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Los expertos anticipan un entorno volátil para la renta fija en otoño


"El mercado está demasiado confiado, ha mostrado mucho apetito por el riesgo, las acciones están en niveles muy altos, especialmente en Estados Unidos. Como anticipan una recuperación, la Fed quiere controlarlo”, añade. Bob Jolly, director de Macro Global en Schroders, coincide en la opinión: “Ya ha habido un ajuste en el pensamiento de la Reserva Federal debido a las mejoras graduales en la economía – alejándose del QE y dirigiéndose hacia el estrechamiento o tapering- y esto ha causado mucha volatilidad en el mercado”.

Desde Seeyond, la unidad especializada en volatilidad de Natixis Global Asset Management, el especialista de producto Sam Richmond explica el por qué de la agitación del mercado: “Históricamente se puede ver una fuerte correlación entre la volatilidad del mercado y la incertidumbre en torno a las políticas monetarias. El advenimiento del QE a lo largo de muchas partes del globo distorsionó en cierto modo esta relación”. Sin embargo, el experto advierte que al estar ya en agenda la retirada de estímulos, “los activos de riesgo ya no serán capaces de incluirse en la afluencia de liquidez del banco central y sin duda los activos serán revalorados para reflejar más factores fundamentales más en línea con la economía real”.

En este punto, el experto de Amundi considera que la estrategia de comunicación de la Reserva Federal será fundamental en los próximos meses: “Cuanto más comunique la Fed, menor será el riesgo de un incremento de la volatilidad y de que haya un crack en el mercado de los bonos, ya vimos incremento de volatilidad en mayo y junio”, aunque advierte de que “el mercado de renta fija podría ser más volátil en octubre, dependerá de la duración de los bonos”.

La opinión de Richmond va por los mismos derroteros: “La incertidumbre económica y la volatilidad deberían converger potencialmente, guiadas por, primero, una reducción de la incertidumbre al normalizarse la política monetaria y, segundo, un incremento de la volatilidad que estaba artificialmente apaciguada por políticas de inyección de liquidez”. El experto aprecia que “la fase de transición debería tener un impacto global en los mercados y debería lógicamente resultar en un ajuste estructural de la volatilidad en el largo plazo”.

A pesar de que las repercusiones de la retirada de estímulos de la Fed van a ser globales, los expertos detectan focos de incertidumbre adicionales en Europa. “La eurozona ya está más cerca de la deflación de lo que muchos creían y los incrementos de impuestos (particularmente a la importación y el IVA) han estado disfrazando las presiones deflacionistas”, apunta el responsable de Schroders, que añade a este escenario de incertidumbre las elecciones generales que celebrará Alemania en septiembre como otra fuente posible de volatilidad.

Estrategias

“La elevada sensibilidad a datos económicos debería incrementar marginalmente el nivel de volatilidad”, señala el responsable de Seeyond, lo que implica por ejemplo que el VIX estará más cerca del 15% que del 12%, “probablemente también signifique que la volatilidad en sí misma será más volátil”, apunta, lo que significa que los repuntes por encima del 20% en cortos periodos de tiempo se harán más frecuentes.

Ante la previsión de mayores oscilaciones en el mercado, desde Schroders han adoptado una posición cauta, reduciendo a cero la exposición a deuda soberana periférica después de tomar beneficios en su posición en bonos portugueses a principios del trimestre. En cuanto a las duraciones, Jolly prevé que “el ruido del mercado cause movimientos en las rentabilidades de los bonos gubernamentales y presente oportunidades tanto en el corto como en el largo plazo”, aunque aclara que Schroders está neutral en duración. “Sin embargo, hemos estado comprando algo de duración al final de la curva en Europa porque pensamos que el mercado ha puesto en precio alzas que son improbables que sucedan, dado el escenario económico de la eurozona”, matiza, al tiempo que añade que tienen una exposición corta a los bonos a diez años del Tesoro de Estados Unidos, confiando en que seguirá mejorando su economía.

Desde Groupama Asset Management explican que su estrategia de volatilidad incluye tres vectores cuya base teórica es aprovechar el retorno a la media histórica. En la parte del mercado de acciones estadounidenses, buscan una exposición positiva cuando la volatilidad es baja, y negativa cuando está alta, de tal manera que así pueden lograr una rentabilidad independiente al mercado de renta variable. La segunda pata de la estrategia es una exposición flexible que se adapta a las tendencias estructurales de la volatilidad implícita y sus fluctuaciones.

El tercer elemento, clave para los próximos meses teniendo en cuenta el escenario de incertidumbre, es utilizar la volatilidad como un elemento diversificador de cartera. Desde Groupama explican que así se consigue una descorrelación positiva respecto a la bolsa y además se mejora el binomio rentabilidad/riesgo. Sam Richmond, de Seeyond, también coincide en esta estrategia: “Introducir fuentes externas de diversificación al considerar la volatilidad como un activo de inversión por derecho propio también puede ser un medio para aislar a la cartera de las correcciones de mercado, mientras se mantiene la habilidad de participar en las alzas”.

La explicación del responsable de Amundi es más sencilla: están largos en volatilidad, “pero no tanto como nos gustaría, porque el carry es negativo”.

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