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¿Qué impacto está teniendo la represión financiera en los fondos de pensiones?


El término represión financiera –introducido por los economistas Edward Shaw y Ronald McKinnon en 1973– hace referencia al conjunto de políticas orientadas a redirigir hacia los gobiernos financiación que normalmente se destinaría a otras inversiones, con objeto de reducir los niveles de deuda pública. En el contexto de las medidas extraordinarias puestas en marcha por los bancos centrales de los principales países desarrollados desde 2008, la represión financiera ha sido la consecuencia más obvia de los programas de expansión cuantitativa (QE) y las políticas de tipos de interés cero, orientadas a devolver la inflación a niveles razonables, estabilizar los mercados financieros y estimular el crecimiento económico.

Uno de los efectos conocidos de la represión financiera es la penalización del ahorro –consecuencia de los bajos tipos de interés– algo que resulta particularmente negativo para los inversores a muy largo plazo, como los fondos de pensiones. Ante esta situación, Amundi se ha aliado con el centro de estudios británico CREATE Research para analizar qué impacto está teniendo la represión financiera en los fondos de pensiones europeos y cómo afrontan este reto. Para ello, entrevistaron a representantes de 184 planes de pensiones de toda Europa con un patrimonio conjunto de 1,8 billones de euros.

El QE ha tenido consecuencias mixtas

La primera conclusión del estudio es que las consecuencias de los programas de expansión cuantitativa han sido mixtas. Aunque los participantes reconocen que estas medidas han conseguido respaldar las rentabilidades de los activos de riesgo (tal como afirma el 71%), estabilizar los mercados financieros (61%) y darle más tiempo a los gobiernos para acometer las reformas necesarias (49%), evitando así una depresión mundial como la vivida en 1929 (57%), también citan diversos efectos negativos.

Para una mayoría de los encuestados, el QE ha actuado como un impuesto opaco sobre los planes de pensiones (65%), ha provocado una convergencia artificial de las asignaciones de activos (64%) y ha fomentando un fuerte aumento de los niveles mundiales de deuda (62%), sentando las bases de la próxima crisis financiera (55%). Solo un 23% afirma que las políticas expansivas han tenido un impacto positivo en sus ratios de financiación, frente al 57% para los que el impacto ha sido negativo.

Otro de los aspectos que más preocupan a los fondos de pensiones (71%) tiene que ver con la personalización del riesgo. “Todos los riesgos de planificar la jubilación se están transfiriendo de quienes no han sido capaces de gestionarlos a quienes no los entienden”, afirma el profesor Amin Rajan, autor del estudio. Para un 66% de los encuestados, “dejar la planificación financiera en manos de los empleados podría dañar de forma permanente el sector de las pensiones”.

Los reguladores deben limitar los daños colaterales

“El QE ha cambiado por completo muchas áreas de la actividad de pensiones y ha provocado una desconexión entre los precios de los activos y sus fundamentales”, continúa Rajan, para quien esta situación implica que los principales elementos de la inversión prudente –las características de rentabilidad-riesgo de las diferentes clases de activo, sus correlaciones y su potencial de diversificación– se han reducido a meras elucubraciones.

En concreto, casi dos tercios de los encuestados (70%) cree que los reguladores deberían replantearse el papel de los activos ‘libres de riesgo’ en el cálculo de la ratio de financiación, puesto que ese concepto ha dejado de tener sentido en un entorno de represión financiera que podría prolongarse durante décadas. La mitad de los participantes también aboga por que se suspenda la provisión técnica sobre pasivos acumulados y planes de recuperación en caso de déficit y algo más de un tercio (35%) desea que se amplíen los periodos de recuperación para los planes de beneficio definido.

La gestión del riesgo gana importancia

En un momento en el que los bajísimos tipos de interés han obligado a muchos inversores a asumir más riesgo del que les gustaría, la gestión del riesgo se convierte en una herramienta clave para los fondos de pensiones, ya sea a través de una mayor diversificación por clase de activo (63%), la inversión dinámica (59%), la inversión en factores de riesgo (50%) y la gestión de la duración (43%).

El estudio identifica dos grandes tendencias en este sentido. “Por un lado, la gestión del riesgo ya no se basa tanto en cubrir las posiciones de los riesgos de cola sino en integrarla en la construcción y la ejecución de la cartera a través de la inversión dinámica. Por otro lado, en un entorno de represión financiera el pasado ya no es una buena guía para el futuro, por lo que resulta prioritario tanto anticiparse a los nuevos riesgos como gestionar los antiguos”.

La inversión dinámica dominará la asignación de activos

En un entorno de débil crecimiento y elevada volatilidad, los fondos de pensiones se enfrentan al doble reto de generar retornos elevados en términos absolutos y gestionar los riesgos vinculados a sus pasivos. El estudio apunta a que, en los próximos tres años, la asignación de activos se centrará en tres grupos.

“El primero cubrirá las acciones globales que repartan buenos dividendos y registren bajos niveles de deuda, un fuerte poder de fijación de precios, un elevado flujo de caja libre y una alta ROE. El segundo cubrirá activos reales como propiedades inmobiliarias e infraestructuras. Y el tercero cubrirá bonos de alto rendimiento y crédito alternativo como préstamos sénior, deuda mezzanine, títulos a tipo de interés variable o deuda distressed”, explica Rajan, que ve poco probable que los fondos de pensiones sobreponderen sus carteras en deuda soberana desarrollada o emergente, “a menos que las perspectivas económicas sufran un deterioro notable”.

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