No habrá subida de tipos en Europa, pero... ¿hasta cuándo?


Aunque la Reserva Federal ha empezado a subir los tipos de interés en Estados Unidos, la situación en Europa es bien distinta. La ausencia de presiones inflacionistas y la debilidad del crecimiento económico son factores que han obligado al BCE a poner en marcha un programa de compra masiva de deuda (QE) que el presidente de la autoridad monetaria, Mario Draghi, acaba de extender hasta marzo de 2017. Los expertos no tienen ninguna duda de que el BCE no aplicará subida de tipos de interés a corto-medio plazo, pero… ¿hasta cuándo esta situación de tasas al 0%? Las opiniones difieren. Para algunos, no será hasta finales de 2016. Otros, sin embargo, retrasan este movimiento hasta el 2018.

Entre los que así lo consideran está John McNeill, cogestor del Kames Absolute Return Bond Global Fund, quien se muestra convencido de que la autoridad monetaria europea no aumentará los tipos hasta dentro de tres años a causa de las persistentes dificultades a las que se enfrenta la región. Según el gestor de Kames Capital, “el mercado está empezando a descontar una primera subida de tipos en la eurozona para finales de 2017 pero esa previsión no es realista, nos parece demasiado pronto, sobre todo teniendo en cuenta la situación de Grecia” (ver gráfico 1; fuente: J.P.Morgan AM).

En su opinión, la recuperación económica y la inflación tardarán bastante tiempo en alcanzar el punto en el que se haga necesaria la intervención del BCE que, de momento, continúa centrado en su programa de expansión monetaria. “Teniendo en cuenta que la región sigue en modo expansivo y que no hay rastro de inflación, pasarán aún varios años hasta que el BCE pueda empezar a endurecer su política monetaria”. El regreso de la inflación sería el único factor que, según Hervé Hanoune, gestor del Vontobel Fund Global Aggregate Bond, podría hacer que el BCE vire su política monetaria y decida empezar a subir tipos. Pero… ¿es realista pensar en un repunte inflacionista en Europa en el actual entorno? Para Mondher Bettaieb, gestor del Vontobel Fund Euro Corporate Bond Mid Yield, la respuesta a esta pregunta es no.

Fuerzas poderosas que están presionando la inflación a la baja

En su opinión, existen fuerzas muy poderosas que hacen prever un escenario de ausencia de inflación. “La revolución digital, por ejemplo, es deflacionista. Siendo optimista, diría que crea una débil inflación. Siendo pesimista, crea deflación. Lo que realmente cuesta es producir una cosa por primera vez. A partir de ahí, la réplica es sencilla. Es algo que sucede en todas las industrias. Apple, por ejemplo, no es una compañía tecnológica. Es una marca. Lo que pagas por comprar un teléfono de la multinacional es la marca, no el coste que le ha generado a la compañía producirlo. Es el tipo de compañías con poder de fijación de precios. En el sector de los medios de comunicación, lo difícil para un periodista es publicar una idea original. A partir de ahí, puedes replicarlo cuantas veces quieras y distribuirlo fácilmente prácticamente a través de los canales telemáticos. ¿Dónde está ahí el coste? ¿Dónde aparecería la inflación?”, se pregunta el gestor de Vontobel.

Bettaieb anima a realizar un ejercicio mental. “Piense en un producto y pregúntese si puede ser replicado fácilmente. La mayor parte de las veces, la respuesta es sí. Ocurre incluso en la industria de gestión de activos, donde la réplica de índices ha creado productos, como los ETF, capaces de reproducir el comportamiento de un índice a un bajo coste. La revolución digital hace que la reproducción sea muy sencilla y esto es aplicable a muchos segmentos. Si el objetivo del BCE es generar inflación, lo que tiene que hacer no es comprar bonos, sino poner dinero en el bolsillo del ciudadano, dando por ejemplo trabajo a desempleados a través de la financiación de grandes proyectos de infraestructuras en diferentes países de Europa. Ellos tendrían un empleo y podrían enviar dinero a sus familias en sus respectivos países de origen, quienes lo gastarían y generarían con ello inflación” (leer más).

Esta tendencia es estructural, pero también existen fuerzas coyunturales, como por ejemplo la que ejercen las materias primas, cuyos precios podrían mantenerse controlados. En el caso del petróleo -la commodity más influyente- Saurabh Lele, analista de materias primas de Loomis, Sayles & Company (filial de Natixis Global AM), considera que existen tres factores que contribuirán a que el precio del crudo permanezca controlado a largo plazo: el incremento de las exportaciones petrolíferas de Irán; la amplia y flexible oferta de petróleo de esquistos bituminosos de EE.UU; y el retrasado crecimiento de los emergentes. “La nueva disposición de la OPEP pondrá un suelo para los precios del petróleo, y la oferta de EE.UU. y Canadá fijará un techo. Este mercado del petróleo con buena oferta podría sin duda conducir a precios más elevados que los actuales 60 dólares por barril, pero bastante por debajo de los máximos que se han visto en años recientes” (leer más).

Tanto la revolución digital como las materias primas son factores que los gestores creen tendrán un impacto significativo sobre la evolución de los precios. Otra cosa es lo que esperan los inversores. En este sentido, resulta curioso que, a pesar de la ausencia de presiones inflacionarias, el aumento generalizado en los precios constituye un motivo de preocupación para las familias en la actualidad. También en el caso de las españolas. Así lo refleja la última M&G YouGov Inflation Expectation Survey, estudio trimestral sobre las expectativas de inflación realizado por M&G Investments en colaboración con YouGov, que analiza trimestralmente las expectativas inflacionarias de los consumidores en nueve países, lo que permite comparar las diferencias existentes entre las expectativas inflacionarias con las tasas reales de inflación. En el caso de España, por ejemplo, los consumidores creen que la tasa de inflación se situará en el 1,6% dentro de 12 meses, un nivel que podría considerarse moderado.

Una de las principales conclusiones que arroja el estudio de la entidad es que en todos los países europeos se espera que la inflación llegue al 2% o incluso a niveles superiores dentro de cinco años. Los consumidores alemanes y austriacos, por ejemplo, la sitúan en el 3% para 2020, en tanto que británicos, suizos y españoles estiman que estará en torno al 2,5% dentro de cinco años. Conviene recordar que las expectativas inflacionarias son especialmente relevantes para los bancos centrales a la hora de predecir el comportamiento de los consumidores, y en consecuencia, a la hora de tomar decisiones sobre los tipos de interés. La inflación tiene un impacto directo en muchas decisiones cotidianas de la vida diaria, tales como comprar una casa, solicitar un préstamo o un aumento de sueldo (leer más).

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