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Panamá: Estabilidad, potencial y riesgo limitado


Uno de los mayores aciertos de la era post Noriega fue la dolarización de la economía, excluyendo al país de las salvajes devaluaciones sufridas en la época de los noventa en Latinoamérica, lo que ha venido otorgando una cada vez mayor confianza a los inversores extranjeros.

Fiel reflejo de esto fue el conseguir el nivel de Investment Grade en el año 2010, en un entorno macroeconómico de tipos de interés mundiales históricamente mínimos, y, un crecimiento a velocidad de doble dígito únicamente comparable con China durante su máxima expansión. Y con un descenso del paro del 12% al 4,4% en 2012, sin duda el mayor desafío para la economía panameña será conseguir un aterrizaje suave y paulatino, lo que se conoce comúnmente como ¨soft landing´.

Y es que, en los últimos años, la inversión pública ha crecido a un ritmo de entre el 8% y el 10% sobre el PIB, lo que supone doblar en inversión a muchos de sus peer economies, y el crecimiento porcentual de su producción industrial en los últimos años ha situado al país entre las siete mayores economías a nivel mundial en este sentido, gracias a su ambicioso plan de desarrollo de infraestructuras.

El plan de infraestructuras de Panamá, para los próximos cinco años, cuenta con un presupuesto de 19,8 mil millones de dólares, además de la expansión del Canal. Otros proyectos destacables son el proyecto de cobre Minera Panamá (5 mil millones de dólares), el Metro de la ciudad (1,4 mil millones de dólares), el Plan Desarrollo de Carreteras (1,5 mil millones de dólares), el Programa de Saneamiento de la Bahía de Panamá (530 millones de dólares) y la construcción de la nueva terminal sur del aeropuerto por 210 millones de dólares, que supondría un flujo de 15 millones de pasajeros para 2016, estimándose un incremento de más de 50% con respecto al año 2012.

La envergadura de uno de los mayores proyectos de ingeniería a nivel mundial, así como la excelente gestión sobre el Canal desde su nacionalización en 1999, ha resultado clave para situar a su economía en el mundo, haciendo de este monumento de infraestructura, empresa comercial a nivel mundial, algo más que un simple bien de utilidad pública, como se imaginó en un principio.

El Canal de Panamá, supone una fuente de inversión pública y privada constante, la cual esta aún lejos de su máximo potencial. El año pasado aportó alrededor de 950 millones de dólares, a la tesorería del país, y, desde el año 2000, el monto se sitúa en 6.575 millones de dólares. Con una tasa de crecimiento anual compuesto, desde ese mismo año, de un 15,64% y una facturación récord de casi 3 millones de dólares por cada millón de tonelaje.

Si tenemos en cuenta la expansión de la tercera esclusa comenzada en 2007, y cuya finalización se espera en 2015, el Canal logrará doblar su capacidad actual permitiendo el paso de buques de mayor calado. Dicha expansión lleva aparejado un coste de 5.300 millones de dólares, lo que supone alrededor de 15% del PIB.

No resulta de extrañar su reciente nominación para los premios Príncipe de Asturias, en la categoría de cooperación internacional, por ser considerado un proyecto al servicio del “desarrollo económico y social de los pueblos”.

Entre los sectores más potentes conviene destacar a la banca, mostrando una alta correlación con el crecimiento del país a lo largo de los últimos años, el sector seguros, donde las primas tan solo en un año crecieron más de 8,5%, resultado del crecimiento de la renta per cápita, y por último el sector minero, muy beneficiado por una legislación favorable para la inversión extranjera, siendo una de las áreas más prometedoras de la economía.

El país tiene dos de los depósitos de cobre no desarrollados más grandes en el mundo, además de un enorme potencial en oro, plata y manganeso. El proyecto más grande es Cerro Petaquilla, clasificado entre los cinco complejos de mineral de cobre y oro de mayor tamaño del mundo actualmente.

Sin duda, la clave para mantener este sendero de crecimiento en Panamá vendrá de la mano de la inversión doméstica, y de la clase gobernante en el desarrollo futuro de políticas sociales que hagan disminuir progresivamente la mala distribución de la riqueza y mejorar el nivel de la educación. Una de las mejores maneras de obtener exposición a Panamá es a través de sus emisiones de deuda internacional, cuya curva se ha ido extendiendo hasta los 40 años y la cual goza cada vez de mayor liquidez, siendo los vencimientos medios los más atractivos como son el Panamá 2018 y el Panamá 2022.

 

 

 

 

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