gran brecha con respecto al pasado. A diferencia de Japón, aún hay inflación en la eurozona. Esta inflación está provocada en su mayoría por la subida de impuestos de acuerdo a las políticas de austeridad. Este es seguramente un fenómeno temporal, ya que no se puede aumentar el IVA todos los años. Recientemente, la inflación de la eurozona ha caído al 1,8%. Es probable que aún sufra otra caída. Y tenemos que preguntarnos si Japón será un modelo a seguir en este aspecto. ¿Deberá el BCE hacer más cosas para estimular la economía? No nos sorprendería que así fuera.

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