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Otra vez nuestra cartera


Por petición de algunos lectores de esta columna, que se preocupan por los rendimientos de sus portafolios de renta fija en un mundo de bajas tasas de interés denominadas en dólares, decidimos construir en enero de este año, y a título estrictamente ilustrativo, un portafolio de inversión. Para ello nos planteamos hipotéticamente el caso de un inversionista en su fase de retiro y que dispone de 250 mil dólares para financiar parte de su cotidianidad.

Recordemos que para construir un portafolio de renta fija se juega con cinco variables, a saber: calidad crediticia, duración, moneda, movimientos a lo largo de la curva de rendimientos y apalancamiento financiero. No quisimos exponer a “nuestro inversionista” a estrategias que le obligasen a volverse un experto en macroeconomía internacional, por ello evitamos incurrir en riesgos de cambio comprando bonos en monedas distintas al dólar, como hacen los sofisticados administradores de fondos de mutuales. Asimismo, descartamos el apalancamiento financiero, porque sólo se consiguen bajos financiamientos en dólares cuando se mueve cantidades muy superiores a las que puede disponer un inversionista medio. Tampoco quisimos complicarle la vida obligándole a apostar a cambios en la estructura de tasas de interés, lo que se hace usualmente cuando hablamos de movimientos a lo largo de la curva de rendimientos.

En definitiva, nos concentramos en sacarle partido al hecho de que los bonos venezolanos denominados en dólares, son conocidos por los inversionistas locales  pagan altos rendimientos, cónsonos con su riesgo. Igualmente, nos enfocamos en la duración, característica de los bonos de renta fija que es una medida de la sensibilidad de su precio a los cambios en las tasas de interés (los precios de los bonos se mueven de manera inversa a los rendimientos que ofrecen).

Tomando en cuenta todo lo anterior, construimos el portafolio descrito en la tabla que acompaña este artículo, en el cual invertimos 253 mil dólares, con 25% en papeles especulativos, de muy baja duración (PDVSA 2015), y el resto en títulos ubicados en el segmento medio de los bonos de grado inversión que rinden un poco más que los papeles AAA, sin dejar de ser títulos de bajo riesgo crediticio.

Antes de contarles como nos fue luego de seis meses, vale la pena mencionar que toda la renta fija denominada en dólares tuvo un excelente desempeño en el semestre que recién termina. Los bonos corporativos de grado inversión tuvieron una ganancia de capital por el orden de 5,5%, los treasuries de larga duración (20 o más años) subieron alrededor de 11%; los bonos basura, muy sobrevaluados en opinión de muchos expertos, incrementaron su valor en aproximadamente 5%. Este resultado general es sorprendente, si consideramos que la expectativa a finales del 2013 era que las tasas de interés empezaran a subir muy temprano en el 2014.

La deuda venezolana denominada en dólares comenzó un rally de precios de un 30%, activado por el anuncio de apertura del SICAD II, y últimamente reforzado por la toma de control que hicieron los llamados pragmáticos del gabinete económico del Presidente Maduro. Las medidas económicas para cubrir el déficit fiscal, que es la gasolina necesaria para mantener el rally de precios, siguen sin aparecer.

Luego de seis meses nuestra cartera ha tenido una apreciación del orden de 2.78%, acumulando en cupones recibidos US$ 5.143,38 (1,94% de la inversión) y hemos generado intereses de US$ 2.144,22 dólares. El título de PDVSA ha dado un importante aporte al desempeño total, con la ventaja adicional de que se vence en 16 meses, por lo que en próximos meses veremos potenciada su apreciación en la medida en que el papel se acerque a su vencimiento. Cabe destacar que la expectativa de que Venezuela cumpla el servicio de su deuda financiera en los próximos dos años es alta. Más aún, si liquidásemos el portafolio hoy tendríamos una ganancia anualizada de 5.56%.

La combinación de papeles de corta duración y alto riesgo, con títulos de mediana duración y de grado de inversión nos permite elevar los rendimientos, y rebalancear ¼ de nuestro portafolio el año que viene adaptándonos a las tasas del momento.

La segunda mitad del año luce complicado, las tasas de interés en algún momento empezarán a subir, aunque de manera gradual, dado el tibio desempeño de la economía en EE.UU. A los bonos como familia de instrumentos de inversión se les agotan las posibilidades de experimentar ganancias de capital. Seguiremos informando.

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