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Perú: ¿Mejores Reformas en el Sistema Privado de pensiones?


El desempeño del SPP ha sido positivo mirándolo desde muchas perspectivas de evaluación. Así, ha contribuido positivamente a nivel macroeconómico generando un mayor crecimiento de la economía a través principalmente del canal ahorro-inversión: se ha estimado que el PBI creció un 0.55% adicional como promedio anual durante el periodo 1993-2009.

Probablemente la contribución más destacable en el Perú ha sido en la obtención de altas rentabilidades para los fondos a partir de los aportes obligatorios, con lo cual se incrementó más aún el ahorro agregado y la inversión. Se ha dinamizado también el mercado de capitales, y el mercado de trabajo. Respecto a variables del sistema previsional, indicadores como número de reclamos, grado de satisfacción en la atención al cliente, gastos administrativos respecto a contribuciones son mejores en el SPP respecto al sistema público.

El SPP es aún un sistema joven. Faltan varios años para que se jubile la primera generación que haya aportado al SPP durante toda su vida laboral. Es importante tener en cuenta la seguridad y estabilidad del SPP. Las comparaciones y sus beneficios se harán más evidentes con el transcurso del tiempo.

A pesar de ello, existe cierta impaciencia que ha conllevado al planteamiento de las denominadas reformas. Los tres grandes temas que se han planteado son: la baja cobertura del sistema previsional, las carencia de suficiente competencia, y las supuestas altas comisiones que cobran las AFPs, las cuales no están reguladas en el régimen peruano.

Efectivamente la cobertura del sistema previsional peruano tanto del público como del privado es aún baja según indicadores comparativos internacionales. ¿Cuál sistema puede contribuir mejor y de manera sostenible al cierre de la brecha de cobertura previsional? La crisis europea se debe en parte al alto gasto público en pensiones, que sobrepasaba el 10% del PBI en varios de dichos países. Cerrar la brecha de cobertura vía mayores transferencias difícilmente sería sostenible. Más aún cuando la estructura demográfica en el Perú está cambiando rápidamente haciendo poco viable el financiamiento entre generaciones. La tasa de fecundidad ha bajado de 6 en 1970 a 2.6, y se espera que llegue a 2.1 en el 2025, estabilizando la población, y la esperanza de vida sigue aumentando; con lo cual habría un mayor número de personas en la tercera edad que jóvenes en la fuerza laboral.

Algunos analistas han propuesto la creación de un sistema mixto que permita regresar el sistema previsional peruano a un esquema solidario, con lo cual se añadiría un aporte obligatorio con capitalización individual colectiva o de reparto que garantice una pensión mínima para los jubilados del sistema. Esta propuesta tiene la enorme desventaja de mellar el sistema de incentivos en el mercado laboral al no incentivar la inversión en recursos humanos. Constituye una expropiación el esfuerzo y talento de las personas al obligar que parte de sus ingresos se constituyan en una transferencia a terceros.

Respecto al tema de percepción de falta de competencia, la discusión se ha centrado en el número de empresas que compiten y en el nivel de las comisiones. El régimen de ingreso al mercado es libre sujeto a un conjunto de requisitos administrativos. Para cubrir los costos fijos del negocio, un nuevo entrante necesitaría ganar una participación de mercado importante para poder ingresar con éxito. Sin embargo, el tamaño actual de mercado y la presencia de las AFPs existentes dificulta la viabilidad de dicha estrategia. El SPP debe ser sostenible y seguro. Una “guerra de precios” vía menores comisiones que lleve a la quiebra a alguna de las empresas puede comprometer la confianza en el sistema por parte de los afiliados, Se ha planteado en este tema la posibilidad de crear una entidad que centralice servicios comunes como facturación y cobranza con la intención de reducir costos, y por ende, las comisiones. Sin embargo, de ser ello relevante, sería un indicio que paradójicamente existe un espacio para fusiones entre empresas que conllevaría a una mayor concentración.

Existen pocos atributos del servicio de administración de los fondos en los que pueden competir entre sí las AFPs, dada la regulación del sistema que fija la mayoría de los atributos que influyen sobre la decisión del afiliado. Respecto a las comisiones, desde que se inció el SPP, éstas se calculan como un porcentaje de la remuneración. Ahora se ha planteado que dependan de la rentabilidad obtenida por la AFP en la gestión de los fondos. Ello que a primera vista parece razonable, en el sentido que la comisión dependa del desempeño de la AFP, tiene las inconveniencias de introducir una inestabilidad en las reglas de juego en el modelo de negocio, además de desalinear los objetivos de una buena gestión de los fondos de pensiones con los incentivos para maximizar la rentabilidad de la AFP. Las AFPs deben administrar adecuadamente los fondos de pensiones según las preferencias de riesgo y rentabilidad de los afiliados y no poner en riesgo las futuras pensiones en la búsqueda de mejores comisiones.

En conclusión, las reformas planteadas no parecen que contribuirán a resolver el problema de la brecha de cobertura en el país, y más bien pueden introducir elementos de riesgo para el sistema.

 

 

 

 

 

 

 

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