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¿Propósito de enmienda?


Desde el 18 de febrero del presente año el precio de la deuda venezolana denominada en dólares ha tenido una espectacular recuperación, que se pone de manifiesto en la subida del 30% del bono Global Venezuela 22, o en la caída del 40% de la prima de riesgo del CDS de la República a 10 años, de niveles de 1600 puntos básicos, a finales de febrero, 932 puntos básicos en la semana que recién termina.

Los reportes de bancos de inversión y empresas de análisis económicos que hacen seguimiento frecuente a estos instrumentos, coinciden en que la recuperación está basada en las medidas económicas que podrían tomar los llamados “pragmáticos”, que parece que en este momento lideran el gabinete económico.

Si bien, todos los formadores de opinión coinciden en que la devaluación concretada a través del SICAD II mejora las finanzas del ejecutivo y de PDVSA, y que existen importantes fondos parafiscales en dólares. Las opiniones divergen en relación a, por un lado, la voluntad del ejecutivo en utilizar esas “reservas en dólares” para apuntalar las transacciones comerciales cotidianas, y a la verdadera intención en tomar medidas incomodas desde el punto de vista político, pero necesarias desde el punto de vista económico, como puede ser el incremento del precio de la gasolina.

Los optimistas sostienen que como tenemos un ajuste económico silente, ejecutándose desde principios de año pasado, el costo político de tales medidas ya ha sido pagado por adelantado, y en consecuencia sería una tontería no aprovechar el momento para ejecutar tales medidas.

Los pesimistas piensan que el gobierno ha aprendido algunos trucos como el financiamiento en bolívares de PDVSA y las empresas básicas, los cuales están tentados a seguir usando aunque sus finanzas hayan mejorado producto de la devaluación.

La aplicación de un paquete ortodoxo no es esperable dado el menguado capital político que el gobierno goza en este momento, y en situaciones como está surge una palabra que los macroeconomistas ven con mucha desconfianza y está es gradualidad.

Gradualidad es lo que piden los políticos en funciones gobierno cuando discuten con los tecnócratas, los cuales a su vez les recuerdan que la diferencia entre esta palabra e inacción puede ser muy pequeña. Gradualidad es a lo que temen los poseedores de bonos soberanos, ya que el diferimiento aumenta las percepciones de riesgo golpeando el precio de los títulos.

Los optimistas sostienen que aun “gradualmente” los ajustes económicos vienen, y los pesimistas están casi convencidos que no hay lo que los católicos llaman propósito de enmienda. Sin tal propósito, los precios de la deuda venezolana denominada en dólares se quedarán sin la gasolina necesaria para llegar al reino de los cielos.

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