¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?


En estos días navideños tan entrañables y evocadores, vuelve a la actualidad un debate también “entrañable”: el del asesoramiento y la gestión. Parece casi el título de una de esas fábulas que leíamos de pequeños: El zorro y la cigüeña o La cigarra y la hormiga.

¿Por qué empeñarnos en mezclar ambos servicios de inversión? ¿Por qué no denominar a cada cosa por su nombre y así evitar equívocos en un sector, el financiero, tan dado a los mismos? ¿Es que un inversor no tiene ya suficientes problemas con que, según un estudio recientemente publicado por Bianco Research LLC y Bloomberg, 2015 haya sido el peor año para el “asset allocation” desde los años 30 del siglo pasado, en el que ningún activo ha funcionado? ¿Es que a un inversor no le vale ya con encontrarse, según Morgan Stanley, con el peor y menos prometedor entorno de rentabilidad-riesgo de las últimas décadas de cara al ejercicio que ahora empieza?

Pues no. Los financieros una vez más debatimos sobre una cuestión estéril, probablemente para no tener que abordar las anteriores cuestiones, sin duda mucho más difíciles de explicar. La gestión y el asesoramiento son dos servicios de inversión totalmente diferenciados. Tanto es así que, mientras la gestión ha sido desde siempre un servicio de inversión regulado por la normativa del Mercado de Valores, el asesoramiento empieza a ser considerado como tal, tan sólo a partir del año 2007 y tras la aprobación de MiFID (Markets in Financial Instruments Directive, normativa armonizadora europea sobre mercados e instrumentos cuya segunda versión se prevé aprobar en los próximos semestres, la conocida como MiFID II).

Es evidente que una EAFI puede asesorar a un particular, a una sociedad anónima o limitada, a un fondo de inversión, a una sicav o a un plan de pensiones. Lo que no puede hacer es gestionar, porque para eso, entre otras cosas, están las gestoras. Quienes arguyen, como recientemente se ha podido leer en prensa especializada, que “para las pequeñas firmas de asesoramiento financiero este tipo de colaboración [acuerdo entre gestora y asesor para la gestión de un fondo o una sicav] les permite ganar visibilidad, (…) y contar con una IIC con su sello personal hace que se ponga en valor sus capacidades de gestión [de las EAFI]”. ¿Pero no quedábamos en que las EAFI no gestionan?

En mi opinión, el problema no es semántico, sino mucho más profundo: la gestión implica la delegación y como tal, la responsabilidad por parte de la entidad gestora de las decisiones que toma para tratar de obtener la mejor rentabilidad posible para un perfil de riesgo dado y unas restricciones marcadas. El asesoramiento, por su parte, implica que el asesor es responsable de buscar la mejor solución, dentro de todas las alternativas que ofrece el mercado (instrumentos, productos) para un determinado inversor en un momento concreto, en función de cuáles sean sus necesidades particulares. Pero es el inversor el que toma las decisiones apoyándose en las recomendaciones formuladas por el asesor, siendo él [el inversor] quien decide en última instancia si sigue ese consejo concreto o no. Además, el asesoramiento si es independiente, conllevará otras dos restricciones: que no pueda ser remunerado por retrocesiones ni por cualquier otra fórmula diferente a la retribución explícita satisfecha por parte del cliente a quien se presta el servicio, y poder trabajar con cualquier entidad, sin ningún tipo de restricción.

A mi juicio, que una EAFI aconseje la gestión de un fondo o una sicav es absolutamente legítimo, siempre que ese asesoramiento verse sobre cuestiones concretas en que la gestora precisa de asesoramiento externo, por ejemplo, la selección de fondos de inversión o el asset allocation. Pero será la gestora no la que ejecute, sino la que tome sus propias decisiones, puesto que es éste su mandato, considerando las recomendaciones de sus asesores y actuando conforme a éstas o no. Otro requisito sería, en mi opinión, que la gestora, el fondo o la sicav (según el tipo de acuerdo sobre el que verse el asesoramiento) sea quien remunere al asesor expresamente, sin que vaya ligada dicha remuneración a la comisión de gestión.

Si lo anterior no se cumple y la gestora ejecuta todas las recomendaciones del asesor, y el asesor recomienda a sus clientes que inviertan en ese fondo o en esa sicav y, además, la EAFI se remunera mediante retrocesiones que la gestora le paga derivadas de la propia comisión de gestión, no estaríamos, en mi opinión, exactamente ante un asesoramiento y mucho menos puede calificarse éste de independiente.

Como dice el aforismo anglosajón, “el diablo está en los detalles”…

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