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La sociología de la economía y el nuevo IPC argentino


Nada que festejar. Uno de los miembros de la pareja le dice a la otra parte: “Hace siete años que te engaño”. “Ya lo sabía”, responde la contraparte.

¿Y ahora? ¿Cómo sigue? El daño ya está hecho. A lo sumo, si la rabia acumulada se diluye en resignación, la inevitable separación será en términos más o menos amigables, y la parte engañada comentará en los círculos de amigos: “Viste, tenía razón”.

Festejar sería ingenuamente hacerle el juego al engañador, porque le quitaría fuerza al reclamo: “Ves, te mentí por siete años pero ya no te miento más”.

La confianza quebrada.

La parte más sociológica de la economía es el análisis del comportamiento de los individuos en su conjunto: por eso se trata de una ciencia social y no de una ciencia exacta. El estudio de la injerencia de las expectativas en el comportamiento tiene un largo y central protagonismo en la economía. Como ejemplos antagónicos hay dos Premios Nobel en Economía: Robert Lucas (expectativas racionales) y Daniel Kahneman (racionalidad limitada). Es interesante notar que este último es un psicólogo pionero en la introducción del trabajo interdisciplinario en el ámbito de la economía. La discusión todavía está abierta ya que gran parte de estas investigaciones son trabajos de frontera y las conclusiones aún están en pañales. Más allá de esto, la credibilidad y las expectativas formuladas a partir de ella son fundamentales en el funcionamiento de un cuerpo tan complejo como la economía.

Votar con los pies

En la primera mitad del siglo XX, el economista Charles Mills Tiebout, muerto prematuramente a los 43 años, formuló un modelo asociado comúnmente al concepto de votar con los pies. El concepto muestra la posibilidad que tienen los ciudadanos de manifestar sus preferencias sobre ingresos y gastos públicos, desplazándose a aquella área en la que las políticas públicas que más se aproximan a sus preferencias, como una alternativa al proceso habitual de votación en una democracia. No es un fenómeno menor, porque es una demostración de las preferencias de un conjunto a través de vías alternativas al sistema político tradicional. Ante diferencias entre políticas de distintos gobiernos, los individuos pueden revelar sus preferencias desplazándose hacia un territorio diferente cuyas políticas sean más afines a lo que ese conjunto demanda.

La Argentina ezquizofrénica

En 2011, año de elecciones presidenciales, fue el año de mayor fuga de capitales de los últimos once años. Al mismo tiempo, la presidenta Cristina Fernández era reelecta por el 54% de los votos. Es muy probable que parte de ese porcentaje, estuviera metiendo un voto por la reelección en la urna y poniendo otro por la no reelección comprando dólares en el banco. Comprar dólares es cambiar de jurisdicción los ahorros. Comprar dólares es votar con los pies.

Dos años después, ingenuamente el gobierno fue a buscar los votos perdidos en la elección de 2011 a través de un fallido blanqueo de capitales.

La subestimación de las expectativas

El dramático cambio de la economía internacional, experimentados a partir de comienzos de este siglo le permitió a la Argentina hacerse de recursos del exterior históricamente muy por encima de la media, discusión aún abierta si son extraordinarios o permanentes. La dialéctica oficial acerca de que el mundo está mal y va a estar peor, es contraria a las decisiones de política económica que viene tomando que parecería que dan por hecho que los ingresos provenientes del exterior van a sostenerse porque entiende que no se trata de un ciclo largo de altos precios de los comodities, sino de un verdadero cambio estructural, es decir que habrá altos términos de intercambio por muchos años más. En otras palabras, dice que el ciclo se acabó, pero gasta como si siguiera. Los hacedores de política deben ser muy cuidadosos con lo que dicen y, sobre todo, con lo que hacen. Los agentes no son ingenuos. En este sentido, es un error decir que no se compren dólares y al mismo tiempo señalar que los dólares van a escasear porque el mundo va a estar peor.

Todavía no está del todo claro cómo funcionan los mecanismos de las expectativas en el sistema económico, pero si se analiza la fuga de capitales a partir de la intervención del Indec en 2007, se verá que no son neutrales. Es posible creer que se ha intentado ingenuamente manipular las expectativas inflacionarias a través de bajar la medición de los precios cuando por detrás se estaba preparando una política monetaria expansiva para financiar el gasto público. La subestimación del rol de las expectativas, aún con mecanismos no completamente conocidos, es la madre de los actuales problemas.

Abraham Lincoln lo dijo muy claramente en la primera mitad del siglo XIX, cuando ni Lucas ni Kahneman eran proyectos de existencia: se puede engañar a todo el mundo por poco tiempo; se puede engañar a un grupo todo el tiempo; pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo.

Hay ahorros. Hay dólares. No hay confianza

El cambio más sencillo y, a la vez, el más inalcanzable para esta gestión es el cambio de expectativas, locales y extranjeras. Volviendo al caso de la pareja, ya no van a volver los años felices de confianza mutua. El cambio absolutamente innecesario de enero de 2007 con la intervención del Indec produjo la ruptura que ya el sinceramiento de las estadísticas oficiales no podrá reparar. A lo sumo, si se combina con otras políticas fiscales y monetarias, el gobierno logrará estabilizar la economía de caras a las elecciones del año que viene. El cambio en el índice de inflación que mide el Indec es un intento de recuperar la confianza perdida. Pero el gobierno se ha metido en su propio laberinto de la polarización radicalizada. Si no logra cambiar el voto con los pies va a ser más de lo mismo: los dólares que puedan entrar por el comercio exterior volverán a salir por la puerta de atrás. Con un cambio radical de expectativas, la Argentina estaría inundada de dólares, cosa que no sucederá con la actual gestión. La batalla está perdida, y las medidas de política económica que se tomen de acá en adelante apuntarán a la contención y no al cambio.

Lo que suceda en lo político en los próximos meses será crucial para conocer el final de la historia económica.

Otras consecuencias

El cambio de estadísticas de precios, tendrá un impacto directo en otras estadísticas como la medición del crecimiento. Si los precios son más altos en las estadísticas, la parte explicada por el crecimiento real de la economía será menor. Fácil: si se multiplica precio por cantidad (PxQ) da un valor nominal en pesos. Para calcular el valor real (Q) divido el resultado nominal por los precios (P). Si subestimo P, sobrestimo Q. Si la medición de P va a ser más alta, Q resultará estadísticamente menor. ¿Sincerará el gobierno el crecimiento? ¿O seguirá utilizando la metodología anterior para calcular el crecimiento del producto?

La otra estadística crucial que recibirá un impacto directo será el nivel de pobreza e indigencia, salidos del cálculo de la Canasta Básica (CB) y de la Canasta Básica Alimentaria (CBA). La población argentina muestra una marcada concentración en niveles muy cercanos a la línea de pobreza determinada por el valor monetario de la CB. ¿Se sincerarán también la medición de estos niveles?
Por ahora no hay mucho que festejar, sólo un poco de tranquilidad por las señales. Si la pareja infiel no abandona a su amante, la tranquilidad por el sinceramiento sólo durará un rato y habrá platos rotos.

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