¿Qué consecuencias van a tener los tipos negativos en la eurozona sobre el mercado global de renta fija?


Las gestoras internacionales siguen observando con lupa el inédito fenómeno de los tipos negativos en la renta fija de la eurozona. Mark Nash, responsable de gestión multi-sector global de Invesco AM y Nicholas Wall, gestor de la firma, estudian el comportamiento del mercado en los próximos meses y realizan una serie de conclusiones sobre las probabilidades que tiene el BCE de conseguir sus objetivos. 

Nash y Wall recuerdan que, al haber llevado la tasa de depósito a terreno negativo, el BCE está intentando incentivar a los bancos europeos para que concedan más crédito, y a los inversores para que asuman un riesgo de crédito mayor, partiendo de la tesis de que si los activos de menor riesgo ofrecen retornos negativos deberían impulsar la rotación hacia activos más arriesgados que ofrezcan un retorno potencial superior. “Hemos visto esta dinámica funcionando a lo largo de Europa e incluso fuera de la eurozona, en Dinamarca y Suecia, y de forma más general en Reino Unido y EE.UU.”, indican los expertos, que consideran que añadir el QE europeo a esta primera medida “hace que el impacto sea todavía más poderoso”. 

Entre los efectos de este paquete de estímulos cuantitativos, los representantes de Invesco se fijan en primer lugar en el impacto sobre la curva de la deuda alemana: “La tasa negativa de depósito y el QE del BCE probablemente van a dejar una gran huella sobre la curva de la deuda soberana alemana, que se irá a negativo. Debido a que la inversión alternativa es una tasa de depósito negativa del 0,2%, comprar bonos alemanes a tipo negativo (menos negativo) no parece tan severo para los inversores”, explican. Ponen como ejemplo de esta tendencia a Suiza y Dinamarca, que han situado sus respectivas tasas de depósito en el -0,75%, mientras que la deuda suiza a cinco años cotiza en el -0,4% y la danesa al mismo vencimiento al -0,1%. 

Otro de los efectos colaterales del QE del BCE que indican Nash y Wall es que los inversores han decidido redoblar su apuesta regional: “En un mundo globalizado donde el dinero es libre de cruzar fronteras internacionales, los inversores han estado tomando posiciones en deuda con rentabilidad muy baja o negativa con la esperanza de que se volverá más negativa, generando ganancias de capital”. Asimismo, observan que la caza de rentabilidad ha empujado a los inversores más “viajeros” en primer lugar hacia otros países europeos con divisa distinta del euro que presenten fundamentales domésticos aparentemente no justificados por la baja rentabilidad, como Suecia o Polonia, y en menor medida hacia Reino Unido o Estados Unidos… lo que a su vez ha deprimido las tires de sus respectivos bonos. 

Los expertos interpretan estos movimientos como la antesala de la rotación hacia otras regiones: “De hecho, los tipos de interés negativos combinados con los actuales superávit por cuenta corriente pueden llevar a una salida masiva de flujos en euros, al buscar los inversores retornos mayores en el extranjero”. A continuación, entran en más detalle sobre esta afirmación: “La débil demanda doméstica de la eurozona ha resultado en un superávit por cuenta corriente de entorno al 2% del PIB al año, lo que significa que Europa tiene en efecto cada año un 2% de su PIB para invertir. Con las alternativas de inversión hundiéndose en casa, y la liquidez buscando ya rentabilidad, podríamos ver una tremenda cantidad de fondos de inversión europeo que buscan oportunidades al otro lado del charco en los próximos años”. 

¿Tendrá éxito el BCE? ¿Qué riesgos ha generado?

La autoridad monetaria europea tiene la pretensión de terminar su programa de adquisición de activos en tiempo y forma, es decir, gastando 60.000 millones al mes hasta septiembre de 2016. Ahora bien, ¿tendrá éxito en su misión de sacar a flote la inflación? “La efectividad de esta política ultra laxa es cuestionable para Europa”, responden los expertos de Invesco AM. En su opinión “una toma excesiva de riesgo podría ser un problema, al prestar los inversores a unos niveles de rentabilidad que no compensan los riesgos potenciales, haciendo que el capital esté disponible para prestatarios no confiables”. 

Otro posible riesgo es la gestación de burbujas en los mercados que desestabilicen el sistema financiero. “En Europa, la situación con los tipos de interés negativos es especialmente extrema dado que la regulación requiere niveles estrictos de inversión en renta fija entre las compañías de pensiones y seguros”, observan desde la gestora, para a continuación concluir sobre este punto que “los tipos negativos y las rentabilidades muy bajas pueden poner cada vez más difícil a aseguradoras fondos de pensiones generar retornos futuros garantizados”. Por tanto, el peligro para estos grandes inversores institucionales es que se queden infradotados y que no puedan cumplir con sus objetivos, lo que podría eventualmente “llevándoles a la insolvencia o incluso acabar costándole al contribuyente”, alertan Nash y Wall. 

El dúo de expertos también se muestra escéptico con la capacidad para reactivar la afluencia de crédito, que como se ha visto en la mayor parte de la eurozona depende directamente del sistema bancario. “Han disminuido los ratios de capital y también lo ha hecho la capacidad de préstamo de los bancos”, observan al respecto. A esto se añade que el endurecimiento de los requisitos para facilitar préstamos están obstaculizando la concesión de crédito a las pymes, que son las responsables de la mayor parte de la creación de empleo en Europa. Y también hay que tener en cuenta una tercera derivada, que los tipos negativos erosionan los márgenes de los bancos, lo que reduce su voluntad de prestar dinero. “Por consiguiente, es improbable que la oferta de crédito aumente mucho, bajo nuestro punto de vista, con independencia de la política extrema del BCE”, concluyen los expertos en este punto. 

La visión de la gestora es que la actuación de la institución que preside Mario Draghi “puede crear severas consecuencias para todos los bancos centrales desarrollados”, al provocar el desplazamiento de grandes flujos de capital y alterarse a su vez el tipo de cambio. “Estos flujos hacen que suban los tipos de cambio de otros países frente al euro y, al hacerlo, dañan su competitividad al exportar y reducen los precios de importación. Dado el tamaño de la eurozona en relación con estos mercados locales, es una tarea difícil no importar la deflación de Europa”, alertan Nash y Wall, quienes consideran que esto obligaría a su vez a los bancos centrales de estos países a tomar medidas con las que depreciar sus divisas. Suiza, Dinamarca, Suecia, Polonia, Noruega, Hungría y la República Checa ya han tenido que  recortar sus tipos de interés en lo que va de año. 

Empresas

Otras noticias relacionadas


Lo más leído

Próximos eventos