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Las gestoras internacionales opinan sobre el primer default en China


El histórico paquete de reformas estructurales que aprobó el Partido Comunista de China en su III Asamblea Plenaria el pasado 15 de noviembre de 2013 no ha sido suficiente para frenar los temores en torno a un aterrizaje brusco del PIB chino después de años de crecimiento de doble dígito. Con el país inmerso en un esfuerzo por reconducir su crecimiento económico desde un modelo basado en exportaciones a otro sustentado por el consumo interno, uno de los principales quebraderos de cabeza de los inversores es el sistema financiero chino y, en particular, la banca paralela o shadow banking.

Tai Hui, director de estrategia para mercados asiáticos de J.P.Morgan AM, constata en un informe al que ha tenido acceso Funds People, el crecimiento espectacular que han experimentado en China tanto la banca paralela como los productos de gestión patrimonial desde 2008: los activos gestionados de los productos de gestión patrimonial (tanto de bancos como instituciones financieras no bancarias) pasaron de los 6 billones de renminbis en 2008 a 35 billones en el tercer trimestre de 2013.

Para el experto, este incremento se explica por el marco regulatorio empleado: “Las autoridades chinas respondieron a la crisis financiera mundial de 2008 abriendo el grifo de la liquidez. Los gobiernos locales aprovecharon también los tipos más bajos para endeudarse y construir. Los tipos de remuneración del depósito se mantuvieron bajos por el techo impuesto al depósito, lo que hizo que los ahorradores buscasen rentabilidades en los productos de gestión patrimonial”, explica. El problema reside en que, como también se restringió la concesión de crédito de los bancos chinos, al elevar en repetidas ocasiones su ratio de reservas sobre capital, se produjo un doble efecto: ahora, la principal fuente de ingresos de la banca son las comisiones, no la gestión de patrimonios; paralelamente, al cerrar los bancos el grifo del crédito cada vez más empresas han tenido que recurrir a la banca en la sombra para poder conseguir liquidez.

La respuesta del Banco Popular de China ha sido endurecer su postura con respecto al crecimiento del crédito y la creación de dinero. No es exactamente una novedad, pues la autoridad monetaria lleva mostrándose reacia a inyectar dinero en el sistema desde que en junio de 2013 se produjese la primera amenaza seria de credit crunch, al dispararse la referencia del Shibor un 2,31% en un solo día, hasta el 8,29%. “Las graves restricciones de liquidez de junio y diciembre de 2013 y justo antes del Año Nuevo Chino en 2014 fueron algo más que un fenómeno estacional”, apunta el estratega de J.P.Morgan AM al respecto. La visión de la entidad es que el control estricto de la liquidez es la solución correcta, pero seguirá ralentizando el crecimiento económico de China y esto a su vez provocará un deterioro en los balances de un mayor número de empresas en los últimos meses, “si bien el riesgo de un desplome financiero como el de Lehman sigue siendo bajo a corto plazo”.

Alejandro Arévalo, especialista en bonos corporativos emergentes de Pioneer Investments, coincide en esta interpretación: “La restricción de la liquidez llevará las inversiones hacia la parte más regulada del mercado”. Arévalo destaca que en las últimas semanas se han visto impagos en compañías del sector de energías renovables, y para él esto es un indicador de que “la gente está asumiendo riesgos que no entiende”. “El default es muy positivo, en el sentido de que el mensaje del Gobierno es que no va a rescatar a las empresas que lo hagan mal”, añade.

Alarma por impago

Las palabras de Arévalo aluden a la chispa que ha reavivado la hoguera de la desconfianza ha sido una serie de defaults en el país que se han observado desde comienzos de año. Si al principio han sido vehículos de inversión como Credit Equals Gold, que quebró en febrero, la alarma ha empezado a sonar más fuerte tras producirse a principios de marzo el primer impago de bonos corporativos en territorio doméstico en 17 años, al declarar la compañía Chaori Solar que no podría afrontar la devolución del cupón de una emisión que vencía el pasado 7 de marzo. Algunas de las consecuencias más notables de esta noticia fueron las que siguen: el cobre retrocedió a niveles de 2010, los CDS de China para cubrir deuda soberana a 5 años repuntaron 95,8 puntos básicos en un solo día, y el primer ministro, Li Keqiang, lanzó en el contexto de la rueda de prensa celebrada el pasado 13 de marzo, tras la sesión legislativa anual, el mensaje de que los inversores deben estar preparados para ver más defaults.

Se pueden contar más gestoras de fondos que tampoco ven estas noticias de una forma negativa. Es el caso, por ejemplo, de Grègoire Pesquès, director del equipo de crédito global en el brazo británico de Amundi, Amundi UK: “Los default en China son un indicador de desarrollo en el mercado. El default cero no es normal, tiene que existir default, es un signo de que el mercado está madurando. Los precios todavía necesitan ajustarse”.

Una opinión similar muestra Damien Buchet, responsable de  renta fija emergente para AXA IM. En una entrevista reciente con Funds People, afirmaba que, en el caso chino, “el default es un signo de normalización”. “China ya no es el país de las maravillas, tendremos que acostumbrarnos porque ya no va a ser una apuesta siempre al alza, el inversor debe tomar responsabilidades”, añadía. Además, el experto cree que las reformas estructurales que está emprendiendo el gobierno de Xi Jinping van a ser exitosas “pero están siendo poco entendidas por el mercado”.

El gurú por excelencia de los emergentes, Mark Mobius,  también ha visto con buenos ojos las reformas emprendidas por el dragón asiático aunque, al mismo tiempo, advierte de que pueden verse obstáculos en el camino. En una entrada publicada en febrero en su blog, el gestor de Franklin Templeton Investments afirmaba que “las reformas en las empresas estatales, que tienen como objetivo mejorar su profesionalismo y eficiencia en el uso de los recursos, podrían beneficiar a sus filiales registradas en una bolsa de valores”.

Mobius también valora positivamente un conjunto de medidas que tienen como fin último promover la iniciativa empresarial, la innovación y el bloqueo de la competencia desleal, y que en su opinión “podrían acelerar el proceso de reequilibrio de la economía, apartándolo del crecimiento generado por la inversión y acercándolo a un modelo más emprendedor, centrado en el consumidor y orientado al servicio”. Aunque el experto apunta a que el desarrollo de las reformas durará una década, sí espera ver algunas iniciativas ya en 2014, y lanza la siguiente advertencia: “Por supuesto, es probable que haya bajas en el mercado como resultado de estas reformas. Esto podría impactar negativamente en las empresas que enfrentan una competencia intensa y que ahora han sido despojadas del nivel de apoyo del gobierno del que gozaron en el pasado”. ¿Su consejo? “Creemos que la gestión activa es crucial en este entorno para ayudar a detectar los peligros que podrían surgir para algunas empresas”, concluye.

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