“Para seguir siendo creíble, el BCE necesitaría controlar el precio del petróleo”


Una confrontación de la evolución del precio del petróleo en los últimos dos años con las expectativas de inflación a cinco años en la eurozona (medidas por dónde indican los swaps a 5 años que estará la tasa de inflación) revela una fuerte correlación que hace concluir a Wolfgang Bauer, gestor de M&G Investments, que “parece que la política monetaria está adoptando un papel secundario, mientras que el precio del crudo está guiando las expectativas del mercado sobre el camino futuro de las tasas de inflación”. 

Cabe recordar que existe un vínculo directo entre ambas medidas, en el sentido de que el desplome del petróleo tiene un componente deflacionario que afecta directamente al objetivo del 2% de inflación del BCE. Sin embargo, Bauer considera que una correlación “casi perfecta (0,9 en los últimos dos años)” puede parecer “excesiva”, especialmente si se tiene en cuenta que, según la serie histórica, la correlación era mucho inferior (0,3) en los dos años anteriores. 

El experto considera que “el precio del petróleo parece ser la métrica dominante en la determinación de las valoraciones de los activos de riesgo”. Se refiere al papel de la commodity en las turbulencias recientes en los mercados financieros, que han provocado que los diferenciales del crédito con grado de inversión se ensancharan en 20 puntos básicos o que el saldo anual de las bolsas sea negativo en lo que va de año. 

“En este punto, parece que no importe mucho si el petróleo cae por la escasa demanda o por el crecimiento de la oferta. Recuerden cómo reaccionaron los mercados al levantamiento de las sanciones a Irán, sorprendentemente pronto”, observa Bauer, en referencia a que la previsión de que Irán bombease más crudo al mercado hizo sombra a los otros planes del país de abrir las puertas a inversores internacionales y de generar flujos de inversión. Al mismo tiempo, el gestor observa que tampoco se está valorando los efectos positivos de un petróleo más barato sobre países importadores como Alemania y su tejido industrial. 

“La obsesión del mercado con el precio del crudo es una mala noticia para el BCE, que es juzgado por su habilidad para conseguir que la inflación se acerque al 2% y promover la estabilidad del mercado. Por tanto, para seguir siendo creíble, el BCE necesitaría controlar el precio del petróleo”, especula el gestor. Claro está, a continuación recuerda que esa posibilidad va más allá de las responsabilidades del banco central… ¿o no?

“Quizá el BCE podría anunciar en su reunión de marzo que las compras de activos incluirán desde ahora al petróleo”, continúa especulando Bauer. Realiza el siguiente cálculo: el BCE está comprando 60.000 millones de euros al mes, lo que supone 2.000 millones al día. “Si sólo un 1% de esta cantidad, unos insolentes 20 millones de euros, se invirtieran en petróleo a un precio de 35 dólares el barril – en el lado más optimista-, esto se traduciría a un tipo de cambio de 1,1 dólares por euro en unos tímidos 630.000 barriles de petróleo al día”, explica. De esta forma, según el experto de M&G, el BCE compensaría la inyección prevista por Irán de 500.000 barriles al día. Otra de las opciones que propone Bauer es que el BCE compre futuros sobre el petróleo en vez del activo físico para intervenir el mercado. 

“Por su puesto, nada de esto sucederá en la realidad. Pero todos los defensores del mantra ‘el petróleo barato siempre es malo’ deberían pujar exactamente por esta, digamos, solución poco ortodoxa”, concluye Bauer. 

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