Más allá de la guerra de divisas y caída de las materias primas: buscando una explicación a la debilidad de los emergentes


Los países en vías de desarrollo se han  ubicado en un segundo plano a lo largo de los últimos meses: les está afectando la fortaleza del dólar, la caída de los precios de las materias primas, los conflictos geopolíticos (como son los casos de Rusia y los países de Oriente Medio) y una menor tasa de crecimiento que en el pasado (como es el ejemplo de China). A todo esto hay que añadir que los inversores están buscando mayores oportunidades de inversión en el mundo desarrollado para beneficiarse de las divergencias en política monetaria y el entorno de tipos bajos por mucho tiempo. Ahora bien, ¿es posible que se esté corrigiendo esta debilidad creciente? Los economistas de Schroders Keith Wade, Azad Zangana y Craig Botham estudian si el mundo emergente se está beneficiando de las mayores tasas de crecimiento registradas a lo largo del último año en el mundo desarrollado. 

Para poder comprobar esta tesis, el primer paso consiste en estudiar la actividad de los mercados desarrollados y las exportaciones de los emergentes a esos mercados, una relación que fue alterada por la crisis. La conclusión a la que llega el trío de economistas a partir de la observación de datos micro y macro como los PMIs o la producción industrial es que “debería verse un crecimiento mayor en las exportaciones de emergentes a desarrollados de la que se ve en el presente”. Encuentran notable no obstante que no se ha producido una desconexión total entre lo que demandan los países desarrollados y lo que exportan los emergentes, sino al contrario: “Después de una pausa aparentemente estructural en la relación en 2012, las exportaciones emergentes se han correlacionado positivamente otra vez y de forma más fuerte con la actividad industrial de los países desarrollados”. Con una diferencia: el crecimiento de la producción industrial en el mundo desarrollado, entre el 3% y el 4%, ahora genera un crecimiento de las exportaciones de países emergentes en torno al 3%, frente a las tasas pre crisis, situadas entre el 15% y el 20%. 

Esta caída de las exportaciones lleva a Wade, Zangana y Botham a especular con la idea de que el mundo desarrollado está viviendo un proceso de estancamiento secular que se puede hacer extensible al mundo emergente. “Ciertamente podemos ver paralelismos con los emergentes: cada país quiere exportar como forma de salir de los problemas, pero parece haber poca demanda de los productos en oferta. No hay ningún sitio donde sea más cierto que para las materias primas”. Los expertos puntualizan que, aunque los países importadores de petróleo han conseguido capear mejor la caída de los precios, la tendencia general del mundo en vías de desarrollo es de exportaciones por debajo de la media. 

Otro punto a tener en cuenta es la influencia de un dólar más fuerte sobre estas regiones. Los economistas de Schroders creen que, aunque la apreciación del billete verde también haya sido responsable en parte de la debilidad de las materias primas, esto debería tener un efecto positivo sobre los emergentes, al provocar la depreciación de sus divisas, prolongando así una tendencia que se ha percibido de forma continuada y acentuada desde mediados de 2014. Y unas divisas más débiles deberían incentivar las exportaciones. Sin embargo, los expertos no aprecian este efecto en la práctica. “Es evidente que, a diferencia del ‘taper tantrum’ relacionado con la debilidad de las divisas de mediados de 2013, la debilidad desde mediados de 2014 no se ha traducido en una mejora de la competitividad”, concluyen. 

De hecho, las divisas asiáticas han perdido competitividad, y creen que esto puede ser explicado por la también mayor debilidad de algunas divisas desarrolladas, especialmente el euro, cuya debilidad está permitiendo a los países europeos ser más competitivos en detrimento de los países en vías de industrialización. A ojos de los expertos, no está claro si la caída de los precios de las materias primas viene del lado de la oferta o de la demanda, pero en todo caso es negativo tanto a nivel micro (afecta a las ganancias de las empresas emergentes) como a nivel global macro. “Las economías emergentes están importando un impulso deflacionario a través del comercio”, concluyen.

EE.UU. y Europa, nuevos motores de crecimiento emergente

La conclusión a la que llegan los expertos de Schroders después de este análisis es que la situación apenas ha mejorado para el mundo emergente en el último año. Para ellos, la única forma de que se revierta esta tendencia va a tener mucho que ver con EE.UU y Europa, que son los principales socios comerciales del mundo emergente.  

En lo relativo a EE.UU, la clave para los exportadores emergentes es el consumo de bienes duraderos, salvo para el caso latinoamericano, donde lo más demandado es las materias primas. Wade, Zangana y Botham observan que, de hecho, las exportaciones de Asia y los países de la región EMEA (Europa, Oriente Medio y África) a EE.UU se incrementaron en 2014 como consecuencia de la recuperación del consumo, mientras que el ritmo de exportación desde Latinoamérica permaneció plano. El trío de expertos predice que tanto EMEA como Asia – especialmente Asia, ya que EE.UU acapara el 14% de sus exportaciones- se beneficiarán de las mejoras del mercado laboral estadounidense.

En cambio, las exportaciones a la eurozona empezaron a recuperarse cuando empezó a repuntar la inversión, y consideran que este vínculo sigue siendo fuerte, “por lo que cualquier recuperación será buena noticia para EMEA (45% de las exportaciones) especialmente, y también de ayuda para Asia y Latinoamérica (10% de las exportaciones). Por tanto, si Europa empieza a recuperarse de verdad y EE.UU refuerza su tasa de crecimiento, desde Schroders concluyen que todas las regiones emergentes se beneficiarán salvo Latinoamérica debido a la caída de las commodities. 

Profesionales
Empresas

Otras noticias relacionadas


Lo más leído

Próximos eventos