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“Lo que estamos viendo en Portugal es un aumento de la fatiga de las reformas”


Lo que estamos viendo en Portugal es un aumento de la fatiga de las reformas. Esto ya lleva dándose durante algún tiempo, pero es ahora cuando se están viendo claras señales de corrosión en la coalición gubernamental. Como en cualquier país periférico, las partes constituyentes estarán haciendo cálculos para ver qué es lo que más le conviene. Puede haber una importante razón para permanecer en la coalición aunque sea a costa de tomar medidas poco populares ya que las elecciones que están a la vuelta de la esquina podrían desencadenar en una pérdida de peso en los votos de un partido a favor de otros partidos más populistas. Sin embargo, en algún momento, un partido podría decidir que desertar fuera lo más acertado. Haciéndolo abiertamente podría aumentar su participación en el voto.

La razón fundamental por la que a estas alturas Europa sigue involucrada en este lío es porque, desde el principio, los políticos no han sido capaces de reconocer que se trata de un problema común y de que todas las partes implicadas comparten la responsabilidad de haberlo generado y, por tanto, de solucionarlo. En resumidas cuentas, aumentar el crédito y déficits por cuenta corriente de los periféricos no habría sido posible sin el correspondiente aumento del crédito y superávit por cuenta corriente de los países centrales. Durante demasiado tiempo, los países centrales han considerado la crisis como resultado del despilfarro de los países periféricos que, en su opinión, sólo puede resolverse mediante severas reformas fiscales y estructurales. Debido a la severa presión del mercado, los países centrales se vieron obligados a conceder financiaciones puente via FEEF/MEDE  y Portugal se está beneficiando de ello.

Está claro que un único enfoque hacia el ajuste fiscal y la aplicación simultánea de las reformas estructurales tiene un elevado coste económico y social, que en algún momento puede llegar a ser demasiado grande para que un país pueda soportarlo. Hubiera sido mejor que la Troika hubiera recortado el grado de ajuste fiscal a los países periféricos en reconocimiento a que esto es muy autodestructivo, más aún, en un entorno donde el sector privado se está desapalancando, la oferta de crédito es muy estrecha y las exportaciones se ven obstaculizadas por el lento crecimiento de los países desarrollados y problemas de competitividad. De haberlo hecho, las reformas estructurales que son muy necesarias, hubieran sido mejor acogidas socialmente. Además, se podría haber prestado más atención a la reflación y a una política monetaria más fácil.

Por supuesto, todo esto ahora se está reconociendo poco a poco por los responsables políticos de la UE, tal y como lo demuestra el aumento del grado de indulgencia hacia el no cumplimiento de los objetivos de déficit inducidos cíclicamente. Sin embargo, ya se ha hecho mucho daño a la economía y a la cohesión social en la periferia. El actual aumento de los rendimientos no representa una amenaza inmediata y directa a las finanzas públicas portuguesas ya que Portugal está en un programa de la Troika hasta la segunda mitad del año 2014. Sin embargo, sí suponen una amenaza indirecta, ya que endurece las condiciones financieras internas y podría conducir a tensar aún más la oferta de crédito de tal forma que el sector bancario nacional tendría que mirar las posiciones de sus bonos domésticos. Esto tendría un efecto depresivo sobre el crecimiento a corto plazo y por tanto también, sobre la sostenibilidad de la deuda privada y pública.

Se debe llegar a una situación a corto plazo por parte de los políticos portugueses para dejar que la situación fluya. No podemos olvidar que Portugal aún no está bajo el paraguas de la OMT del BCE ya que forma parte del programa de la Troika. El plan era probablemente situar a Portugal de nuevo en el mercado mediante una línea de crédito ESM temporalmente, hasta que ya fuera OMT elegible. Además, Portugal tiene mucho más fondo de comercio en los círculos europeos de lo que tenía Grecia, ya que ha sido un “buen ciudadano” al cumplir todos los objetivos de reforma fiscal y estructurales. Si llega el momento, se encontrará una solución europea a la crisis actual del mercado, pero sólo cuando la presión haya aumentado aún más, tanto desde el punto de vista político como de mercado. Como fue el caso de Grecia, no se puede excluir la posibilidad de que el PSI sea parte de la solución. Todo depende de que el resto de la región crea que los cortafuegos contra el contagio serán lo suficientemente fuertes esta vez.

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