Otra semana de vértigo para Grecia: las gestoras internacionales revisan la posibilidad de un 'Greccidente'


El calendario para Grecia tiene marcada para este viernes otra fecha crucial, la reunión del Eurogrupo. En ella se retomarán las negociaciones para desbloquear la ayuda de emergencia al país, cuyo siguiente vencimiento de deuda (747 millones) está fijado para el próximo 12 de mayo. La cuestión es que, si bien las elecciones generales griegas celebradas en enero contribuyeron a agitar el mercado, ahora en cambio los mercados están mostrando una actitud muy diferente aunque los problemas del país estén lejos de resolverse. De hecho, el Gobierno de Tsipras acaba de aprobar que obliga a los ayuntamientos a entregar sus reservas de liquidez para hacer frente a la deuda del país. Todo un indicador de la frágil situación que atraviesa la economía del país. ¿Se irá Grecia del euro?

“Pienso que la probabilidad del Grexit se ha incrementado en las últimas semanas. No creo que ocurra este año pero sí que posiblemente ocurra entre los próximos 3 a 5 años, pues en algún momento las duras reformas estructurales y la austeridad pueden tener un coste social y político demasiado alto", asegura Anna Stupnytska, economista global de Fidelity. A efectos de lograr un importante ajuste competitivo, la experta considera que podría ser más sencillo salir del euro y realizar dicho ajuste mediante una depreciación de la divisa. "Esto es lo que posiblemente ocurra en los próximos años. Por ahora hay mucha voluntad política para mantener dentro a Grecia, sobre todo por parte de Alemania. Pero al mismo tiempo, el muro de contención griego ha sido creado en los últimos años, motivo por el cual los mercados no están reaccionando realmente a las continuas tensiones. Creo que las instituciones tienen un gran poder de negociación y no serán las primeros en parpadear… será el gobierno griego quien lo haga".

Como indican los expertos de La Française JK Capital: “Grecia y sus acreedores siguen discutiendo amargamente sobre las reformas a emprender, todavía con muchos puntos de desacuerdo con respecto a las jubilaciones, al mercado de trabajo o al ritmo de las privatizaciones y por último sobre el desbloqueo progresivo del tramo de ayuda de 7.200 millones de euros. Los mercados han optado, sin embargo, por ignorar las  tensiones derivadas de la necesidad de refinanciar los vencimientos a corto plazo y se están centrando en la inflexión muy favorable de los indicadores económicos adelantados, con unos PMI alemanes y de la zona euro por encima de las previsiones y en niveles máximos desde mayo de 2011”. 

Para Eirini Tsekeridou, analista de renta fija de Julius Baer, los pocos avances de las últimas semanas “hacen que sea más probable que un acuerdo llegue a tiempo sólo para la reunión de mayo”. Tsekeridou observa que, a pesar de la fuerte resistencia del país en torno al formato de las reformas fiscales y de las pensiones, “las arcas de Grecia se están quedando sin dinero y hay vencimientos de más de 3.000 millones de euros para mediados de mayo, por lo que Atenas necesitará alcanzar pronto una solución”. 

Joe Benevento y
Joern Wasmund, co-directores globales de Renta Fija y Activos Monetarios de Deutsche AWM, mencionan como contribuidor clave a la volatilidad en Europa a “la crisis aún no resuelta en Grecia, en donde la cada vez más tensa dinámica política interna no hace sino aumentar la presión sobre la liquidez”. Benevento y Wasmund aclaran que, aunque no es su caso base, "es necesario tener en cuenta la posibilidad de que se produzca lo que se ha llegado a llamar un 'Greccidente', es decir, que Grecia salga del euro por razones políticas impredecibles o accidentales”. Sin embargo, la realidad muestra en opinión del dúo de expertos que “los efectos sedantes del QE han servido para calmar la frenética actividad de trading sobre los bonos en euros” (aunque el bono griego a tres años llegó a ofrecer una rentabilidad del 26% la semana pasada). 

El experto que realiza un análisis más duro sobre la situación griega es Richard Woolnough, gestor de M&G Investments. No es ningún secreto que Woolnough se muestra escéptico con la moneda única y sus políticas asociadas. A partir de un análisis del comportamiento histórico de las tres grandes herramientas con las que controlar los factores macro –políticas fiscales, políticas monetarias y tipos de cambio-, Woolnough recuerda que las divisas han sido uno de los mecanismos económicos que han generado mayor presión durante la crisis económica. El problema, para el experto, es que debido a la creación de la política monetaria la eurozona se ha privado de este instrumento y especialmente de su capacidad para abaratar el mercado laboral. “Creo que los tipos de cambio se han vuelto relativamente más importantes para determinar los resultados de economías nacionales y creo que esto es particularmente relevante ahora para Grecia”, afirma. 

“La solución en el corto plazo es que se rescate a Grecia”

Hay otra razón por la que Woolnough considera que, de los tres principales instrumentos para nivelar la macroeconomía, ahora el control de la moneda es más importante, pues al estar la política fiscal en manos de los políticos y, al alcanzar el límite del 0% los tipos de interés, “sin margen para diferenciar los resultados económicos al recortar tipos, se ha reducido la flexibilidad de la economía nacional, lo que significa que el tipo de cambio tiene que jugar un papel importante del que históricamente ha sido el caso”.  

Dadas estas premisas, lo que interpreta el experto es que “Grecia tiene que realizar ajustes de alguna manera sin margen fiscal, sin margen monetario y sin flexibilidad en el tipo de cambio”. En suma: “Pasará al menos una generación hasta que Grecia pueda resolver sus problemas a través de reformas estructurales dadas las limitaciones con las que convive. La solución de corto plazo es por tanto que se rescate a Grecia a través de transferencias fiscales directamente o permitiendo un impago griego. Son opciones obviamente difíciles de conseguir dados los dilemas políticos que afrontarían muchos países al proporcionar este alivio”. 

“Grecia ha atravesado dificultades antes, sin embargo ahora tenemos mayor presión para encontrar una solución, al haberse centrado más en los tipos de cambio las opciones de política económica ya mencionadas, y el entorno político en Grecia apunta hacia un gobierno más dispuesto a tomar medidas radicales al borde de una gran depresión”, continúa Woolnough, que opina que “bien podría pasar que los políticos reconozcan que la mano invisible de los tipos de cambio todavía es una herramienta importante, y con un tipo de cambio variable para el dracma, la solución de expulsión, aunque dolorosa, podría ser la mejor opción para una solución económica dado el tamaño de los problemas de Grecia”. 

Sin entrar en juicios de valor, desde Western Asset (filial de Legg Mason Global AM) el gestor Andrew Belshaw analiza la posibilidad de una Grexit: “Si Grecia se sale del euro, en palabras de Draghi el euro ya no sería inviolable… De hecho, no es más que un régimen de tipo de cambio fijo. Eso tiene implicaciones sobre el precio que se aplica a países individuales, por lo que tiene que existir una prima contra futuras salidas del euro”.

Para Belshaw, una Grexit “probablemente llevaría volatilidad a otros bonos de la periferia de la eurozona y un mayor debilitamiento del euro, al haber inundado el BCE el sistema con liquidez para prevenir un shock sistémico”. El gestor también se hace eco de una teoría o más bien enfoque que están dando algunas voces dentro de la zona euro a un hipotético regreso al dracma: Grecia sería el eslabón débil de la cadena según esta teoría, y al eliminarlo la cadena se haría más fuerte. “El precedente de un país que se salga de la eurozona podría implicar que algunos inversores podrían considerar una prima de riesgo contra salidas de otros países de la eurozona, causando algo de revalorización y volatilidad”, insiste el experto. 

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