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Las segundas partes, ¿son buenas? Análisis sobre los primeros mensajes económicos de Dilma Rousseff tras su reelección


Ni el mercado ni las gestoras escondieron su decepción cuando trascendió que Dilma Rousseff había sido reelegida para un segundo mandato presidencial en Brasil. ¿La razón? Se ha acusado a la presidenta de un excesivo paternalismo que ha impedido que el país emprendiera reformas que permitieran su desarrollo económico. Esta vez, sin embargo, puede que Rousseff y su gabinete realmente se estén poniendo las pilas. Así lo observan los responsables de la brasileña Bradesco AM (BRAM) en su informe sobre mercados correspondiente al mes de diciembre, en el que afirman que el mensaje principal que quiere transmitir el Ejecutivo es que “hay una prioridad en el gobierno, que es la consecución de equilibrio fiscal, con la consecuente estabilización o reducción de la deuda bruta”. 

“Hay dos mensajes claros detrás de estos objetivos”, insisten los autores del informe. El primero es que se establece una prioridad, y ello da como resultado el diseño de una serie de esfuerzos e instrumentos con los que perseguir este fin. El segundo mensaje –más bien un tecnicismo- tiene que ver con un cambio en la evaluación de los objetivos fiscales, ya que el gobierno pasa de fijarse en la deuda neta a la bruta, con lo que a ojos de los expertos de BRAM “vuelve sus criterios de evaluación mucho más comprensibles, dado que la deuda bruta incorpora todos los aspectos de la deuda pública, incluyendo la deuda soberana, la de los bancos estatales e incluso el coste de mantenimiento de las reservas, entre otros”. Para los expertos, el cambio de criterio permitirá identificar mejor los conflictos presupuestarios planteados por los distintos usos del dinero público, e impone limitaciones presupuestarias a la banca pública. 

Dentro del campo fiscal, desde BRAM detectan un tercer mensaje, el reforzamiento de la transparencia en las comunicaciones del gobierno con respecto a las cuentas públicas. “Se vuelve evidente que la intención de las estadísticas fiscales es ser una herramienta para evaluar las políticas públicas sobre parte de la sociedad y de los agentes económicos, lo que generalmente sólo es posible cuando las estadísticas reflejan el debate presupuestario y son transparentes y fieles a la ejecución de esos proyectos y políticas”, explican. Los autores del informe valoran positivamente que se hayan establecido objetivos concretos con los que llegar a un superávit primario basados en estadísticas calculadas a su vez por el Banco Central de Brasil. 

De esta forma, se afirma que, tras la reelección de Rousseff, el discurso fiscal ha dado un giro radical con el anuncio de un código de reglas presupuestarias para 2015 que han tenido en cuenta proyecciones del mercado para estimar la recaudación de impuestos y calcular el margen de reducción de deuda para el próximo ejercicio. “Esta innovación permite que los parámetros sean percibidos como muy realistas por los inversores”, indican los expertos. 

Con estas medidas, el gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) pretende lograr un superávit primario del 1,2% para 2015 y de al menos un 2% para 2016 y 2017, algo que desde BRAM valoran como factible, “incluso si implica un esfuerzo importante por recortar el gasto y subir algunos impuestos”. La conclusión de la gestora es que, si se cumplen estos objetivos, “constituirán un importante progreso en la dirección de transparencia y realismo de los parámetros, con la posibilidad real de una reducción de la deuda en los próximos años”. 

Más atención a la economía

Otro mensaje que subrayan como importante desde la gestora brasileña tiene que ver con el mayor énfasis que se está dando a la evolución de la economía, al centrar el gobierno su nuevo discurso sobre la inversión, la producción y el suministro de bienes y servicios. “Este acercamiento tiende a mejorar la productividad en la economía y a reducir la inflación, como ha observado el Banco de Brasil en años recientes”, explican. 

Desde la firma detectan que ahora hay más mensajes sobre competitividad, emprendimiento, innovación, educación e inversión, antes que sobre estimular la demanda. “Aunque estos objetivos requerirán un gran esfuerzo de varias áreas del gobierno, están totalmente alineadas con las necesidades del país en los próximos años, dado el bajo nivel de ahorro doméstico”, indican. A su vez, creen que la canalización de estos ahorros a inversiones en infraestructuras debería incluir la participación de los mercados de capitales por limitaciones fiscales. 

La tercera área en la que el gobierno está redirigiendo sus esfuerzos es en la inflación. El Banco de Brasil se ha encargado de subrayar la importancia de la agenda fiscal para combatir la inflación sin que parezca que impera la fiscalidad, y esto sólo se puede lograr reconociendo que aspectos como la baja productividad y el bajo nivel de ahorro están contribuyendo a presiones inflacionarias persistentes, incluso en un entorno de tipos de interés. “El poder de la política monetaria se incrementa mucho bajo una política fiscal más austera, favoreciendo la reducción de la inflación y de los tipos de interés reales en el futuro”, recuerdan desde la firma. 

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