¿Pueden los traspiés de las bolsas chinas ensombrecer a la renta variable a nivel global?


Al igual que sucedió en verano con el “lunes negro” de agosto, días después las gestoras internacionales siguen digiriendo el desplome de las bolsas chinas con el que se ha inaugurado el año. Si bien el mayor objeto de preocupación en las últimas jornadas ha sido el comportamiento del yuan y la previsible continuación de su depreciación, muchos expertos están prestando también atención al impacto de las ventas sobre la renta variable global. 

Russ Koesterich, estratega jefe de BlackRock, se encarga de ponerse en primer lugar en la piel de un inversor en activos estadounidenses: “Aunque China ha sido el centro de la ansiedad de los inversores, se podría discutir que la reacción a las ventas en renta variable China fue exagerada. De hecho, pocos inversores estadounidenses tendrían exposición al mercado de acciones nacionales chinas”.

En cambio, el experto cree que los inversores interesados en EE.UU. “están luchando con desafíos más prosaicos”. Uno que afecta directamente a esta clase de activo es la caída de las expectativas de beneficios: Koesterich recuerda que, desde el final de la temporada de resultados correspondiente al tercer trimestre, las estimaciones de beneficios para el cuarto trimestre han caído del 1% al 3,7%, mientras que las estimaciones para 2016 han pasado del 10,3% al 7,6%. “Sin el impulso de la política monetaria acomodaticia de la Reserva Federal, las ganancias de la renta variable dependerán del crecimiento de los beneficios. Por tanto, hasta que veamos algo de mejoría en las expectativas de beneficios, será difícil que las acciones estadounidenses hagan progresos de forma constante”, asevera. 

Existe un problema añadido, a ojos del estratega: “Desafortunadamente, las compañías estadounidenses están afrontando varios obstáculos a sus esfuerzos por hacer crecer los beneficios. El dólar fuerte continúa siendo uno de ellos. En añadidura, es probable que los márgenes de beneficio se contraigan en un entorno de firme crecimiento salarial”.

En cambio, las perspectivas para la renta variable arrojan más luz, según la visión del Comité de Inversiones de Mirabaud. Sus expertos afirman que “la depreciación del yuan y el derrumbe del parqué chino son un claro reflejo de los temores que está generando la desaceleración de la segunda mayor economía mundial y su impacto negativo en el crecimiento global”. Sin embargo, declaran no compartirlos, “aunque somos conscientes de que han provocado una importante caída en el mercado de renta variable y, claramente,  las distintas medidas anunciadas por el Banco Popular de China hasta ahora han tenido poco efecto en la estabilización de los mercados financieros, dando lugar a gran confusión”.

La postura de la firma es que, a pesar de la abundancia de noticias negativas, las ventas en China no tendrán un efecto contagio acusado sobre la renta variable europea. A su vez, ésta clase de activo presenta bajo punto de vista más catalizadores de crecimiento que la estadounidense: “La eurozona se seguirá beneficiando de medidas de flexibilización adicionales por parte del BCE, la caída del euro y la ampliación de las valoraciones”, resumen desde la gestora suiza. De hecho, sus expertos recomiendan aprovechar el ajuste actual del mercado para comprar acciones de compañías europeas. 

Craig Botham, economista de Schroders especializado en mercados emergentes, opta en cambio por analizar las implicaciones del desplome bursátil sobre la propia economía china. Recuerda el fuerte componente psicológico de la corrección de los primeros días del año, provocado por el levantamiento de la restricción a las ventas de participaciones superiores al 5% y la introducción posterior del sistema de cortocircuito con el que se suspende la sesión si las caídas bursátiles superan el 7% (rápidamente retirado por las autoridades chinas): “Desde la suspensión del sistema de cortocircuito, y desde que expirasen las reglas que restringían las ventas de grandes accionistas, las caídas del mercado han sido mucho más pequeñas que las de los tres primeros días del año. No decimos esto porque somos alcistas con el mercado de renta variable chino, sino para demostrar que la debilidad en él no apunta hacia una debilidad de la economía en su conjunto. Esto es, la debilidad renovada es técnica, no fundamental”. 

Esta observación permite a Botham afirmar que lo que suceda en la bolsa china, a diferencia de en otros mercados, no tiene un gran impacto sobre la economía del país: “El efecto riqueza es mucho más pequeño que en EE.UU., dada la tasa mucho más baja de accionistas”, indica. El economista añade que, “como indicador de la salud macroeconómica global, el mercado de renta variable china cuenta con muy poca información adelantada”. 

De esta forma, la conclusión del experto de Schroders es la siguiente: “No estamos preocupados por la debilidad del mercado de renta variable en China, y no vemos que haya una debilidad macro renovada más allá de la caída en los datos sobre producción por el cierre de fábricas para combatir a la contaminación”. En este escenario, Botham considera que la mayor fuente de preocupación es la posible debilidad del yuan chino, “dada la deflación que exporta”. 

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