¿Qué impacto geopolítico tiene el petróleo barato?


¿Qué coste tiene la abrupta caída del crudo sobre las distintas naciones, exportadoras e importadoras? Esta pregunta es el punto de partida el análisis que realiza Martin Feldstein en Project Syndicate. Para quienes no conozcan a Feldstein, cabe recordar que es profesor de Economía en la Universidad de Harvard y que ha trabajado como asesor en diferentes materias para tres presidentes distintos de Estados Unidos: Ronald Reagan, George W. Bush y Barack Obama.

Feldstein comienza su análisis recordando el importante papel que juegan las expectativas de los inversores y productores en el mercado de esta commodity, hasta el punto que presenta dinámicas propias de oferta y demanda: los productores de petróleo pueden mantener el nivel de oferta si creen que los precios subirán en el largo plazo o añadir excedentes al mercado si consideran que pueden caer los precios; paralelamente, la forma que tienen las compañías petroleras de mantener el mismo nivel de oferta es reducir la cantidad de extracciones o incrementar sus inventarios.

En base a estas observaciones, el académico asevera que “las expectativas del mercado reflejadas en los precios actuales reflejan una demanda futura más baja y un incremento de la oferta futura”. A continuación, disecciona ambos componentes: la caída prevista de la demanda refleja en su opinión la debilidad actual de la actividad económica, especialmente en China y Europa, y de forma más importante, “los cambios a largo plazo en la tecnología, que incrementará la eficiencia del consumo de automóviles e inducirá el uso de energía solar y otras fuentes de energía no ligadas al petróleo”. En cambio, achaca al incremento de la oferta la aparición de nuevos yacimientos de oro negro gracias a la técnica del fracking y las decisiones por parte de Canadá y México de desarrollar nuevas técnicas de extracción.

De manera más importante, el estudioso concluye que la evolución actual de los precios de esta materia prima no está condicionada sólo por las expectativas de oferta y demanda futura, también por las previsiones sobre evolución de los tipos de interés. “Los productores de petróleo tienen una opción de inversión: pueden incrementar ahora la producción, vendiendo los excedentes de petróleo a precios actuales e invertir a tipos actuales, o dejar el petróleo sin extraer, como una inversión”, asevera el experto. “Los tipos bajos animan a los productores a dejar el petróleo en los yacimientos.  Cuando los tipos actuales anormalmente bajos de los bonos de largo plazo suban a lo largo de los próximos años, será más atractivo para los productores incrementar la oferta de petróleo e invertir los ingresos resultantes a tipos más elevados”. Así, Feldstein concluye que, “a no ser que las expectativas sobre los fundamentales de la oferta y demanda futura cambien, la subida de tipos causará que los precios del petróleo caigan más”.

Ganadores y perdedores

El economista considera que la caída de los precios del petróleo es una buena noticia para EE.UU., “porque implica ingresos reales más elevados para los consumidores americanos”. Entre los grandes perdedores menciona algunos nombres que han estado en boca de todos las últimas semanas: Venezuela, Irán y Rusia. En un tercer grupo sitúa a Arabia Saudí y varios de los emiratos del Golfo: “Aunque también son grandes exportadores de petróleo, se diferencian de otros productores de dos maneras importantes. La primera, que su coste de extracción es extremadamente bajo, lo que significa que son capaces de generar beneficios a niveles actuales e incluso a precios más bajos. La segunda, que sus enormes reservas financieras les permite financiar sus actividades domésticas e internacionales durante un largo perio de tiempo, al pretender transformar sus economías para reducir su dependencia del petróleo”.

Dicho esto, la conclusión final de Martin Feldstein es que caídas superiores del precio del petróleo tendrán graves repercusiones geopolíticas, particularmente para Rusia, pero anticipa que podrían verse circunstancias similares a las que está atravesando actualmente la Federación Rusa en otros países, como Irán y Venezuela.

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