“Los precios del petróleo han estado demasiado altos durante mucho tiempo, es malo para diez países en el mundo pero bueno para otros 200 países”


Éste es el décimo año que Robert Wescott viaja a Madrid en enero para compartir con los clientes de Pioneer Investments sus visiones estratégicas sobre la economía estadounidense. Wescott ha sido asesor de Bill Clinton y actualmente es presidente de Keybridge Research y miembro del Comité Directivo de la gestora transalpina. Este año, el tema que centra su discurso es la espectacular depreciación del precio del petróleo, algo que considera muy positivo: “El barril a 120 dólares estaba haciendo daño a la economía mundial, ha tenido parte de la culpa del débil crecimiento económico”, asegura. El experto indica que “los precios estuvieron demasiado elevados durante mucho tiempo, las caídas son malas para unos diez países en el mundo, las economías productoras, pero son buenos para otros 200 países porque impulsará el crecimiento de su PIB”. 

Wescott, que también trabajó para el FMI, manifiesta su desacuerdo con una declaración reciente de la actual presidenta de este organismo, Christine Lagarde, en la que afirmó que el petróleo barato – aunque bienvenido- no iba a contribuir a estimular el crecimiento. “Creo que el efecto de un barril más barato va a ser inmediato, porque va a contribuir a elevar el nivel de vida”, afirma. Va todavía más lejos, ya que explica que, a pesar de que la tendencia bajista actual se originó en verano, no empezaron a publicarse las primeras noticias negativas hasta noviembre o diciembre, y las que se publicaron por entonces atribuían la caída a la falta de demanda, lo que generó un repunte de volatilidad y una caída de la rentabilidad de los treasuries, que actuaron como activo refugio para los inversores. “El análisis está equivocado, no se trata de que la demanda sea negativa. El problema es que los precios estuvieron muy caros y ahora están volviendo a poner los pies en la tierra”, insiste este veterano inversor, que no tiene reparos en hablar de una burbuja de los precios. “Para mí, no era una cuestión de si los precios iban a caer, sino cuándo”, sentencia. 

Según los cálculos que maneja Wescott, el sector petrolífero y energético de Estados Unidos aporta un 1% al PIB del país; aunque en el último año las inversiones en este segmento cayeron el equivalente a entre el 2% y el 3%, cree que el incremento del nivel adquisitivo de los estadounidenses va a servir para contrarrestarlo. A esto se añade la mejoría del mercado laboral, la mayor facilidad con la que fluye el crédito y el buen comportamiento de los principales sectores productivos, declarando que “la economía estadounidense cada vez es más sólida”. Su pronóstico es que Estados Unidos termine el año con un crecimiento de entre el 3 y el 3,5%. Pero el efecto riqueza no se va a ceñir sólo a los ciudadanos estadounidenses; el representante de Pioneer señala que también va a ser especialmente positivo para Japón, Europa, China y otros países emergentes, especialmente Latinoamérica (salvo Venezuela, que es productor de petróleo). 

¿Hay margen para mayores caídas?

Actualmente, tanto el Brent (de referencia en Europa) como el West Texas (de referencia en Estados Unidos) cotizan por debajo de los 50 dólares, pero rozando esta cota psicológica. El experto predice que todavía tendrían margen para retroceder al nivel situado entre los 30 y los 35 dólares, y el resto del año podrían moverse en el rango situado entre los 50 y los 65 dólares. “Esto supone que la OPEP requerirá años para volver a incrementar la cuota de mercado”, señala, y habla por lo menos de un plazo de cinco años. 

Robert Wescott también dedica unas palabras a la evolución de la industria del gas pizarra, que ha sido de hecho uno de los grandes temas de inversión que ha seguido de cerca en los últimos años. El gas pizarra, extraído por la técnica del fracking, también puede verse potencialmente afectado por la caída de los precios, que pondría en compromiso la rentabilidad de los proyectos. O no: “Todo el mundo piensa que el fracking es caro, pero la mayoría de la producción es más barata de lo que parece, pues cuesta entre 35 y 45 dólares por barril y los costes caen todos los años por el avance de la tecnología”, indica al respecto. Wescott  puntualiza no obstante que “algunos proyectos marginales sí se cancelarán, pero los grandes líderes del mercado seguirán en pie”. 

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