¿Por qué a los mercados les preocupa la caída del precio del petróleo si es buena para la economía?


A los economistas les encantan las reglas de tres. Una de ellas podría aplicarse hoy. Según esta, una caída sostenida de los precios del petróleo del 10% provocaría un incremento del PIB mundial anual del 0,2% para los próximos dos años. Pero decir que los mercados no han tenido en cuenta esta regla a la hora de reaccionar ante las últimas caídas del precio del mismo es, cuando menos, un eufemismo. ¿Se trata de una regla equivocada o es que los mercados están prestando más atención a otras cosas? Según Lucy O'Carroll, estratega macro de Aberdeen, las reglas de tres ya no son lo que eran. Cuando los precios energéticos comenzaron a caer a mediados de 2014, se asumió que los efectos para la economía mundial serían positivos. Pero –según la experta- hay al menos cuatro razones por las cuales esta regla de tres puede no funcionar bajo las condiciones actuales.

1.- Se está asumiendo que la caída en precio viene motivada sólo por el lado de la oferta: partiendo de la base de que una menor oferta refleja una mayor debilidad económica (que en cierto modo es así), entonces el efecto positivo sobre el crecimiento se vería neutralizado.

2.- Los bancos centrales no están contribuyendo al efecto de estos precios como solían hacerlo en el pasado: los bajos precios energéticos favorecen la baja inflación. Las inyecciones monetarias tienen un efecto mucho menor del deseado si la inflación ya es de por sí muy baja y, además, los tipos de interés están por los suelos.

3.- Los efectos distributivos de la riqueza que provoca la caída de precios puede que hayan cambiado: tradicionalmente se ha considerado que la caída de precios de la energía impulsan el crecimiento porque redistribuyen la riqueza trasladándose desde los países con menor propensión al consumo (como los Estados de Oriente Medio) a aquellos con menores ingresos y mayor propensión al consumo (como los países occidentales). Sin embargo, el auge de las nuevas técnicas de extracción como el fracking pueden haber alterado este equilibrio puesto que el horizonte la de las inversiones por parte de los inversores se ha acortado y, por tanto, está más vinculado con el precio actual del petróleo. Por tanto, el aumento de gasto puede ser menor que en el pasado.

4.- Los movimientos del precio del barril pueden no tener un efecto lineal en la actividad global: La regla que habíamos establecido implica que a mayor caída de precios, mayor efecto positivo sobre la actividad mundial- Pero…. ¿y si esto no fuese cierto? El ajuste de precios que se ha producido desde 2014 ha sido tremendo: desde más de 40 dólares/barril y con perspectivas alcistas, ha romper la barrera de los 30 dólares y con posibilidades de que caiga aún más, en tan sólo 18 meses. El impacto en los productores (ya sean gobiernos o empresas) ha sido sustancial. Por lo que, mientras que unas caídas moderadas pueden tener un efecto de expansión vía los canales de consumo tradicionales, caídas de tal calibre podrían implicar una reducción del endeudamiento forzoso entre los productores (bien sea medidas de austeridad en los países de Arabia Saudí, bien quiebras de empresas energéticas americanas), lo cual tiene un impacto negativo en el crecimiento global, no positivo.

“Todas estas razones seguramente lo que hacen es modular la efectividad de nuestra famosa regla de tres, pero no la anulan. Excepto la cuarta razón, que sí que supone un riesgo a la baja en el crecimiento, las tres primeras razones ayudan a explicar por qué el efecto en el crecimiento de unos precios energéticos más bajos pueden más ser moderados o lentos que en el pasado. Pero no significa que la regla de tres no tenga razón de ser. La cuarta razón sí que es algo diferente. En el peor escenario podría ser un nuevo Lehman Brothers, donde vuelvan a verse afectados los bancos americanos, algún país haga impago de su deuda o la liquidación masiva de activos por parte de algún fondo soberano. Pero aunque el ‘escenario Lehman’ exista, no significa que sea muy probable”, afirma O’Carroll.

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