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Los ‘deberes’ de Brasil resumidos en tres gráficos


Ya está: la agencia de calificación crediticia Standard & Poor’s ha cambiado la perspectiva de Brasil de estable a negativo. Generalmente, este movimiento suele ser una última advertencia antes de recortar el rating soberano; en el caso de Brasil, que cuenta con una calificación BBB-, supondría la pérdida del grado de inversión… algo que lleva siendo largamente anticipado por las firmas de inversión desde al menos la reelección de Dilma Rousseff como presidenta del país. “S&P califica a Brasil un escalón por debajo de Moody’s y Fitch, y por consiguiente hay riesgo de que las otras dos agencias de rating no cambien sólo la perspectiva, sino que realicen una rebaja de rating”, advierte desde Nordea Markets Anders Svendsen, director de análisis. 

Svenden recuerda que recientemente el Gobierno de Brasil anunció nuevos objetivos fiscales para este año y los tres siguientes. El de 2015 ha sido revisado desde la expectativa de un superávit primario del 1,1% a uno más modesto, del 0,15% del PIB. El movimiento a la baja se extiende a los tres siguientes ejercicios, y ahora se prevé un 0,7% del PIB para 2016, un 1,3% para 2017 y un 2% para 2018 (ver gráfico). 

“La economía parece atrapada en un ciclo vicioso”, comenta el analista, que cree que “es probable que el segundo trimestre sea otro trimestre de recesión”, hasta el punto de que el Ejecutivo cree que este año la economía brasileña se contraerá un -1,5%. “Sin embargo, un déficit presupuestario de más del 6% del PIB en 2014 significa que se requiere un ajuste fiscal”, continúa el experto. Éste recuerda que las medidas de austeridad “no sólo dañan directamente al crecimiento sino también indirectamente, al haber empujado al alza a principios de año una inflación ya muy elevada, cuando se elevaron abruptamente los precios regulados”. Si a esto se suma la fuerte depreciación del real brasileño, el experto considera que va a ser necesario que se suban los tipos de interés: el objetivo revisado de inflación para este año es del 9%, frente al objetivo del 4,5% (con un rango del +/-2%) que persigue el banco central de Brasil. 

Otro frente abierto es el de la confianza: “La tasa de aprobación de la presidenta Rousseff es casi inexistente”, afirma Svendsen. Se apoya en un sondeo realizado a mediados de julio en el que el 63% de los brasileños se mostraron a favor de la destitución de la presidenta. “El descontento general con el sistema político y con tantos políticos de alto rango – incluyendo a la presidenta- implicados en el escándalo de corrupción de Petrobras podría ser una explicación de por qué la confianza empresarial y del consumidor están en niveles de depresión”, indica el experto. 


¿Será suficiente el trabajo en estos tres frentes para que el país recupere el pulso? Para el analista, no: “Parece que Brasil necesita ayuda del exterior, digamos de una subida significativa del precio de las materias primas o, con un poco de suerte, de un evento político doméstico que vuelva más popular al gobierno e impulse la confianza, para evitar que pierda su rating con grado de inversión de una o más de las agencias de rating en 2016”. 

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