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¿Qué hacer ante un downgrade de Estados Unidos? ¡Compre bonos del Tesoro!


 

La historia ya la conocemos. En agosto de 2011, Standard and Poor’s recortó la nota crediticia de la que era considerada hasta entonces la economía más segura del mundo. El mercado reaccionó eufóricamente y las bolsas cayeron mientras los bonos incrementaron su valor.

Lo paradójico es que mientras el nivel de deuda sobre el PIB se estima sobrepase el 110% a mediados de este año, los bonos del gobierno americano continuarían siendo el activo refugio favorito para los inversionistas, a pesar de que los riesgos de crédito de largo plazo, cada vez sean más tangibles.

Para nadie es nuevo que invertir hoy en deuda de Estados Unidos de manera estructural representa perder dinero analizándolo por el efecto de tasas reales negativas. Lo anterior significa, simplificando las cuentas, que si un bono a 5 años paga hoy 0,8% EA y la inflación se encuentra en 1,8%, el inversionista tiene una pérdida real del 1,0% EA al final del año (ceteris paribus) por efectos de pérdida de poder adquisitivo.

Por lo que hay que preguntarse quién invertiría en una operación que a primera vista generaría retornos negativos y en activos sobrevalorados cuando, para este 2013, la gran apuesta será obtener retornos en los mercados de equity, particularmente en algunos emergentes que lucen interesantes por múltiplos. La respuesta es simple: hay que defender el valor del portafolio ante un shock de corto plazo y, lo mejor,es el riesgo cero.

Ahora bien, ¿por qué se daría este efecto? Existen dos posibles respuestas a este fenómeno. La primera tiene que ver con que pese al recorte de nota crediticia, EE.UU continúa siendo la potencia global y su capacidad de pago continúa siendo altísimamente probable, pese a sus actuales dificultades en materia de endeudamiento. La segunda explicación tiene que ver con la capacidad que tiene el mercado de bonos soberanos americanos para absorber recursos de los inversionistas, dado que es considerado el mercado de mayor profundidad a nivel global y, quizá, el único capaz de atender la demanda de los inversionistas sin que se generen sobrevalorizaciones, dada la alta oferta de emisiones a diferentes años.

Los inversionistas, al considerar estos dos factores y al ver que en momentos de incertidumbre es mejor contar con el capital al cabo de un tiempo que perder parte o la totalidad en el proceso, están dispuestos a recibir las bajísimas rentabilidades que pagan estos instrumentos con tal de tener la certeza de que el dinero estará bien cuidado en manos del gobierno americano, con lo cual, prácticamente se está pagando por la custodia del mismo.

Claramente, lo anterior debe ser entendido como una estrategia de corto plazo y defensiva, derivada del efecto del repricing que genera un evento de recorte de nota crediticia. Este elemento servirá para proteger el capital mientras se generan mejores momentos de entrada en activos que sí generan valor en el tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

 

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