¿Por qué son las infraestructuras el nuevo objeto de deseo de aseguradoras y fondos de pensiones?


Al contrario de lo que dé pie a pensar su nombre, RARE son las siglas de Risk Adjusted Returns to Equity. Esta boutique australiana especializada en infraestructuras – de hecho cuenta con el mayor equipo de gestores y analistas dedicados únicamente a infraestructuras del mundo- es una de las últimas adquisiciones de Legg Mason Global AM. 

Su fondo estrella, el RARE Infrastructure Value Fund, está atrayendo la atención de numerosos inversores institucionales españoles, tal y como detalla Javier Mallo, responsable de ventas de la gestora para España y Portugal. Éste explica que RARE ha marcado dos diferencias respecto a otras boutiques que ha ido incorporando la firma a su modelo de negocio: un interés casi inmediato por parte de inversores españoles, y la amplia aceptación de una clase de activo que en España aún no es tan popular como en el resto de Europa, y que ofrece numerosas ventajas en el entorno actual de mercado. 

De hecho, RARE puede presumir de que, de los 6.500 millones de dólares de patrimonio que tienen actualmente, dos tercios está en manos de inversores institucionales. A su vez, un 75% de esa proporción es exclusivamente dinero de fondos de pensiones y seguros. Nick Langley, fundador y co-consejero delegado y co director de inversiones de RARE, explica que típicamente los fondos de pensiones interesados en infraestructuras – de momento la firma tiene mucho dinero de inversores australianos y canadienses- quieren asignar entre un 5% y un 15% de su cartera a esta clase de activo.   

Atractivo ahora y dentro de cinco años

¿Por qué están mostrando este tipo de institucionales un entusiasmo tan grande por la inversión en infraestructuras? Son varias las ventajas que subrayan desde la boutique, teniendo en cuenta el entorno actual de mercado: protección contra la inflación, un rendimiento superior a otras clases de activos y descorrelación. El objetivo de RARE es batir al benchmark del fondo, que es inflación del G-7 más el 5,5% después de comisiones. 

En la firma tienen tan presente los retornos actuales como los futuros, pues su horizonte de inversión suele situarse típicamente en los cinco años. Así, uno de los factores que tienen en cuenta a la hora de determinar los rendimientos de sus inversiones es la evolución de la renta fija, pues quieren que sus productos ofrezcan una rentabilidad que sea capaz de conservar un atractivo superior a la deuda en dicho periodo de tiempo. Actualmente, los analistas de RARE sitúan al bono estadounidense a diez años en el 4% en 2021, por lo que consideran que, si sus productos ofrecen un 5%, siguen siendo interesantes incluso en un entorno de tipos al alza. 

También se constata la aparición de tendencias seculares que van a seguir estimulando la demanda de infraestructuras. Por un lado, comenta Langley, muchos países desarrollados necesitan reformar o reemplazar parte de sus infraestructuras, y para poder lograrlo están recurriendo a capital privado que esté dispuesto a financiar parte de los proyectos. Por otro lado, el crecimiento de la clase media en países emergentes – especialmente China, India y Brasil- está guiando la demanda de infraestructuras inexistentes en estos países, especialmente carreteras, aeropuertos y redes eléctricas y de gas. 

Finalmente, el co-consejero delegado de RARE indica que el segmento de infraestructuras está registrando un auténtico boom de fusiones y adquisiciones, al tiempo que el universo se está ampliando con el debut de nuevas compañías, fruto generalmente de spin offs o de ventas de participaciones que eran de propiedad gubernamental. 

Proceso de inversión 

RARE invierte exclusivamente en compañías de infraestructuras cotizadas para garantizar la liquidez de sus carteras. Además, considera que las valoraciones de las cotizadas son mucho más atractivas que los precios que se están pagando por compañías de capital privado. La firma establece cuatro categorías según su perfil de rentabilidad/riesgo (de menor a mayor riesgo): infraestructura social y para la comunidad (escuelas, hospitales), activos regulados (redes eléctricas y de telefonía, tuberías), activos pagados por usuarios (carreteras, puertos, aeropuertos, ferrocarril) y activos competitivos (logística, exploración, yacimientos de fuentes de energía). 

La boutique sólo invierte en los activos regulados y en los de pago, porque considera que son los que ofrecen retornos más atractivos sin asumir riesgos extremos y con un nivel suficiente de liquidez. Además, suelen incrementar en momentos de estrés del mercado la asignación a utilities y otros segmentos regulados, por su carácter defensivo. 

“El riesgo regulatorio es el mayor riesgo para nosotros”, admite el experto en este punto. “Preferimos invertir en países donde el gobierno y el regulador estén separados, porque el gobierno aprueba las leyes y el regulador las implementa o puede emitir advertencias”, añade Langley. El enfoque de RARE para afrontar estas situaciones es sencillo: “Si vemos algún tipo de amenaza, podemos vender y esperar a que se resuelva”. Langley pone como ejemplo a Red Eléctrica: la firma llevaba muchos años invertida en el valor, pero lo vendió en 2013 y esperó hasta 2015 para volver a comprarlo. El representante de RARE argumenta que “lo que quieren los clientes son retornos estables todos los años, si no sabemos la regulación no podemos saber los retornos”. 

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