Lecciones que hemos aprendido del comportamiento registrado por los mercados europeos durante la semana pasada


Del comportamiento registrado por los mercados europeos la semana pasada pueden extraerse algunas lecciones que el inversor debería siempre recordar. Lo primero es recordar lo ocurrido. Las bolsas vivieron una semana de infarto como consecuencia de la crisis griega. Tras empezar la semana sufriendo fuertes castigos, tanto en lo que respecta a los mercados de renta variable como de renta fija, la situación se enmendó durante las sesiones del jueves y el viernes, jornadas en las que los principales índices de renta variable registraron fuertes ganancias, sobre todo en lo que respecta a los mercados periféricos. En el caso del Ibex 35, por ejemplo, el índice acumuló entre el jueves y el viernes una subida del orden del 6%, lo que permitió al principal selectivo del mercado español recuperar los 11.000 puntos. En lo que respecta a la Bolsa de Milán, la positiva tendencia de las dos últimas jornadas permitió al FTSE MIB volver al entorno de los 23.000 puntos con una subida semanal de algo más del 1%. En ambos casos, la banca fue el sector más favorecido. 

La misma favorable tendencia es la que mostraron el resto de parqués europeos en la semana, con fuertes ganancias en las últimas 48 horas que hicieron que las bolsas alemana (2%), francesa (4%) y británica (1%) cerrasen con números verdes. Por lo tanto, haciendo el balance semanal, las secuelas del nerviosismo y la tensión que se vivieron en los mercados son evidentes en términos de volatilidad, pero no de rentabilidad, lo que vuelve a poner de manifiesto la importancia de templar los nervios en periodos de tensión y nervios. Pese al fuerte castigo con el que habían comenzado la semana, el comportamiento registrado por los mercados periféricos durante los últimos cinco días fue finalmente positivo, si bien entre medias las fluctuaciones de los precios fueron muy significativas. Lo mismo sucedió en los mercados de renta fija, donde la volatilidad fue una constante.

A principios de semana, los castigos fueron especialmente significativos en los mercados de deuda periférica. El pasado lunes, 6 de julio, la rentabilidad del bono español a 10 años escaló hasta el 2,38%, la del italiano hasta el 2,36% y la del portugués hasta el 3,13%. Esto, combinado con la caída de la tir del bund alemán, cuya rentabilidad descendió hasta el 0,73% ante el ‘fly to quality’, provocó un fuerte ensanchamiento de la prima de riesgo de estos países. Así, tras haber superado a principios de semana los 160 puntos básicos, la prima de riesgo española cerró la semana en 125, con la rentabilidad del bono español a 10 años en el 2,14% y la del bund alemán en el 0,89%. “La volatilidad del mercado de bonos durante los últimos tres años ha sido del 3,5%, cuando ahora se mueve en niveles de entre el 6% y el 8%”, revela Alan Cauberghs, director de inversiones de renta fija de Schroders.

Por qué es importante que un inversor de largo plazo mantenga la calma

Cada cierto tiempo, las bolsas experimentan unas fases ocasionales de mayor volatilidad. Estos reveses en la confianza de los mercados pueden producirse por incertidumbres económicas, cambios en las políticas monetarias o presupuestarias, contagios financieros o tensiones geopolíticas. Es en estos momentos cuando el inversor debe mantener la calma, puesto que vender cuando el mercado ha caído puede acarrear importantes efectos sobre la rentabilidad de una inversión a largo plazo, sobre todo teniendo en cuenta que las mayores subidas suelen producirse tras fuertes castigos. Lo revela un reciente estudio realizado por Fidelity Worldwide Investment, en el que se muestra cuál habría sido el retorno que habría conseguido generar un inversor durante los últimos 17 años en los distintos mercados europeos si se le restasen las cinco sesiones en las que la bolsa registró las mayores subidas. Las diferencias son muy significativas.

En el caso del DAX, por ejemplo, un inversor que hubiese entrado en 1988 en el mercado y no hubiese movido su cartera habría acumulado una rentabilidad del 1.097%. Si le restásemos las cinco sesiones más alcistas acontecidas en ese periodo, la rentabilidad quedaría reducida a un 654%. Si le quitamos las 30 mejores sesiones, la rentabilidad obtenida en ese periodo hubiese sido exigua (68%). Lo mismo hubiese ocurrido si tomamos como referencia el CAC 40 de París. En ese caso, la rentabilidad acumulada desde 1988 sería del 1.063%, pero si le restamos las ganancias registradas durante las cinco sesiones más alcistas la rentabilidad bajaría al 624% y al 74% si quitamos de la muestra las 30 sesiones de subidas más abultadas (ver tabla 1). Este comportamiento de vender cuando el mercado ha caído y comprar cuando ha subido es algo más habitual de lo que se pudiera pensar. Esto es así porque las decisiones no siempre son racionales.

El inversor tiende a comprar arriba y vender abajo. Esto se conoce como ‘perseguir al mercado’ y los estudios demuestran que es una estrategia de inversión nefasta. Según explican desde Fidelity Worldwide Investment, existen dos grandes sesgos cognitivos que se dejan sentir durante las fases de tensiones en los mercados y que obligan a los inversores a capitular y a vender en el momento equivocado por las razones equivocadas: seguir al rebaño y huir de las pérdidas. Durante los periodos de tensiones e incertidumbre, solemos recurrir al sistema de nuestro cerebro que es automático y emocional, en lugar de enfrentarnos a la mayor carga de procesamiento cognitivo que impone la parte de nuestro cerebro que es controladora y calculadora. “La necesidad imperiosa de hacer lo que hacen los demás es un sesgo especialmente fuerte en el comportamiento humano que ha contribuido al desarrollo social, pero no siempre ha ayudado a la hora de invertir”.

Una de las consecuencias más graves que se derivan de seguir a la manada es que los inversores terminan comprando cuando los precios están altos y vendiendo cuando los precios están baratos”, indican desde la entidad. “En realidad, es mejor hacer lo contrario: comprar cuando otros tienen miedo y los precios están bajos y vender cuando los demás quieren comprar y los precios están altos. Los mejores inversores lo saben, pero para muchos, ir contra el rebaño cuesta mucho, ya que se tiene que luchar contra las emociones”. El segundo sesgo, el rechazo a las pérdidas, es uno de los sesgos conductuales más importantes en la inversión. Tal y como explican desde la entidad, los experimentos demuestran que las personas optan por la opción segura en juegos que ofrecen ganancias, pero optan por el riesgo en juegos que implican pérdidas, y que sentimos el dolor de una pérdida aproximadamente el doble que la alegría por una ganancia.

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