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México: ¿Hacia una crisis de modelo económico y social?


TRIBUNA de Thuy Van Pham, economista de mercados emergentes, Groupama Asset Management. Comentario patrocinado por Groupama AM.

México es una de las quince economías más grandes a nivel mundial y es la segunda economía de América Latina. Su gran grado de apertura ha permitido al país, desde el final de la crisis Tequila de 1995, registrar robustas tasas de crecimiento. Los diferentes shocks externos a lo largo de los años 2000 han terminado sin embargo con un ciclo de expansión rápido de la actividad. Desde 2001, la economía alterna entre un crecimiento desequilibrado y crisis (ver gráfico más abajo). Por lo tanto, la sostenibilidad del modelo económico de México se pone en duda. Como consecuencia de las crisis de los años 1980, se trata de una economía abierta, centrada en las exportaciones de productos de bajo contenido tecnológico y sobre todo hacia los Estados Unidos, por un lado, y el uso de una mano de obra barata y de baja productividad, por el otro. Las limitaciones del modelo son muchas, sobre todo una fuerte dependencia de los sectores automóvil y petrolero, un mercado interno débil, desigualdades sociales que están empeorando y un déficit exterior persistente ligado a las elevadas necesidades de importación de bienes intermedios. Este último estaba oculto hasta 2016 por la entrada de capitales extranjeros.

México, crecimiento

La elección de D. Trump a la Presidencia americana y su posible programa económico proteccionista en detrimento de México ha cambiado el rumbo. Los riesgos sobre la economía mexicana se han incrementado. Se han traducido en salidas de capitales, una alta volatilidad de la divisa, una aceleración de la inflación y una degradación de las perspectivas de crecimiento a corto plazo. Esta situación pone de relieve la necesidad de que el país redefina su modelo económico y encuentre soluciones a nivel doméstico, frente a la alternancia del poder político en Estados Unidos con el fin de revitalizar el ritmo de crecimiento. La diversificación de la economía será un desafío fundamental para salir de la dependencia de Estados Unidos. Todo se deberá, por lo tanto, a la capacidad del Estado para hacer reformas. Los bloqueos no serán menores en un contexto donde la gobernanza se muestra deteriorada con los riesgos políticos particularmente evidentes.

La situación es un poco más tranquilizadora en el plano financiero. El riesgo de crédito es débil a pesar de la expansión de la oferta de crédito al sector privado. Esto se produjo gracias a un sector bancario saneado. Sin embargo, esta solidez se debe a una todavía muy débil bancarización y de un sistema todavía marcado por las crisis financieras pasadas y que sigue siendo reticente a financiar la economía, penalizando en consecuencia a las empresas nacionales y sus decisiones de inversión. El punto de vulnerabilidad financiera para México vendría de su dependencia del exterior y sobre todo a la financiación externa. De hecho, el 36% de la deuda pública está en manos de inversores extranjeros, mientras que el sector bancario reposa principalmente en establecimientos extranjeros. Esta vulnerabilidad podría causar fluctuaciones en el tipo de cambio del Peso Mexicano, lo que requiere de intervenciones del banco central. La institución, sin embargo, tiene suficientes reservas de divisas y también de una línea de crédito flexible acordada por el FMI para hacer frente a una posible crisis.

En total, el riesgo mexicano es sobre todo económico y político. El riesgo financiero se mantiene, sin embargo, controlado a corto plazo.

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