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Nuestra cartera


Con mucha frecuencia recibimos comentarios de lectores de esta columna que se preocupan por los rendimientos de sus portafolios de renta fija en un mundo de bajas tasas de interés denominadas en dólares. Y por ello, y a título estrictamente ilustrativo, decidimos hace un par de meses construir un portafolio teniendo en mente un inversionista en su fase de retiro y que dispone de 250 mil dólares para financiar parte de su cotidianidad.

Recordemos que para construir un portafolio de renta fija se juega con cinco variables, a saber: calidad crediticia, duración, moneda, movimientos a lo largo de la curva de rendimientos y apalancamiento financiero. No quisimos exponer a “nuestro inversionista” a estrategias que le obligasen a volverse un experto en macroeconomía internacional. Por ello evitamos incurrir en riesgos de cambio comprando bonos en monedas distintas al dólar como hacen los sofisticados administradores de fondos de mutuales; descartamos el apalancamiento financiero, porque sólo se consiguen bajos financiamientos en dólares cuando se mueven cantidades muy superiores a las que puede disponer un inversionista medio; tampoco quisimos complicarle la vida obligándole a apostar a cambios en la estructura de tasas de interés que es lo que se hace cuando hablamos de movimientos a lo largo de la curva de rendimientos.

En definitiva, nos concentramos en sacarle partido al hecho de que los bonos venezolanos denominados en dólares, que son conocidos por los inversionistas locales, pagan altos rendimientos cónsonos con su riesgo y que existe una característica de los bonos de renta fija llamada duración, y que es una medida de la sensibilidad del precio de estos a cambios en las tasas de interés (los precios de los bonos se mueven de manera inversa a los rendimientos que ofrecen).

Tomando todo lo anterior en cuenta, construimos el portafolio descrito en la tabla que acompaña este artículo, en el cual invertimos 253 mil dólares, con 25% en papeles especulativos, pero de muy baja duración (PDVSA 2015), y el resto en títulos ubicados en el segmento medio de los bonos de grado inversión que rinden un poco más que los papeles AAA, sin dejar de ser títulos de bajo riesgo crediticio.

Antes de contarles como nos fue en el bimestre que esta semana termina, debemos recordarles que el segmento de títulos de grado inversión ha oscilado en lo que va del 2014 en un estrecho rango sin una clara tendencia al alza o la baja, pese a que la expectativa a mediano plazo es que las tasas de interés denominadas en dólares vayan subiendo gradualmente en la medida que el crecimiento de la economía de EE.UU. se haga más robusto. Así mismo, que a partir de finales de febrero y a raíz del anuncio de la apertura del SICAD II, la deuda venezolana se ha recuperado sustancialmente, alimentándose en la expectativa de que el gobierno nacional atacará el déficit fiscal.

Hasta el momento hemos tenido una apreciación de la cartera del orden 1%, con una ganancia no realizada de 2.050 dólares. El título de PDVSA ha dado un importante aporte al desempeño total, con la ventaja adicional de que se vence en año y medio, por lo que en próximos meses veremos potenciada su apreciación en la medida en que el papel se acerque a su vencimiento. La expectativa de que Venezuela cumpla el servicio de su deuda financiera en los próximos dos años es alta. La combinación de papeles de corta duración y alto riesgo, con títulos de mediana duración nos permite elevar los rendimientos, y rebalancear ¼ de nuestro portafolio el año que viene adaptándonos a las tasas del momento. Seguiremos informando…

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