¿Quiere saber por qué la bolsa americana lleva 10 años comportándose mejor que la europea?


Mucho se ha especulado sobre los motivos que han provocado el peor comportamiento relativo de la bolsa europea frente a la americana a lo largo de los últimos años. Grecia, la crisis de deuda europea o la incertidumbre política son algunas de las causas que se han esgrimido para justificar la evolución menos favorable de la renta variable del Viejo Continente. Aunque hay pocas dudas de que todo esto ha tenido una cierta influencia sobre la visión que los inversores han mantenido del mercado europeo, en realidad podría existir una explicación mucho más sencilla que nada tendría que ver con todo el ruido que se ha generado en torno a la región y que, de cara al futuro, podría servir a los inversores para entender cuáles son los factores que en realidad explican el comportamiento del mercado de renta variable.

La ha revelado en su última presentación trimestral con periodistas Manuel Arroyo, director de Estrategia para España y Portugal de J.P.Morgan AM, una gestora que en los últimos años siempre se ha mantenido firme a la hora de defender su predilección por la bolsa americana, un posicionamiento que finalmente ha demostrado ser el correcto en términos de rentabilidad. Ni siquiera los múltiplos a los que cotiza ahora el mercado americano hacen que la entidad haya cambiado sus preferencias. La gran apuesta sigue siendo EE.UU. y eso que la renta variable americana se ha estado comportando mejor que la bolsa global desde hace ya diez años (gráfico 1 a la izquierda). Según Arroyo, la principal razón por la que la bolsa americana lo ha hecho mejor que el resto es porque los beneficios por acción en EE.UU. han sido superiores, por lo que no debería sorprender su comportamiento (gráfico 2 a la derecha: fuente: Guide to the Markets 2T17, J.P.Morgan AM).

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El grafismo permite arrojar aún más luz sobre este asunto. Por ejemplo, comparando la subida registrada en la última década del beneficio por acción (BPA) del S&P 500 con la rentabilidad ofrecida por el índice (gráfico 3 a la izquierda). El alza del S&P 500 ha ido acompañada del crecimiento de los beneficios empresariales. La correlación entre ambas variables es casi perfecta. La pregunta resulta obligada: ¿por qué seguir apostando por EE.UU. si tan evidente resulta que las valoraciones relativas que ofrece la bolsa europea son más atractivas que las de la americana? La respuesta a esa pregunta obliga a desmontar un mito y dejar clara cuál es la realidad. Y la realidad, plasmada en cifras, refleja que en Europa la correlación entre la evolución del BPA y el MSCI Europe no se aproxima tanto como en EE.UU. De hecho, desde 2013 se ha desacompasado y el índice ha subido sin que el BPA lo hiciera (gráfico 4 a la derecha: Guide to the Markets 2T17, J.P.Morgan AM).

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Sin embargo, lo importante es el futuro. A fin de cuentas, es lo que más le interesa al inversor, tanto al que está dentro del mercado como al que no. Tal y como explica Arroyo, para 2017 las expectativas del consenso de mercado son de crecimientos de los beneficios empresariales del orden del 9-10%. “Las empresas que ya han publicado resultados muestran que los números son buenos, estando en línea o batiendo expectativas. Estados Unidos está en un fase madura del ciclo, eso parece bastante evidente, y lo que preocupa son los márgenes –que están en máximos- y, sobre todo, el aumento de los costes laborales –una de las consecuencias de que la tasa de desempleo esté en mínimos es el aumento de la presión salarial, que tendrá un impacto en costes para las empresas”-.

Como contrapunto a estas preocupaciones, Arroyo cita el positivo entorno macroeconómico que vive –EE.UU. va a seguir creciendo-, el repunte de la inflación –que aleja el fantasma del riesgo de deflación-, la estabilidad del dólar y del precio del petróleo y la reforma fiscal. A su juicio, este último punto es muy importante de cara al futuro, ya que las estimaciones de crecimiento de los beneficios empresariales para este año no están teniendo en cuenta la reforma fiscal que acaba de promulgar Donald Trump, una iniciativa cuya implantación sería a finales de 2016 y, por lo tanto, impactaría en los resultados empresariales de 2017. “No se debe pensar que las compañías americanas van a aumentar sus beneficios este año porque van a bajarles los impuestos. No es así. Este factor todavía no está incorporado en los análisis de prácticamente nadie”, subraya el experto.

¿Significa esto que hay que descuidar la bolsa europea? Pues, -según Arroyo-, no, y menos aún teniendo en cuenta que todo apunta a que este año vamos a ver crecimientos de los beneficios empresariales en Europa. “Es cierto que las expectativas de los analistas de beneficio por acción son a principios de año muy elevadas y que, a medida que transcurre el ejercicio, se suelen ir ajustando. No es algo extraordinario. Sucede todos los años y no solo en Europa, sino que también en EE.UU. Sin embargo, este año parece que las expectativas no se están rebajando de manera drástica, como ha ocurrido otros años. De hecho, en 2017 se han moderado menos que en los cuatro años anteriores (ver gráfico 5). Eso nos induce a pensar que va a ser un buen ejercicio para las compañías europeas. En un entorno de crecimiento de la economía mundial del entorno del 3%, las empresas europeas lo van a seguir haciendo bien”, concluye.

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Fuente de los gráficos: Guide to the Markets 2T17, J.P.Morgan AM.

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