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Las gestoras reclaman más flexibilidad en el uso del soft-close


J.P. Morgan AM, Pictet AM, BNY Mellon IM, MFS IM, Alken, Man… Son algunas de las gestoras de activos que han decidido poner alguno de sus fondos en soft-close en los últimos dos años. Aunque el crecimiento patrimonial de un fondo suele estar entre los principales objetivos de las entidades, crecer demasiado –o demasiado rápido– puede resultar contraproducente, ya que la estrategia podría verse amenazada, afectando negativamente a los resultados y provocando decepción e incluso reembolsos. Por eso, son muchas las entidades que recurren a cerrar un fondo a nuevos inversores –lo que se conoce como soft-close– cuando el producto se acerca a su límite de capacidad.

Pese a que se trata de una práctica habitual orientada a proteger los intereses de los inversores existentes, la ausencia de un procedimiento claro y la falta de uniformidad en su aplicación genera más de un quebradero de cabeza para las firmas, los inversores y los organismos reguladores. Por ejemplo, como reconocía la Financial Conduct Authority británica (FCA) en un documento de consulta publicado recientemente, el hecho de que no exista una definición unívoca de lo que constituye un soft-close implica que las gestoras engloban prácticas diversas bajo este término, desde dejar de comercializar activamente un fondo hasta aumentar las comisiones de entrada.

Ante esta situación, el regulador británico señala que un grupo de gestoras y asociaciones profesionales le ha pedido que estudie la cuestión e implemente diversas medidas para flexibilizar el uso de esta herramienta sin perjudicar a los inversores, ya sean nuevos o existentes. El regulador recabará comentarios sobre este tema hasta el 9 de noviembre de 2015.

Una decisión difícil

En cualquier caso, poner un fondo en soft-close acarrea consecuencias importantes que hay que tener en cuenta. Como apunta la publicación Investment Week, las plataformas que comercializan fondos de inversión, por ejemplo, no suelen diferenciar entre inversores nuevos y existentes, por lo que cuando el producto alcanza cierto patrimonio la gestora se ve obligada a sacarlo de todas las plataformas. En jurisdicciones como el Reino Unido, donde la comercialización se realiza mayoritariamente a través de estas plataformas –sobre todo en el segmento retail– esta decisión equivale prácticamente a cerrar el fondo (hard-close), lo que puede resultar muy perjudicial para ciertos productos.

El soft-close también resulta problemático cuando el fondo forma parte de una cartera modelo, ya que el asesor o el gestor patrimonial se verá obligado a escoger otro producto para los nuevos inversores, como sustituto del que está en soft-close. Sin embargo, muchos profesionales no se sienten cómodos con esta situación, por lo que en la práctica suelen acabar sacando de la cartera modelo el fondo en soft-close, independientemente de su comportamiento.

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