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Las sorpresas del 2014


Siempre nos gusta dedicar el artículo de cierre de año a tópicos que consideramos relevante pero que la realidad cotidiana nos impide desarrollar con propiedad. Este año quisiéramos hablar de las sorpresas que son esos fenómenos informativos que suceden de manera inesperada y que cambian de manera radical el panorama de inversión internacional.

Cuando comenzamos el 2014, esperábamos que la Reserva Federal subiera en algún momento las tasas de interés, también esperábamos volatilidad en los mercados de materia prima como producto de cambios en el costo de financiamiento de estrategias especulativas; asimismo esperábamos que el Presidente Obama hubiera puesto como prioridad en su agenda la atención de los problemas del Medio Oriente y alguna que otra crisis nacional.

Para nuestra sorpresa y la del resto de la humanidad, las tasas de interés en Estados Unidos cayeron, los precios de las materias primas, en particular el petróleo, corrigieron dramáticamente y para reafirmar el espíritu navideño se abrió el camino de la reconciliación con Cuba con la ayuda del Vaticano incluida. Si bien pretender diseñar portafolios de inversión que sean inmunes a las sorpresas es un acto de soberbia, no es menos cierto tampoco podemos darnos el lujo de permitir que el azar defina totalmente el desempeño de nuestros activos. Por lo que debemos aprovechar algunas lecciones que nos dejaron los eventos inesperados del 2014 para tratar de profundizar nuestro entendimiento de las correlaciones cada vez más complejas que existen en el panorama de inversión contemporáneo.

Un buen ejemplo de la nueva dinámica económica, nos lo da el caso del precio del petróleo.En un
pasado reciente, la caída de los precios del crudo era sinónimo de ajuste macroeconómico en los países productores y una caricia inesperada en el bolsillo de los consumidores de los países
desarrollados. ¿Qué aprendimos en el 2014? Que no podemos seguir analizando el comportamiento del petróleo como lo hemos hecho hasta ahora. El incremento de la producción del crudo a partir de las arenas bituminosas, no sólo afectó al mercado petrolero sino también al mercado financiero aumentando la oferta de instrumentos que hicieron posible la expansión de dicha producción. En la actualidad, alrededor del 15% de los bonos de alto rendimiento están vinculados a la expansión petrolera que se dio en Estados Unidos en la última década.

Adicionalmente, contratos sofisticados como los Master Limited Partnership (MLP) permitieron a inversionistas institucionales atenuar el impacto de las bajas tasas de interés, comprando participaciones en la expansión del negocio petrolero. Por eso, hoy en día no sólo hay ganadores sino también perdedores dentro de la economía de EE.UU. cuando cae el precio del petróleo.

La volatilidad del mundo petrolero se contagia a otros sectores de la economía norteamericana, como puede ser el sector de consumo discrecional (ropa, artículos de lujo, restaurantes, industria del entretenimiento, etc.) afectando los niveles de venta proyectadas pues los estados petroleros de la unión, tienen que restructurar sus finanzas ante la expectativa de menores ingresos. Aunque el mercado accionario norteamericano ha subido 12% en lo que va del año, luego de haber subido más del 30% en el año 2013, flota en el ambiente la pregunta de la caída del precio del petróleo puede ser el detonante de un proceso deflacionario del primer mundo que se llevaría por delante la recuperación de la economía estadounidense y un recrudecimiento de la crisis económica tanto de la Eurozona como en Japón.

Si algo sabe hoy la humanidad es que los economistas no tienen grandes herramientas para combatir los procesos deflacionarios. Japón se ha pasado 30 años tratando de curarse de esta enfermedad y no parece haberlo logrado aún. Las voluminosas inyecciones de efectivo por parte de los bancos centrales, crean condiciones para que los inversionistas se vean obligados a comprar bonos que no remuneran lo suficiente para el peligro implícito. No en balde en el 2014, España e Italia levantaron capitales 229 puntos básicos por debajo de lo que lo hicieron una fecha tan cercana como finales del 2013.

El gran problema es que deflación es inacción, e inacción es sinónimo de decrecimiento económico. Ante la certeza de un proceso deflacionario los portafolios de inversión deben apertrecharse de efectivo, que es el único activo que no pierde valor, pero acumulando efectivo por largos periodos de tiempo no se logran rendimientos positivos. En mundos de bajo crecimiento, surge la tentación de tomar grandes apuestas y tal vez la más cercana de ellas para los inversionistas venezolanos es la de comprar títulos de renta fija nacional denominado en dólares. No es sencillo atreverse a comprar bonos soberanos que rentan 29% a 8 años (Venzuela 2022), pero si muy tentador. Parte de las sorpresa es descubrir que niveles de riesgo somos capaces de tolerar cuando la ocasión se presenta.

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